Lucas 8, 16-18 – XXV Lunes durante el año

Jesús dijo a la gente:

«No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.

Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener.»

Palabra del Señor

Comentario

La deshonestidad más profunda y oculta que todos padecemos, es para con nosotros mismos. Quisiera que esta semana continuemos reflexionando con la parábola del evangelio de ayer, tan profunda como compleja. El administrador astuto, pero deshonesto, termina usando su inteligencia para alcanzar lo que quería, que lo reciba alguien en su casa después de quedarse sin el empleo. Ese fue su fin, y para eso eligió el camino del engaño, de la mentira, de la deshonestidad, sin embargo, la raíz de su modo de actuar está en otro lado, la raíz de nuestras deshonestidades con los otros, con el dinero, con nuestros bienes, radica en una primera falta de sinceridad con nosotros mismos, en el no reconocer nuestras debilidades, nuestras pobrezas interiores. Continuaremos con esto estos días.

Prestemos atención y oigamos bien, dice la palabra de hoy, por eso es bueno empezar este lunes, seguramente algo cansados o no habiendo descansado plenamente, como quisiéramos. Pero pongamos nuestro corazón, nuestros deseos en prestar nuestra atención a las palabras de Jesús que escucharemos toda esta semana.

No es lo mismo oír que escuchar. Debemos reconocer que nos cuesta mucho escuchar con profundidad, oír prestando atención. Pero es así, es parte de nuestra naturaleza debilitada, y no lo digo para que nos amarguemos. Lo importante es reconocerlo. Por algo creo que Jesús hoy dice claramente, “presten atención y oigan”, porque no alcanza con oír. Oír, oímos todos los que tenemos el órgano que nos permite oír, el oído, y lo hacemos sin ejercer mucho nuestra voluntad, oímos por el simple hecho de tener esa capacidad. Sin embargo, escuchar es un paso más, es cuando ponemos en funcionamiento los sentidos internos, esos que nos ayudan a ir más allá de lo que oímos, los que nos ayudan a interpretar los sonidos que intercepta nuestra oreja.

Empecemos esta semana con ganas y ánimo de vivir días de escucha. Tenemos que confiar en nuestra capacidad interior de escuchar para después poder iluminar, ser luz para otros. Qué lindo pensar en esto, en que somos por la fe, lámparas para iluminar y no para andar guardando lo que tenemos. El cristiano, vos y yo, todos los bautizados recibimos algo grande, algo distinto que nos diferencia, no nos hace mejores, sino distintos. El cristiano es el que descubre ese don y se alegra de tenerlo y alegrándose de que lo tiene, naturalmente se expone. Vuelvo a decirlo, ser distintos no nos hace mejores, ni especiales, no estamos discriminando, ser distintos por la fe que recibimos, nos hace “más responsables”, nos hace más conscientes y atentos a ciertas cosas que otros no ven. ¿Por qué nosotros y no otros? Esa pregunta mejor te dejo que se la hagas a Jesús, porque yo tampoco la sé con certeza.

Lo que si podemos saber es que tenemos que “prestar atención y oír bien”, como dice algo del evangelio de hoy: “Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener” A nosotros se nos dio. En realidad, me estoy adelantando un poco. Antes que nada… ¿Creemos que se nos dio algo? ¿Pensaste esto alguna vez? ¿Crees y estás convencido de que se te dio algo y por eso se te va a pedir algo también? Es fundamental rezar esto antes, para que el “iluminar” no se nos transforme en un mandato vacío e impuesto desde afuera. Antes que nada, hay que descubrir que tenemos un regalazo, que vivimos de regalo y con un regalazo. Cristiano es el que descubre un don antes que una tarea. Es el que se maravilla por haber sido elegido, no el que se enoja por lo que tiene que hacer o cumplir. Vamos siendo cristianos en la medida que descubrimos esta verdad. Mientras tanto, sin querer, sin darnos cuenta, escondemos la “lámpara”, esa capacidad de iluminar, de dar calor, debajo de una cama. Ahora tenemos que preguntarnos… ¿Por qué al que tiene se le dará? Porque el que tiene será el que al encontrar esa luz supo darla, o sea que no se guardó nada. A eso se refiere la palabra. Al que Jesús encuentre con más de lo que tenía es porque no se guardó lo que tenía, sino que fue generoso. En cambio, el que “no tiene” es el que tenía y no se dio cuenta, o no quiso y no supo iluminar. A esos, que podemos ser vos y yo, cuando Jesús venga les quitará “hasta lo que creen tener” porque en realidad no tendrán nada, porque sin darse cuenta se habrán guardado todo para sí. Tener algo y no usarlo, es para el evangelio no tener nada.

Vos y yo tenemos un montón de cosas para iluminar, ahora, en tu trabajo, en tu casa, en la facultad, en cada rincón por donde andes. Tenés fe, más o menos, pero tenés, más o menos cansado, pero estás caminando. En una cama con dolores, pero tenés fe. Con algunos sufrimientos, pero tenés fe. ¿Qué podés hacer hoy para no esconder esa lámpara? No es necesario que hablemos directamente de Jesús para iluminar a otros, eso debemos darnos cuenta cada uno en cada situación, con cada persona. Pero lo que, si podemos hacer, en cualquier lugar, quieran o no quieran escuchar hablar sobre Dios, es sonreír, es esparcir amor. Como decía la Madre Teresa, al que no te entienda el lenguaje, sea por lo que sea, sonreíle, que ese es un idioma que entienden todos, creyentes y no creyentes. Sonreí, aunque te cueste, aunque te duela un poco, aunque no tengas tantas ganas. Ayudá a que a otros les llegue un poco de amor a través tuyo. Vos podés, porque tenés esa capacidad. No nos guardemos lo que Dios Padre nos dio.

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