Marcos 2,13-17 – I Sábado durante el año

 

 

Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Por qué come con publicanos y pecadores?»

Jesús, que había oído, les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor

Resumen de la semana

La propuesta para este sábado es, no sólo hacer un resumen o síntesis de los evangelios de la semana sino también tomar una imagen o tema de lo que pudimos rezar esta semana para que cada uno pueda hacer su síntesis, o bien quedarse con alguna frase de estos días que le haya ayudado a acercarse más al corazón de Jesús.

Y por eso te propongo que nos quedemos con el tema del “asombro” que en algún momento tomamos en estos días, y que apareció bastante en algo del Evangelio; cómo la gente quedaba asombrada y se preguntaban unos a otros “¿qué es esto?” o como decía la palabra de ayer: La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual». Esto es lindo pedirle a Jesús, en el Espíritu Santo, que nosotros también podamos maravillarnos y asombrarnos de todas las cosas que nos dijo esta semana, de sus palabras que nos dieron vida y nos ayudan a seguir caminando, a saber dónde pisar, a dar pasos firmes.

Por supuesto que la actitud del asombro no es algo que se fabrica, sino que es algo que surge espontáneamente ante algo que nos sorprende; entonces por un lado tenemos que poner un poco de nuestra parte para poder volver a releer, poder volver a revisar ciertas escenas del evangelio y ciertas palabras, para ver qué es lo que nos asombra, y por otro lado tenemos también que abrirnos a la novedad, a que justamente la lectura del evangelio sorpresivamente nos asombre y nos haga detener.

Por eso cuando hablábamos del asombro decíamos que hay que aprender a detenerse para poder asombrarse. Son las dos cosas; a veces Dios nos sorprende y leyendo y escuchando de golpe algo nos asombra, algo nos admira y por eso nos detenemos; y muchas otras veces tenemos que aprender a detenernos para que a partir de nuestro corazón que se frena, que empieza a mirar y escuchar otras cosas, de golpe ahí surge el asombro.

Porque del asombro surgirá el deseo de escuchar más, de mirar y de poner todos nuestros sentidos; y solo el asombro nos ayuda a que las cosas penetren en nuestro corazón, un asombro profundo no un asombro superficial que se quede solamente en lo de afuera.

Y esta semana tenemos muchas oportunidades para ver a un Jesús que nos puede asombrar. Por eso te propongo que te detengas o que repases las palabras de Jesús al comienzo de esta semana: «Conviértanse y crean en la buena noticia»; que podamos ver qué es lo que necesitamos hacer para que el mensaje del evangelio penetre un poco más en nuestro corazón.

Después en la semana veíamos diversas curaciones, la curación del endemoniado, la curación de la suegra de Pedro, la curación del leproso y de un paralítico; diferentes encuentros de Jesús con dolores, con enfermedades, con momentos de desesperación que muestran justamente a un Jesús que nos enseña que viene a actuar en nuestra vida, un Jesús que no viene a buscar “fama”, ni busca que lo tengan como “milagrero”; sino un Jesús que domina el mal, que domina a los demonios que a veces someten a las personas, que domina las enfermedades, que domina todo lo que tiene a su alrededor. Jesús es quien viene fundamentalmente –como escuchábamos ayer– a perdonarnos: «Hijo, tus pecados te son perdonados, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»; esa puede ser la imagen final de hoy.

O también el llamado de Leví o el llamado a los discípulos; o sea Jesús nos llama para perdonarnos, Jesús no nos llama porque somos buenos, Jesús no nos llama por nuestros méritos, no nos llama porque tenemos algo “especial”; nos llama para que experimentemos su perdón, tanto el que cae en camilla a los pies de Jesús, como Leví que es llamado mientras recauda impuestos, como los apóstoles que son llamados mientras están pescando, todos somos llamados para estar en la casa de la Iglesia, para experimentar el perdón y para aprender a llevarlo a los demás, ese perdón que se manifiesta en toda nuestra vida. Ser hombres y mujeres de perdón y ser hombres y mujeres perdonados.

Bueno, que la Palabra de esta semana, la Palabra de hoy te ayude a asombrarnos otra vez, a asombrarnos de un Jesús que viene a perdonar, de un Jesús que no viene a señalarnos sino a abrazarnos y hacernos experimentar el perdón que viene solo de lo alto.

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