Mc 2, 18-22 – 15 de enero – II Lunes durante el año

 

 

Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?»

Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!»

Palabra del Señor

Comentario

Los lunes siempre son una buena oportunidad para animarnos mutuamente si empezamos cansados, porque a veces cuesta arrancar, cuesta volver a empezar. Por eso, hoy, levantemos juntos el ánimo si no andamos bien, dejemos que Jesús nos vuelva a llenar de alegría y paz si algo nos la quitó. Una buena forma de alegrar el corazón propio, es alegrar el de los demás. Convertite en apóstol de la palabra de Dios, ayudemos a Jesús a que su palabra llegue a otros. No te olvides de enviar el audio a tu grupo si a veces te olvidas, no tengas vergüenza, no creas que sos molesto. Son millones las personas que necesitan palabras de consuelo y ánimo; palabras que llenen el alma de cosas lindas y no de malas noticias. No te olvides de que si querés recibir los audios directamente para no depender de otros, lo más fácil es que te bajes una aplicación que se llama telegram y busques nuestro canal de difusión @algodelevangelio, o también la aplicación Algo del Evangelio para celulares Android. Si no podés y necesitás ayuda o querés recibirlo por mail, suscribite en nuestra página www.algodelevangelio.org o bien escribimos un mail a algodelevaneglio@gmail.com.

Todavía resuena en mi corazón la escena del evangelio de ayer, llena de miradas, de situaciones, de palabras y detalles que nos pueden ayudar mucho a todos nosotros a ser verdaderos discípulos de Jesús. La palabra decía que: “Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús…” ¿Qué oyeron estos dos discípulos para dejar todo de golpe y empezar a seguir a Jesús? Escucharon que Juan dijo… “Este es el Cordero de Dios”… Tal vez, a nosotros nos resulta algo extraña esa expresión, pero para ellos seguramente les evocó algo que llevaban en el corazón de tanto escuchar la palabra de Dios, de tanto escuchar que el Mesías sería un Cordero sufriente que vendría a entregarse por todos. A ellos les recordó al cordero pascual que año tras año sacrificaban para rememorar la Pascua de su pueblo; la liberación de la esclavitud. Lo siguieron porque algo así esperaban, a eso quiero llegar. Nadie deja todo por algo que no espera. Por eso a nosotros nos puede ayudar a pensar y preguntarnos qué tipo, qué clase de Mesías, de Salvador esperamos. ¿Uno a nuestra medida o un simple cordero, manso y humilde? Lo lindo sería dejar de lado nuestras expectativas mundanas, de un Jesús falso y dejarnos atraer por este humilde servidor que simplemente vino a caminar con nosotros, para que nos enamoremos de Él, por su mansedumbre y humildad.

Algo del evangelio de hoy; con esa expresión final que a veces puede resultar un poco enigmática, nos puede ayudar mucho: «¡A vino nuevo, odres nuevos!» ¿Qué quiere decir con esto Jesús? Digamos, que no se puede recibir la novedad del evangelio con mentalidad vieja y corazón avejentado, es imposible, todo se romperá tarde o temprano, lo recibirá por un tiempo; pero finalmente explotará. Corazón nuevo y mentalidad nueva, para un anuncio nuevo y novedoso. ¿Cuántos cristianos terminan rompiéndose en algún momento de sus vidas, por decirlo así, alejándose de Jesús, incluso enojándose con Él; por no haber cambiado la mentalidad y corazón, por haber pretendido que Jesús se amolde a sus mentalidades y corazones cuando en realidad debería haber sido al revés? Creo que cientos de miles. ¿Dónde están los millones de cristianos que recibieron el anuncio del evangelio alguna vez y ahora abandonaron la fe? ¿No será que recibieron la novedad más linda, pero con mentalidad y corazón del antiguo testamento como les pasó a estos fariseos? ¿No será que los anunciadores… sacerdotes, catequistas, colegios y familias anunciamos por muchas décadas una novedad avinagrada, no centrada en la persona de Jesús, en el cordero manso y humilde? ¿Cuántos sacerdotes predicamos una novedad, pero al estilo antiguo, con corazón y mentalidad vieja, hablando más de los mandatos, de la doctrina, de una moral; y no tanto de Jesús, de su Corazón? Con esto no quiero caer en la superficialidad y extremo de que la solución está en que hay ser “modernista”. En realidad hay que ser modernos, pero no modernistas, para no desvirtuar el mensaje, eso significa “a vino nuevo, odres nuevos”. Jesús fue moderno, los santos fueron modernos, fueron siempre más allá, supieron cambiar el corazón y la mentalidad para que el mensaje realmente pueda penetrar en los corazones. No fueron “modernistas” como tantos en estos tiempos en donde ese estilo parece estar de moda; pero que en definitiva no saben distinguir y entonces terminan “aguando” el mensaje del evangelio para ser aceptados por los demás, para un supuesto “éxito” evangelizador que a larga termina reventando los “odres”, los corazones; termina no sirviendo para nada, porque en realidad no logran que los demás se enamoren realmente de Jesús.

La gran verdad, es que el verdadero discípulo de Jesús es el que se enamora con todo el corazón de una Persona y que pase lo que pase, nada ni nadie lo aleja, a no ser que él lo quiera.

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