Lucas 8, 16-18 – XXV Lunes durante el año

 

 

Jesús dijo a la gente:

«No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.

Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener.»

Palabra del Señor

Comentario

Me parece divertido poder imaginar la charla-discusión de los discípulos mientras caminaban con Jesús en el evangelio de ayer. ¿Qué cosas se habrían estado diciendo mientras Jesús les hablaba de entrega y amor? No hay que ser muy creativos para ponerse en escena, porque la palabra de Dios lo dice de alguna manera: “Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.” Sí, aunque parezca chiste, es ridículo, mientras Jesús hablaba de entrega y amor, ellos discutían por saber quién era el más grande. Pero sería bueno imaginar esa conversación, vuelvo a principio. ¿Cuáles habrán sido los argumentos de uno y otro para considerarse el más grandes? Seguramente los mismos que usamos nosotros hoy en día, más o menos sofisticados, pero la debilidad es la misma. Pienso que uno le diría al otro: “Yo soy el más grande porque Jesús habla más conmigo, hasta me consulta cosas” Por ahí Pedro, Santiago y Juan, alegarían que a ellos Jesús los eligió varias veces para estar en situaciones que a los otros no. Por otro lado, Pedro podría haber dicho: “Yo soy el más grande porque Jesús me eligió como piedra de la Iglesia” Otro, buscando argumentos más básicos, podría haber dicho: “Yo soy el mayor de edad, por lo tanto, soy el más grande” Y así podríamos imaginar esta charla-discusión que parece tan absurda, pero es tan real y tan cotidiana entre nosotros.

Prestemos atención y oigamos bien, es bueno empezar este lunes, con ganas de poner nuestra atención, en serio, a las palabras de Jesús que escucharemos toda esta semana y además seguir repasando por el corazón las del domingo, que fueron muy lindas. Por eso te propongo en estos días continuar con este tema del evangelio de ayer, que tiene tanto para enseñarnos, tanto para darnos, porque en definitiva nosotros vivimos así muchas veces, consciente o inconscientemente discutiendo y luchando para ver quién es el primero, quién es el más grande.
Empecemos con ganas y ánimo de escuchar bien en estos días. Tenemos que confiar en nuestra capacidad de escuchar para después iluminar, para ser luz para otros. Qué lindo pensar en esto, en que somos por la fe lámparas para iluminar y no para andar guardando lo que tenemos. Los cristianos, vos y yo, todos los bautizados recibimos algo, algo distinto que nos hace distintos, no mejores, sino distintos. El cristiano es el que descubre ese don y se alegra de tenerlo y alegrándose por tenerlo, naturalmente lo expone. Vuelvo a decirlo, ser distintos no nos hace mejores, ni especiales, no estamos discriminando, ser distintos por la fe que recibimos nos hace “más responsables”, nos hace más conscientes y atentos a ciertas cosas que otros no ven. ¿Por qué nosotros y no otros? ¿Por qué a vos y a mí y no a otros? Esa pregunta mejor te dejo que se la hagas a Jesús, yo no la sé.

Lo que si podemos saber es que tenemos que “prestar atención y oír bien”: “porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener” A nosotros se nos dio. En realidad, me estoy adelantando un poco. Antes que nada… ¿Crees que se te dio algo distinto? ¿Pensaste esto alguna vez? ¿Crees y estás convencido de que se te dio algo grande y por eso se te va a pedir algo también? Es fundamental rezar esto antes, para que este “iluminar” no se transforme en un mandato vacío e impuesto desde afuera, como un deber. Antes que nada, hay que descubrir que recibimos un regalazo, que vivimos de regalo y con un regalazo. Cristiano es el que descubre un don antes que una tarea. Es el que se maravilla por haber sido elegido, no el que se enoja por lo que tiene que hacer o cumplir. Una vez alguien que salió “encendido” de un retiro de matrimonios, me decía que ya había invitado a otros dos para un próximo retiro de hombres. No hay mejor apóstol que aquel que descubre el amor de Dios y no lo puede callar. Vamos siendo cristianos en la medida que descubrimos esto. Mientras tanto, sin querer, sin darnos cuenta, escondemos la “lámpara”, esa capacidad de iluminar, de dar calor, debajo de una cama.

Ahora podemos preguntarnos… ¿Por qué al que tiene se le dará? Porque el que tiene será el que supo encontrar esa luz y supo darla, o sea no se guardó nada. A eso se refiere la palabra. Al que Jesús encuentre con más de lo que tenía es porque no se guardó lo que tenía. Fue generoso, lo entregó y volvió multiplicado. En cambio, el que “no tiene” es el que tenía y no se dio cuenta, no supo iluminar, o lo escondió por mezquino. Esos, que podemos ser vos y yo, cuando Jesús vuelva les quitará “hasta lo que creen tener” porque en realidad no tendrán nada, sin darse cuenta se habrán guardado todo para sí. Tener algo y no usarlo, es para algo del evangelio de hoy, no tener nada.

Vos tenés un montón de cosas para iluminar hoy, ahora, en tu trabajo, en tu casa, en la facultad, en cada rincón por donde andes. ¡Date cuenta, por favor! Tenés fe, más o menos, pero tenés, más o menos cansado, pero estás. En una cama con dolores, pero tenés fe. Con algunos sufrimientos, pero tenés fe. ¿Qué podés hacer hoy para no esconder esa lámpara? No es necesario que hables siempre directamente de Jesús para iluminar, eso tenés que darte cuenta vos, con cada persona. Pero lo que si podés hacer, lo que, si podemos, vos y yo, en cualquier lugar, quieran o no quieran escuchar hablar sobre Dios, es sonreír, es amar, es iluminar. Como decía la Madre Teresa, al que no te entienda el lenguaje, sea por lo que sea, sonreíle, que ese es un idioma que entienden todos, creyentes y no creyentes. Se puede iluminar de muchas maneras. Sonreí, aunque te cueste, aunque te duela un poco. Ayudá a que a otros les llegue un poco de amor a través tuyo, eso es iluminar.

Vos podés, porque tenés esa capacidad. No nos guardemos los que Dios nos regaló.

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