Marcos 10, 1-12 – VII Viernes durante el año

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 1-12

 

Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?»

Él les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?»

Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella.»

Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.»

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.»

 

Palabra del Señor.

 

Comentario a Marcos 10, 1-12:

 

Los salmos son un tesoro escondido, un tesoro que no terminamos nunca de valorar. Dice uno de ellos: “…me fijaré en tus leyes sin cesar…” Me gusta mucho porque es lo que hacemos cada día escuchando su palabra. Cuando el salmo dice “leyes”, no solo pienses en los mandamientos, o en un legalismo, sino, podemos pensar que las leyes de Dios es su misma palabra. La ley de Dios está en toda la palabra, y se puede sintetizar sencillamente en el amor, como dice san Pablo, “amar es cumplir la ley entera”, la ley del Dios es el amor. Por eso es lindo que podamos decir y sentir juntos estas palabras… “me fijaré en tus leyes sin cesar”, escucharé todos los días tus leyes de amor, tus palabras que me guían y me marcan el camino, tus palabras que me corrigen cuando me equivoco, tus palabras que me consuelan cuando no estoy bien, tus palabras que me enseñan a amar cada día, me fijaré… me fijaré… sin cesar, siempre.

Por otro lado, me gustan muchísimo las palabras de algo del evangelio de hoy: “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”. Me gustan mucho cuando se las digo a los que se casan apenas se dan el consentimiento mientras que se toman las manos derechas y con mis manos intento unirles más las suyas. Experimento que en ese momento es Jesús el que se las dice con amor, como si fuera una promesa que Él jamás va a romper y que desea que ellos jamás la rompan.

El matrimonio cristiano es como un barquito que anda por las aguas de este mundo, golpeado por las olas y el viento en contra, pero en el cuál, varón y mujer reman juntos acompañados por Jesús. La barca en realidad la timonea Él, los casados solo reman. ¿Lindo no? Las dificultades no son de ahora, siempre fue así. Fijate… en la escena de hoy se ve como a Jesús le cuestionaban sobre la posibilidad o no de divorciase por cualquier motivo. Es verdad que hoy se dice y se experimenta que la familia está en crisis, que hay muchas dificultades que parece que antes nos estaban. Es verdad, puede ser. Pero nunca fue fácil, sería medio ingenuo pensar así.

Hay que remar mucho, y lo que es más difícil, hay que remar parejo. El matrimonio que no rema parejo no avanza, es más, gira en falso como “calesita rota” o bien, se lo lleva la corriente para rumbos no muy lindos. Por eso Jesús desea que los dos “sean una sola carne” y que “el hombre no separe lo que Dios ha unido”, porque quiere cuidar lo más sagrado que tiene el hombre y que más lo hace feliz, el amor verdadero, el que sana y santifica. El matrimonio vivido en la fe nos sana de nuestras heridas y nos santifica para elevarnos y hacernos más humanos. ¿Cómo Dios va desear otra cosa, otro camino distinto a este? Sería una gran contradicción de parte de Dios que ama para siempre y confía en nosotros para que logremos lo que Él desea.

Sé que hoy, más que nunca, estas palabras de Dios, de Jesús, son difíciles de entender y de aceptar, porque muchas personas están heridas por la falta de amor en sus familias. Por eso nunca está demás decir que las personas que no han podido hacer prosperar sus matrimonios no están, “fuera” del amor de Dios y tampoco está demás decir que, “el hombre no debe separar lo que Dios a unido” y podríamos agregar, y lo que ellos, varón y mujer quisieron unir por propia decisión, sin la presión de nadie, sino por amor.

Es lindo encontrar matrimonios que la “remaron” para seguir juntos hasta el final. Hay miles y miles de ejemplos. Es lindo ver matrimonios grandes que viven etapas nuevas y se aman cada día más y mejor. Es lindo saber que, a pesar del viento en contra y de la violencia de las olas de este mundo, se puede amar con fidelidad y constancia hasta que la muerte los separe, siempre remando juntos, siempre remando parejo. Es lindo todavía ver novios que se quieren casar, jóvenes, y que sueñan con una vida juntos hasta el final.

El planteo que los fariseos le hacen hoy a Jesús, es profundo, es el planteo que le hace el mundo a la Iglesia, el planteo que incluso podemos hacerle vos y yo a Dios es este: ¿Por qué tenemos que seguir la voluntad de Dios? ¿No es demasiado dura? ¿No es demasiado exigente? ¿Es posible hacer lo que Dios quiere, que el hombre y la mujer estén para siempre unidos en medio del contexto de este mundo? Las respuestas te las dejo que las contestes vos. Pero me animo a decirte, que no hay nada más placentero que hacer la voluntad de Dios, de eso debemos estar seguros.

 

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P. Rodrigo Aguilar

 

 

 

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