Lucas 8, 16-18 – 25 de septiembre – XXV Lunes durante el año

 

 

Jesús dijo a la gente:

«No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.

Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener.»

Palabra del Señor

Comentario

Prestemos atención y oigamos bien, es bueno empezar este lunes, con ganas de prestar nuestra atención a las palabras de Jesús que escucharemos toda esta semana y además seguir repasando por el corazón las del domingo, que fueron bastantes jugosas.

“Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” Una frase, más bien una verdad del evangelio que repugna bastante a la mentalidad de este mundo que todo lo considera una “carrera” o una “competencia” para ver quién llega primero. ¿No te pasa? ¿No te pasa que te pasas la vida queriendo ser el primero en todo? ¿No nos pasó que desde niños nos enseñaron que seremos mejores o más reconocidos si somos primeros en todo? ¿No te pasa que sin querer queriendo le transmitís a tus hijos que serán “alguien en esta vida” si son destacados, si son primeros?  Hay que reconocerlo, casi que nacemos con esa tendencia. El sábado, hasta a nuestro buen amigo Johny le salió ese deseo desde adentro. Le dije antes de empezar la misa: Amigo, sos famoso, mucha gente te quiere conocer, después nos sacamos una foto así la mando, porque sos muy famoso (le dije a modo de chiste), y él me contestó: “Obviamente padre”. Me reí mucho. Todos nacemos “fallados de fábrica”, con ese gran deseo de ser primeros, de ser importantes. No es para culparse, es para reconocerlo y saber manejarlo. Seguiremos con esto esta semana.

Pero empecemos con ganas y ánimo de escuchar bien en estos días. Tenemos que confiar en nuestra capacidad de escuchar para después iluminar, para ser luz para otros. Qué lindo pensar en esto, en que somos por la fe lámparas para iluminar y no para andar guardando lo que tenemos. El cristiano, vos y yo, todos los bautizados hemos recibido algo, algo distinto que nos hace distintos, no mejores, sino distintos. El cristiano es el que descubre ese don y se alegra de tenerlo y alegrándose de que lo tiene naturalmente se expone. Vuelvo a decirlo, ser distintos no nos hace mejores, ni especiales, no estamos discriminando, ser distintos por la fe que recibimos nos hace “más responsables”, nos hace más conscientes y atentos a ciertas cosas que otros no ven. ¿Porqué nosotros y no otros? Esa pregunta mejor te dejo que se la hagas a Jesús, yo no lo sé.

Lo que si podemos saber es que tenemos que “prestar atención y oír bien”: “porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener” A nosotros se nos dio. En realidad, me estoy adelantando un poco. Antes que nada… ¿Crees en que se te dio algo? ¿Pensaste esto alguna vez? ¿Crees y estás convencido de que se te dio algo grande y por eso se te va a pedir algo también? Es fundamental rezar esto antes, para que el “iluminar” no se nos transforme en un mandato vacío e impuesto desde afuera, como un deber. Antes que nada, hay que descubrir que recibimos un regalazo, que vivimos de regalo y con un regalazo. Cristiano es el que descubre un don antes que una tarea. Es el que se maravilla por haber sido elegido, no el que se enoja por lo que tiene que hacer o cumplir. Ayer alguien que salió “encendido” de un retiro de matrimonios, me decía que ya había invitado a otros dos para un próximo retiro de hombres. No hay mejor apóstol que aquel que descubre el amor de Dios y no lo puede callar. Vamos siendo cristianos en la medida que descubrimos esto. Mientras tanto, sin querer, sin darnos cuenta, escondemos la “lámpara”, esa capacidad de iluminar, de dar calor, debajo de una cama.

Ahora podemos preguntarnos… ¿Por qué al que tiene se le dará? Porque el que tiene será el que supo encontrar esa luz y supo darla, o sea no se guardó nada. A eso se refiere la palabra. Al que Jesús encuentre con más de lo que tenía es porque no se guardó lo que tenía. Fue generoso, lo entregó y volvió multiplicado. En cambio, el que “no tiene” es el que tenía y no se dio cuenta, no supo iluminar, lo escondió por mezquino. A esos, que podemos ser vos y yo, cuando Jesús venga les quitará “hasta lo que creen tener” porque en realidad no tendrán nada, porque sin darse cuenta se habrán guardado todo para sí. Tener algo y no usarlo, es para algo del evangelio de hoy no tener nada.

Vos tenés un montón de cosas para iluminar hoy, ahora, en tu trabajo, en tu casa, en la facultad, en cada rincón por donde andes. ¡Date cuenta, por favor! Tenés fe, más o menos pero tenés, más o menos cansado pero estás. En una cama con dolores, pero tenés fe. Con algunos sufrimientos, pero tenés fe. ¿Qué podés hacer hoy para no esconder esa lámpara? No es necesario que hables siempre directamente de Jesús para iluminar, eso tenés que darte cuenta vos, con cada persona. Pero lo que si podés hacer, lo que si podemos, vos y yo, en cualquier lugar, quieran o no quieran escuchar hablar sobre Dios, es sonreír, es amar, es iluminar. Como decía la Madre Teresa, al que no te entienda el lenguaje, sea por lo que sea, sonreíle, que ese es un idioma que entienden todos, creyentes y no creyentes. Se puede iluminar de muchas maneras, hoy te propongo esta. Sonreí, aunque te cueste, aunque te duela un poco. Ayudá a que a otros les llegue un poco de amor a través tuyo, eso es iluminar. Vos podés, porque tenés esa capacidad. No te guardes los que Dios te regaló.

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