Lucas 9, 43b-45 – XXV Sábado durante el año

 

 

Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»

Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Como cada sábado te invito a que puedas quedarte con alguna de las palabras de Dios que pudimos escuchar esta semana.

Nos preguntábamos en la semana: ¿De qué hablamos en el camino de nuestra vida? ¿Discutimos? ¿Estamos discutiendo? Las discusiones tienen como raíz un deseo de superioridad, en sentido amplio. Deseo que prevalezca mi opinión sobre la de otros, deseos de que nos “den la razón” y eso satisfaga nuestros egos inflados, deseos de que las cosas se hagan como nosotros pretendemos, deseos que los “planetas” se alineen con nuestra mirada de la realidad, deseos de mostrarle al otro que sabemos algo más que él, y así… podríamos poner muchos ejemplos más. Seguiremos con esto, pero por lo pronto, intentemos no discutir, intentemos no entrar en el juego de los que les gusta discutir, no luchemos con nadie, no nos hace bien, a Jesús no le gustaba que sus discípulos discutan.

Decíamos que el que dice que no le interesa en lo más mínimo ser grande, en el fondo algo miente. Ahora… la pregunta que podríamos hacernos es… ¿De qué grandeza estamos hablando? ¿Cuál es la grandeza que pretendemos? ¿A cuál grandeza se opuso Jesús como para decirles a los discípulos que «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos»? Éste es el tema, tener claro de qué grandeza hablamos, saber que Jesús no se opuso a que deseemos grandes cosas, y con esos objetivos ser grandes nosotros también, sino lo que Él nos quiere enseñar es el camino para ser grandes, es el modo de llegar a una grandeza que solo puede venir de Dios, porque nuestros pensamientos no son lo de Él.

Yendo a la semana. En el lunes nos preguntábamos… ¿Por qué al que tiene se le dará? Porque el que tiene será el que supo encontrar esa luz y supo darla, o sea no se guardó nada. A eso se refiere la palabra. Al que Jesús encuentre con más de lo que tenía es porque no se guardó lo que tenía. Fue generoso, lo entregó y volvió multiplicado. En cambio, el que “no tiene” es el que tenía y no se dio cuenta, no supo iluminar, o lo escondió por mezquino. Esos, que podemos ser vos y yo, cuando Jesús vuelva les quitará “hasta lo que creen tener” porque en realidad no tendrán nada, sin darse cuenta se habrán guardado todo para sí. Tener algo y no usarlo, es para algo del evangelio, no tener nada.

El martes te acordás que hablábamos de que los que escuchan la Palabra y la practican son realmente los que son madre y hermanos de Jesús. Nos preguntábamos si no estamos siendo muchas veces incoherentes, hipócritas con nuestra fe, o directamente pensamos que la fe es simplemente escuchar las cosas de Dios y decir ¡qué lindo!, pero al final no comprometernos con lo que Dios nos quiere mostrar y nos enseña. Fijate: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” ¿Estás practicando la Palabra de Dios? ¿Estás practicando lo que escuchás?

El miércoles decíamos que todos deseamos eficacia y éxito en las cosas que hacemos. La Iglesia de todos los tiempos deseó que el evangelio penetre todas las realidades, en todos los hombres. Sin embargo, vivimos frustrados o entristecidos cuando pensamos y ponemos todas nuestras energías en los medios de evangelización y no en la fuerza misma del Evangelio, que es justamente, como dije al principio, no aplicar ninguna fuerza externa. Anunciar y anunciar. Anunciar la Palabra de Dios que es viva y eficaz en la medida en que yo la vivo y en la medida que ha sido eficaz en mi vida. Además, la eficacia del anuncio del Evangelio es la mayoría de las veces casi imperceptible, crece en el silencio de las noches, crece en el silencio de los corazones y jamás va a ser anunciado con bombos y platillos en la televisión.

El jueves reflexionábamos que a nosotros puede pasarnos lo mismo que esos que estuvieron cerca de Jesús: podemos tenerlo al lado: en un enfermo, en el pobre que nos pide y que nos cruzamos a veces todos los días, en nuestra madre que nos necesita, en algún enfermo de la familia, en alguien que está solo, en la Palabra de Dios que escuchamos todos los días y la tenemos en nuestras manos, en la Eucaristía diaria y dominical –en la posibilidad de recibirla–, en la posibilidad de recibir el perdón también en la confesión; en todas esas circunstancias tenemos la presencia viva de Jesús, pero si no somos capaces de verlo; nos pasamos la vida esperando grandes cosas y nos perdemos la oportunidad de encontrarnos con Jesús a quien tenemos siempre presente de tantas maneras.

Y finalmente ayer, viernes, veíamos esta figura tan linda de Jesús orando solo, y nos decíamos: ¿realmente no tenemos tiempo, quince o veinte minutos por día para estar a solas con Jesús?, –preguntate eso– ¿Pudiste hacerlo esta semana?

Jesús buscaba momentos de oración solitario pero lleno de la compañía de su Padre. Es lo que también necesitamos nosotros –vos y yo– en el día a día; es como el aire del alma, tiene que ser como el aire de nuestros pulmones. Sin este aire no podemos respirar, porque todos necesitamos de este silencio.

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