Lucas 9, 43b-45 – XXVSábado durante el año

Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»

Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.

Palabra del Señor

Comentario

La escucha de la palabra de Dios no debe carecer de algo fundamental… la constancia. La constancia es una de las virtudes humanas que más escasean en los corazones de los que se proponen alcanzar una meta y por supuesto, de los que nos propusimos seguir a Jesús, nuestro Maestro. Son muchas las situaciones, o los textos de la palabra de Dios en los que se menciona esta virtud, recuerdo ahora cuando Jesús les dijo a sus discípulos: “Gracias a la constancia salvarán sus vidas” o bien cuando les explicó la parábola del sembrador y les dijo: “…pero no la deja echar raíces, porque es inconstante”. No vamos a explicar esos textos, pero me gustaría que nos quedemos con esta idea de fondo en este sábado, en el que intentamos perseverar, ser constantes en la escucha diaria de la maravillosa aventura, de conocer lo que Dios desea de nosotros. Son muchísimos los testimonios de personas, de corazones que gracias a la constancia fueron encontrando el camino de Jesús, van descubriendo lo linda que es su propuesta y lo equivocado que estamos a veces por no saber interpretar sus palabras y enseñanzas. En realidad, no necesito contarte testimonios, incluso si te animás podés dejarlos en nuestra página, www.algodelevangelio.org, porque es algo que podés comprobar vos mismo, vos misma con la experiencia de tu vida. ¿Cuántas cosas alcanzaste gracias a tu constancia, gracias a no haber bajado los brazos, a seguir luchando y confiando? Si logramos tantas cosas materiales, o proyectos, o sueños gracias a la constancia, a la tenacidad… ¿Cómo bajar los brazos al escuchar la palabra de Dios? ¿Cómo rendirse cuando vamos descubriendo que solo Él puede darnos la alegría del corazón, el gozo eterno? Recuerdo que en una caminata que hicimos con mi comunidad en la montaña, una de las mujeres que se animó a desafiar la naturaleza, bastante más grande que los jóvenes que caminaban, en un momento sintió que no podía más, que sus piernas no le respondían, y entonces, con mucho dolor, incluso llorando, decidió quedarse. Sin embargo, seguíamos mirándola mientras subíamos, con la esperanza de que se iba a levantar, que iba a animarse a seguir, a ser constante en sus pasos, en su decisión. Y fue así… de repente nos dimos vuelta y vimos que agarró su bastón para seguir, y llegó nomás, con lágrimas en los ojos, pero llena de felicidad de haber podido lograr lo que soñaba, llegar a la cumbre. Esa debe ser nuestra actitud para seguir y amar a Jesús, no bajar los brazos, volver a levantarnos si nos caímos, volver a confiar, ser constantes.

Lo mismo hizo Jesús en su vida, en su paso por la tierra, lo mismo sigue haciendo con nosotros, por nosotros; jamás baja los brazos, siempre desea buscarnos, que lo busquemos, no se cansa de esperarnos, es constante, incluso en el dolor.

Algo del evangelio de hoy es un anticipo de la constancia que tuvo Jesús en su vida, hasta el final, incluso sabiendo lo que le esperaba. Las palabras de Jesús, parecen ser pesimistas, o extrañas, son un anuncio de “pájaro de mal agüero”, como dice el dicho: “Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: «Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.»” En medio de la admiración, no se guardó el vaticinio de lo que vendría, todo parecía muy lindo, todos lo elogiaban, los discípulos iban felices y orgullos de ser sus amigos, seguro que, con el pecho inflado, pero Él no tuvo problema de decirles la verdad… en algún momento llegaría la cruz.

¿Por qué Jesús actúo de esa manera podríamos preguntarnos? ¿Porqué en medio de la euforia y la fascinación por los prodigios que hacía les dio tan mala noticia? Bueno, pueden ser varias las respuestas… La más simple y concreta es por la sencilla razón que les dijo la verdad, quería que sepan la verdad, no tenía porqué ocultarla. El espanto ante la cruz hubiese sido mucho peor de lo que fue, si Jesús les hubiera ocultado lo que iba a pasar, lo que las autoridades y el mismo pueblo le iban a hacer.  Lo increíble es que, aun sabiendo la verdad, sus amigos, en el momento del dolor huyeron, no pudieron soportar su miedo y se escondieron. Otra respuesta, enlazada con la primera, es que Jesús quiso prepararlos para el momento de dolor, aunque parezca que por los hechos no valió la pena, que no sirvió para nada. Sin embargo, no es así, porque el discípulo amado sí estuvo en la cruz con María y las mujeres, y a pesar de que todos se escaparon, e incluso lo negaron como Pedro, esas palabras quedaron grabadas en sus corazones como enseñanzas para sus propias vidas, la vida de la Iglesia, la tuya y la mía.

No deberíamos tener problema en decir que tarde o temprano a todos nos tocará pasar por la cruz de esta vida, sino la estamos pasando ya. Sería de necios ocultar o pintarrajear la vida de color de rosas cuando la experiencia, nos dice que cierto sufrimiento es inevitable, tengamos fe o no, ese es otro cantar. Ver y entender la vida con toda su belleza y crudeza es necesario. Es falsa la espiritualidad cristiana de un optimismo mal entendido, de una alegría sin fin, sin cruces, sin entrega, sin sacrificios, y esto es algo que lamentablemente muchos hoy lo proponen creyendo que será más atractiva la decisión de seguir a Jesús, sin embargo, es un engaño y no da frutos. También es falsa la espiritualidad cristiana casi masoquista, que habla exclusivamente del dolor y el sacrificio, olvidándose de la belleza de la vida, y que, además, la cruz para el que ama, termina siendo gozosa y llena de vida.

Conclusión… como siempre, ambas dimensiones van de la mano y no se pueden separar, lo vivió Jesús, lo anunció, lo anticipó, y por eso quiere que nosotros también lo comprendamos, aunque a veces nuestro entendimiento parezca velado.

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