Lucas 5, 12-16 – Feria de Navidad

 

 

Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme.»

Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» Y al instante la lepra desapareció.

Él le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.»

Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.

Palabra del Señor

Comentario

¿Experimentaste alguna vez esa linda sensación de lograr cambiar algo importante en tu vida, de proponerte dejar de lado algo que no te hacía bien y lograrlo, de ponerte una meta sencilla y alcanzarla, de abandonar una actitud, un pensamiento, un sentimiento y reemplazarlo por otro que te hacen más feliz? No es imposible, hay que querer y pedir, se puede cambiar y creer, se puede creer que es posible cambiar. Si todos creyéramos que es posible dejar de lado el egoísmo, la avaricia, la pereza, la soberbia y todo lo que nos aísla de los demás, este mundo tan lindo, sería mucho más lindo todavía. Solo tenemos que “ofrecer nuestro corazón” como dice por ahí una canción. No todo está perdido, depende también de cada uno de nosotros, no hay que esperar cambios de afuera, cambios de gobiernos, cambios económicos, sino que somos nosotros los que podemos cambiar sin esperar lo milagroso de afuera.

Pero hay un primer paso que debemos dar antes de proponernos cambiar. Cambiamos en la medida en que nos damos cuenta de que tenemos algo para cambiar. Mientras tanto andamos en la ignorancia. Mientras tanto no nos damos cuenta.  Por eso el primer paso del que quiere cambiar algo de su vida es darse cuenta de que tiene algo para cambiar, de que le falta algo, de que tiene alguna debilidad, de que tiene algo para mejorar.

¿Vos y yo tenemos algo para cambiar y creer? ¿Vos y yo tenemos algo en lo que podemos volver a creer y confiar para poder cambiar? Yo muchas cosas, muchísimas. Solo reconociendo que nuestra vida es un “salir”, como lo hizo Jesús, vamos experimentando que andamos en camino, pero que siempre nos falta algo, siempre podemos más, siempre se puede cambiar y creer. Estar con gente, escucharla y darse cuenta de los sufrimientos ajenos nos despierta del letargo en el que sin querer vivimos cuando nos acostumbramos a la rutina.

En algo del evangelio de hoy vemos un encuentro importantísimo, este encuentro tan lindo de Jesús con el leproso. Los encuentros con Jesús, la verdad que son una maravilla, cada escena es para asombrarse y nos anima a rezar y a poder sacar conclusiones para nuestra vida. Hay tantas maneras de encontrarse con Jesús como personas y como escenarios para hacerlo. Esto quiere decir que cada encuentro con Él, ya sea nuestro o de cualquier persona es distinto; y lo lindo está ahí, que esos momentos nunca son iguales.

Pensá esto en tu vida; si sigue todo igual, si siempre es todo lo mismo, es porque en realidad no nos estamos “encontrando” con Él. Cada encuentro es nuevo, es diferente, es renovador, cambia, cambia la vida. Bueno, así paso en la vida de Jesús, así sigue pasando; así le pasó a este leproso.

Y te propongo que nos detengamos en esta “manera” de pedir del leproso, porque después Jesús se conmueve y es lindo pensar en esto.

Pero, ¿qué hace el leproso? ¿Qué dice?: “Si quieres, si quieres puedes purificarme”. Qué manera de pedir ¿no?, qué manera de pedir tan particular, hay muchas otras en el Evangelio, pero pensemos en esta. “Si quieres puedes purificarme”; es la actitud del que quiere obviamente –por eso se acerca, por eso se postra, por eso ruega–, pero es la actitud del que quiere y al mismo tiempo se abandona a la voluntad del otro. Quiere, pero se abandona, ve que hay algo más grande, no manipula, sino que se abandona: “Señor si quieres sacame esto, si querés sacame de este pecado, si querés liberame de esta atadura, si querés liberame de este odio, de este rencor, si querés liberame de esta tristeza, si querés… Yo quiero, obviamente; pero si Vos querés…”

También es la actitud del que quiere, pero al mismo tiempo está dispuesto a que no pase, a que no suceda lo que pide; una actitud profundamente humilde.

Pensemos cómo pedimos a veces; ¿pedimos “exigiendo”, pedimos pretendiendo que las cosas sean como nosotros queremos? Es verdad que muchas veces tenemos que pedir con tanta fe que incluso podemos pensar que ya recibimos lo que pedimos; pero cuidado… Hoy vemos la actitud del que pide, pero del que está dispuesto a que no suceda lo que desea.

Y otro detalle que podemos rescatar del leproso es esa actitud del que quiere, pero no exige, “Si quieres; puedes…” Yo te pido, pero no te exijo, no soy quién para exigir. La actitud de este leproso es la de un hombre verdaderamente humilde.

Todo esto nos debe servir para preguntarnos, para cuestionarnos ¿cómo pedimos? ¿Cómo nos acercamos a Jesús? ¿Qué es lo que le pedimos?

Entonces, preguntémonos hoy ¿Cómo pedimos? ¿Qué pedimos y qué pretendemos al pedir? Todo un trabajo para la oración.

Bueno, ojalá que este encuentro de Jesús con el leproso nos ayude a pensar los encuentros que tenemos nosotros con Él, los encuentros diarios o esporádicos. Cada uno debe pedir como le salga, pero todos debemos revisar la manera de pedir, no se pide de cualquier manera cuando estamos ante Jesús; no podemos pedir de cualquier manera. Él es Dios hecho hombre y nosotros somos simples y pequeñas creaturas.

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