Lucas 6, 39-42 – XXIII Viernes durante el año

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?

El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.

¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.»

Palabra del Señor

Comentario

Solo el que es capaz de dejar todo por Jesús, tarde o temprano se convierte en un verdadero discípulo, porque será capaz de afrontar todo lo que el seguimiento implica. Ahora, lo difícil es entender y llevar a la vida esto de “dejar todo” o como decía Jesús el domingo, “renunciar a todo lo que posee”. No se trata únicamente de bienes materiales, no es la cuestión, de hecho, te diría que, si fuera solo por eso, incluso sería mucho más fácil. Él se refiere fundamentalmente a los afectos, y nos exige un amor total, incondicional y de predilección, por eso no puede ser discípulo de Jesús quien no es capaz de amarlo más que a todo lo que posee en la tierra y el que se olvida de esto, en el fondo, sin darse cuenta es un insensato, como el que construye sin calcular o el que va a la guerra sin estrategia.

Hoy voy a dejar este audio lleno de preguntas para que por lo menos podamos responder alguna, para que nos podamos responder durante este día o seguramente a lo largo de nuestra vida, porque todo no se termina acá. Seguro que son demasiadas y no podremos con todo, quedémonos con la que más nos guste, o la que más necesitemos, no nos atragantemos; la Iglesia todos los días nos alimenta con el pan de la palabra, pero no todos los días podemos comer todo lo que se nos propone; a veces porque no tenemos hambre, y eso debería preocuparnos, otras porque preferimos comer otra cosa y nos distraemos, otras porque no nos gusta y entonces pasamos de largo, y otras puede ser porque a veces es demasiado junto y al final no podemos con todo y corremos el peligro de quedarnos sin nada; por eso al escuchar la palabra de Dios siempre es bueno seguir el consejo y el principio espiritual de san Ignacio de Loyola y de tantos  padres de la Iglesia y maestros de la espiritualidad, pero san Ignacio lo decía así: “No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente”; quiere decir que es mejor que nos quedemos con algo pero en serio, profundo, y no andar “picoteando” por ahí. Es mejor esto, elegir poco y sabroso, que pretender abarcarlo todo y no quedarse con nada. ¿Cuántas veces nos pasa eso? Terminamos de escuchar y no nos quedamos con nada. ¡Por favor, no seamos “oyentes olvidadizos”! ¡Por favor, estés donde estés y como estés, sacale jugo y fruto a la palabra de Dios! Muchos nos necesitan, muchos corazones hambrientos de Dios quieren sentir y gustar de Él. Hagamos el intento hoy de enviarle a alguien más la palabra de Dios, a esa persona que pensás que no le gustará, que pensás que no lo necesita, pero no te animás, hacé el intento, incluso decile que lo enviaste “sin querer queriendo”, y seguro el Espíritu Santo te sorprenderá tocándole el corazón. Imaginemos si los miles que disfrutamos de la palabra de Dios, hiciéramos hoy el esfuerzo de mandarle el audio a una persona más… ¿Te imaginás?

Volvamos al sentir y gustar… es necesario experimentar y saborear las cosas de Dios; hace que no las olvidemos. De la misma manera nos pasa con la comida, cuando masticamos mucho, le sentimos más el gusto, la digerimos mejor y nos alimenta en serio; ahora, cuando masticamos poco, tragamos rápido, no digerimos bien y ese alimento no nos nutre de la mejor manera posible.

Vamos con algo del evangelio de hoy y las preguntas para que las pensemos y meditemos:

¿Por qué a veces somos capaces de tomar el lugar que le corresponde a Dios y nos creemos con el derecho de juzgar? ¿Por qué juzgamos cuando en realidad el verdadero Maestro todavía no ha juzgado? Nos olvidamos que Jesús nos dice que seamos misericordiosos como el Padre nuestro es misericordioso; que hace llover sobre buenos y malos, nos olvidamos que Jesús no vino al mundo para juzgarlo sino para salvarlo, y lo dice Él mismo de sus propias palabras; que el que se condena, se condena por sí mismo, que Jesús no quiere condenar a nadie. Solo quiere salvar, se condena en realidad el que se quiere condenar. ¿Es posible que a veces seamos capaces de estar mirando el defecto o el pecado ajeno y no nos demos cuenta de todos nuestros pecados y defectos?

¿No será que nos queda por conocernos todavía mucho más? ¿Todavía pensás que te conocés completamente? ¿No será que estamos a veces un poco ciegos y queremos guiar a los demás estando ciegos? ¿No será que todavía no tomamos conciencia de todo lo que Jesús nos ha perdonado y toda la paciencia que nos tiene día a día? Somos olvidadizos. ¿No será que nuestra ceguera espiritual no nos deja ver, y por ver mal juzgamos mal? ¿No será más eficaz y edificante dedicarnos a sacar tantas vigas de nuestros ojos que no nos dejan ver? ¿Cómo pretender corregir si todavía no podemos con nosotros mismos?

Bueno ojalá que alguna de las palabras de Jesús de hoy, que alguna de estas preguntas, nos ayuden a saber y a gustar internamente de las cosas de Dios, que nos quedemos meditando en este día, mientras hacemos lo que tenemos que hacer, o tomándonos un tiempo para encarar este día de la mejor manera.

Share
Etiquetas:

Deja una respuesta