Lucas 6, 36 – II Lunes de cuaresma

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

Palabra del Señor

Comentario

La palabra de Dios, un lunes a la mañana es, por decir así, “resucitadora”, ayuda a levantarnos, a decir: “Hoy me levanto si o sí” “Hoy quiero algo distinto” “Hoy puedo, hoy se puede hacer algo mejor”. Ayer me quedó una frase resonando en el corazón, de la segunda lectura, que no la pude comentar y me parece que nos puede ayudar esta semana junto con la imagen de la transfiguración de Jesús, que no podemos olvidar si queremos seguir firmes en la “cuaresma” de nuestras vidas. Así dice el gran apóstol San Pablo: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? ¡Qué lindo! ¡¡No tengamos miedo, levantémonos!! ¿Cuánta gente anda tirada por ahí sin querer levantarse? ¿Cuánta gente, por ahí vos también, anda necesitando otros Cristos que se animen a levantarlos, animarlos y decirles que no deben tener miedo, que pase lo que pase, Dios está con nosotros? ¿Cuántos de nosotros nos olvidamos de que la vida no es solo prueba y prueba, sino también consuelos que hay que aprender a descubrir y ver en cada detalle? ¡No dejemos que la mala onda de este mundo nos robe las ganas de vivir! ¡No dejemos que las luchas de esta vida nos quiten el ánimo de levantarnos! ¡No permitamos que un mal trago nos arruine el día! ¡No dejemos que el orgullo nos opaque las ganas de amar! ¡No dejemos que el querer ser servidos nos impida pedir perdón primero, sin importarnos nada! ¡No permitamos que la violencia de otros nos ponga violentos, estamos para otra cosa, estamos para andar animando a otros, para ayudar a que sientan que Jesús está entre nosotros! ¡No dejemos que la calumnia ajena nos quite la paz! ¡No perdamos la calma ante los que nos critican! ¡No dejemos que la falta de misericordia de este mundo nos endurezca el corazón! ¡No permitamos que la condena social y de los que tenemos cercan nos lleven a condenar a otros! ¡No permitamos que la falta de perdón nos atrofie el corazón y lo deje seco y duro como una piedra! Levantate, no tengas miedo, Jesús está siempre y el Padre quiere que lo escuches, cada día, con paciencia y perseverancia. Tomate un tiempo hoy para escuchar. Hacé el esfuerzo. Intentá hoy escuchar la palabra dejando de hacer lo que estás haciendo ahora. ¿No te das cuenta que no se puede escuchar bien haciendo todo al mismo tiempo? ¿No te das cuenta que por “aprovechar” el tiempo en realidad lo perdés? Si mientras escuchás esto te das cuenta y tomas conciencia de que estás haciendo o pensando en otra cosa, frená el audio y volvé a empezar. ¿Qué te cuesta? Es mejor. Nadie hace más cosas que el que hace una por vez. Me acuerdo cuando alguien me dijo alguna vez: ¡Padre, me da mucha fiaca cuando decís eso de que pongamos el audio otra vez! Me lo dijo medio en broma, pero es verdad que nos puede dar pereza. Pero… si queremos escuchar a Jesús en serio … ¿Crees que lo podés hacer mientras hacés otras cosas? Probá.

Algo del evangelio de hoy, es cortito pero sustancioso, me parece que nos anima a levantarnos. Nos anima a no tener miedo y a poner el corazón donde vale la pena. Porque mientras el mundo avanza, tus proyectos también, los de tu parroquia, tu grupo, tu trabajo, tu comunidad; mientras todo avanza, no debemos olvidar que lo que más tiene que avanzar es nuestra misericordia, nuestro perdón, nuestro evitar juzgar y condenar. ¿De qué sirve avanzar en tantas cosas de la vida si no avanzamos en esto, que es lo que alivia y da paz al corazón? ¿De qué sirve tener todo y pedirle a Jesús todo, si no tenemos misericordia ni perdón con los demás? ¿No es una hipocresía? ¿De qué sirve que tus hijos tengan todo si no aprendieron de tu boca y corazón a no juzgar y condenar a los otros? ¿Te das cuenta que este es el corazón del evangelio muchas veces olvidado? ¿Te das cuenta de por qué la cuaresma nos quiere llevar a lo esencial? ¿Te das cuenta cuántas veces hemos destruido personas por nuestra falta de misericordia y de perdón? ¿Te das cuenta que ese que despreciaste y ofendiste, que no perdonaste y juzgaste, es tan hombre y mujer como vos, tan débil y con problemas como vos? Jesús es misericordioso, pero no es tonto, no se hará el tonto cuando nos juzgue. Nos juzgará con misericordia, como solo Él puede, pero en la medida que nosotros vayamos aprendiendo a hacer lo mismo. ¿Cómo nos dará la cara para pedir perdón y misericordia si nosotros hoy somos incapaces de darla? ¡Cuánta necesidad de conversión que tenemos! ¡Qué lindo será hoy pedirla, no tener miedo y levantarnos! ¿Sabés porqué a veces andamos tirados en el piso y muchas veces sin ganas? Porque no somos capaces de perdonar, de misericordear, de callar y no condenar. La falta de perdón y la soberbia nos aplasta.

Cuando Jesús dice que demos y se nos dará, no nos está proponiendo el “negocio de la fe, del amor”, o sea el dar para que nos den. Me parece que es al revés, nos está advirtiendo que no podemos pretender que nos den, si no damos nosotros. No podemos pedir misericordia ni ahora, ni en el juicio final si no aprendimos a darla. No podemos pretender no ser condenados, si nosotros nos cansamos de condenar. Se nos debería caer la cara de vergüenza al reclamar que no nos juzguen, si nosotros juzgamos.

Se nos medirá con la misma vara que nosotros medimos. Si usamos vara cortita, por tener “cortitos” a los demás, la misma usarán con nosotros. En cambio, sí usamos vara ancha y larga, Jesús hará lo mismo con nosotros. Seamos misericordiosos como el Padre del cielo es misericordioso con nosotros. Probemos, nos hará muy bien.

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