Lucas 9, 18-22 – XXV Viernes durante el año

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado.»

«Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?»

Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios.»

Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie.

«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.»

Palabra del Señor

Comentario

El que ama nunca se quedará solo, todo lo contrario, siempre estará acompañado de uno modo u otro, siempre tendrá alguien que lo reciba en su casa. Terminando esta linda semana que nos regaló el Señor, me parecía oportuno finalizar con la reflexión que fuimos hilvanando con respecto, a la actitud deshonesta del administrador de la parábola del domingo, pero mostrando, de algún modo, la otra cara de la moneda. Quise mostrarte que, en el fondo, este hombre se equivocó, como nos pasa a todos, porque no supo amar, no supo elegir el verdadero amor ante su temor de quedar solo. Me animo a decir que la mayoría de nuestros errores en la vida tienen que ver con este trasfondo, nuestra necesidad y deseos genuinos de ser amados, de ser sostenidos y tenidos en cuenta. Esto se comprende con la afirmación que hace Jesús luego de contar la parábola: “Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas” ¿Qué quiso decir Jesús con esto? Gánense amigos amando, gánense amigos siendo generosos, no siendo deshonestos, no buscando su propio interés, ahí está la clave. Por eso te decía al comienzo que el que ama jamás se quedará solo, porque siempre encontrará alguien a quien amar, y siempre en mayor o menor medida mtendrá alguien que le corresponda su amor.

Alguna vez te habrás preguntado porqué al empezar digo: Recemos con el evangelio según… y ahí nombro el evangelista que toca cada día. Sé que no es una manera muy “marketinera” de empezar, estoy convencido de eso, lo tengo claro, y justamente por eso sigo haciéndolo así. Pero en realidad, no es la razón principal, no es que lo hago simplemente para ir contra la corriente, sino porque es lo que quiero, es mi finalidad, es la finalidad de la Iglesia cada día. Si quisiera que estos audios lleguen a más gente, podría decir otra cosa, un poco más atractiva. Quiero que “recemos” cada día con la palabra, vos escuchando y meditando, y yo escuchando, meditando y predicando.  Una vez un oyente diario me dijo algo gracioso, pero profundo, a modo de testimonio: “Tengo 25 años y soy católico, la primera vez que me llego su audio fue de casualidad y de una persona que no esperaba, como prejuicioso que soy pensé ¿Escuchar seis minutos un audio que explica el evangelio? Ni loco” Me hizo reír, por su sinceridad, porque finalmente por gracia de Dios empezó a escuchar y terminó enamorándose más de Jesús. Muchas personas pensarán lo mismo al recibirlo y por ahí no lo escuchan, pero sé que hay muchísimos más que comprenden el mensaje y quieren rezar con la palabra de Dios. No tengamos miedo de mandarle este audio “por casualidad” como me dijo ese joven, no tengamos miedo de cansar por ahí a alguien. Son muchísimos los que me contaron que a los que menos pensaron al enviárselos, se fueron ablandando, Jesús amasa el corazón, casi inevitablemente, Él es muy bueno y nos sorprende cada día.

¿Quién es para vos Jesús? ¿Quién es realmente? No me respondamos con la cabeza solamente, respondamos también con el corazón. Tampoco respondamos solo con el corazón, respondamos junto con la cabeza, razón que Dios nos la dio para usarla. Una vez un profesor nos decía a los alumnos, algo gracioso, pero que es verdad: “Los católicos a veces dejamos el cerebro al entrar al templo, y nos quitamos el corazón para entrar a un aula a estudiar. ¡No! Las dos cosas juntas” Nosotros diríamos, fe y razón, ambas.

En algo del evangelio, ayer escuchábamos que Herodes preguntaba por Jesús, por curiosidad, por lo menos lo atraía la curiosidad. Hoy ya no es Herodes el que pregunta qué dice la gente de Jesús, sino que es el mismo Jesús el que quiere saber qué dice la gente de Él y qué dicen sus amigos, sus discípulos. Él no lo pregunta por debilidad, o como algunos comentaristas dicen por ahí, por no saber todavía bien quién era y necesitaba la opinión ajena, nada más alejado del evangelio que eso. Jesús sabía perfectamente quién era y cuál era su misión. Pregunta para ayudar a sus discípulos y a nosotros hoy. Pongámonos en el lugar de los apóstoles y escuchemos que Jesús nos pregunta a cada uno: “¿Quién decís que soy? No me contestes con una respuesta de catecismo. No me respondas con una afirmación teológica por más verdad que sea. No respondas con una respuesta infantil o con una frase hecha, armada. Contestame con todo el corazón y con toda la razón, no son enemigas. Sentate un rato a rezar y a pensar. Arrodillate un rato para encontrarme hoy en algún sagrario. Arrodillate hoy un momento frente a mi presencia real en la Eucaristía. Estoy en miles y miles de sagrarios abandonados, sin visitas, y en miles de misas celebradas. Arrodillate y escuchá lo que te pregunto hoy: ¿Quién decís que soy? ¿Hablás de mí a los demás? ¿Cómo hablás de mí a los demás?”

Debemos decir que no nos alcanzará la vida para responder a estas preguntas, porque a pesar de que “sepamos” con la cabeza quién fue y que hizo Jesús, en la medida que seguimos buscando y amándolo todos los días, seguiremos descubriendo quién es realmente y qué es lo que quiere de cada uno de nosotros. Eso es lo lindo. Eso es lo que anima a no detenerse. No se termina ni hoy, ni mañana, sino cuando lo tengamos cara a cara y explotemos de gozo. Mientras tanto, sigamos rezando con el evangelio de cada día así no “paramos” de conocerlo y amarlo, para no decir jamás “ni loco” escucho el evangelio durante seis u ocho minutos, sino al contrario, desear con toda el alma escucharlo, desear con toda el alma que sean muchos más los que lo conozcan y sepan realmente quien fue, quien es Jesús y qué es lo que puede hacer en nuestras vidas.

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