Lucas 4, 1-13 – I Domingo de Cuaresma


Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: «Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan.» Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan.»

Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: «Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá.» Pero Jesús le respondió: «Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto.»

Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden.

Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra.»

Pero Jesús le respondió: «Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.»

Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

Palabra del Señor

Comentario

En este primer domingo de cuaresma, mientras caminamos hacia la Pascua, quería empezar este momento de oración y reflexión con unas palabras de San Agustín que dicen así: “Nuestra vida, mientras dure esta peregrinación, no puede verse libre de tentaciones, porque nuestro progreso se realiza por medio de la tentación, y nadie puede conocerse a sí mismo, si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni puede crecer si no ha luchado, ni luchar si no carece de enemigo ni tentaciones”. ¿Te das cuenta que lo que para nosotros a veces es un problema, una molestia, y además un motivo de queja, para los grandes santos, para la Palabra de Dios, es causa de crecimiento? En definitiva, podríamos decir que la tentación, las pruebas son necesarias e inevitables.

Todos somos tentados y seremos tentados para que, en nosotros, vaya saliendo lo mejor, luzca lo más grande, lo más puro de nuestro ser, que es nada más ni nada menos que el ser hijos de Dios y sentirnos hijos de Dios, vivir como hijos de Dios. Así empieza la cuaresma, mostrándonos a Jesús que es llevado al desierto por el Espíritu, para ser tentado, para ser probado en lo más profundo de su ser Hijo del Padre, antes de empezar su misión. Estas tentaciones de Jesús, son como un anticipo de lo que será definitiva toda su vida, incluso hasta cuando estuvo suspendido en la Cruz, por amor a nosotros, siempre Jesús fue probado, probado para ver si cumplía o no su misión, para ver si cumplía la voluntad de su Padre. En Jesús, todos nosotros fuimos tentados también, por eso si Él fue tentado, podemos preguntarnos ¿Por qué no vamos hacerlo nosotros? ¿Por qué nos sorprendemos cuando sufrimos tentaciones, si Él mismo las vivió?

¿Cuáles son las pruebas por las que pasa Jesús en algo del evangelio de hoy? ¿Cuáles son las más mayores pruebas y tentaciones que nos puede tocar vivir a nosotros, si ya no nos tocaron? Las tres tentaciones que escuchamos hoy a Jesús, quieren justamente atentar lo más grande y sagrado de la relación del Padre y el Hijo, el ser Hijo, el sentirse Hijo, el vivir como Hijo, escuchando a su Padre, y confiando en los que Él le pedía.

El demonio busca alejar a Jesús de su Padre, que sienta que lo que pide no es para su felicidad, no es para un bien. Busca que no le obedezca, que haga la suya, que se corte sólo diríamos nosotros, quiere que convierta todas las piedras en pan, para solucionar una necesidad, el problema del hambre, quiere que adore otras cosas, y no a su Padre. Y finalmente quiere que tiente a su Padre, que lo pruebe, que lo desafíe siendo hijo. Esa es la gran tentación de todos los hijos de Dios dispersos por el mundo, la tuya y mía también. Todos sufrimos estas tentaciones, aunque a veces no nos damos cuenta, es la gran tentación también de la Iglesia. Olvidamos que no vivimos solamente de pan, de necesidades materiales, sino que fundamentalmente vivimos del amor de Dios, del Pan que viene de lo alto y que todas las soluciones por más lindas que parezcan, no pasan por lo material únicamente, al contrario. Vivimos también tentados de hacernos mil ídolos a medida, para tener poder, para sentirnos poderosos, y nos olvidamos de que el verdadero poder es el amor y el darnos a los demás.

Y eso es lo que Jesús nos termina demostrando con su propia vida. Y también el demonio quiere que probemos a Dios, que lo desafiemos, que desafiemos a nuestro Padre, que nos demuestre su poder, su presencia, y que solucione todos nuestros problemas de una manera mágica. Cada uno debe rezar hoy y eso es lo que te propongo, cómo estas tentaciones toman diferentes formas y color en nuestras vidas y que lo más importante es vencerlas, escuchando y contestando con la Palabra de Dios.

Sólo el que escucha a su Padre día a día, vence las pruebas más grandes. Escuchando a Dios todos podemos vencer al demonio, el que a Dios tiene nada le falta, decía Santa Teresa de Jesús, sólo el que se anima a vivir del Pan de cada día, adora al único Dios verdadero, al único que nos puede salvar, y al único que merece adoración. Sólo el que escucha día a día su Palabra, es capaz de no desafiarlo nunca, todo lo contrario, se arroja en sus brazos como niño en brazos de su Madre.

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