Marcos 6, 53-56 – V Lunes durante el año

 

 

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.

Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

Palabra del Señor

Comentario

Descubrir la grandeza de Jesús es lo más maravilloso que nos puede pasar en la vida, porque es ahí donde nuestro corazón explota de gozo y comienza a transformarse, sin importarle su pasado y su pecado. Eso le sucedió a Pedro, a Santiago y a Juan en la escena del evangelio de ayer, que nos debería conmover si lo leemos y meditamos con atención. Solo el amor y la misericordia de Jesús nos transforman en “pescadores de hombres”, en hombres y mujeres capaces de trabajar incansablemente para Él, nuestro amado. Intentemos en esta semana, a partir de hoy, en este lindo lunes que nos regala el Señor para vivir, seguir profundizando el misterio y el modo como Jesús se “mete” en nuestras vidas.

El Papa Francisco utilizaba una imagen muy elocuente para hablar de la Iglesia. Diciendo que es como un “hospital de campaña”, o sea una tienda en donde se acercan los que están heridos por la guerra, los que están enfermos, los que necesitan ser curados de urgencia. Es lindo pensar que nuestra amada Iglesia tiene ese fin; un lugar en donde tenemos que recibir a los demás y donde tenemos cabida nosotros mismos que también estamos enfermos, o a veces fuimos curados, o estamos caminando hacia la curación, a encontrarnos con Jesús. Nosotros también tenemos que ayudar a otros a sanarse y en un hospital de campaña no se pregunta mucho la historia clínica, no se pregunta mucho qué es lo que pasó; sino que se actúa rápidamente, aunque después obviamente se nos puede derivar y ayudarnos a seguir nuestro camino de sanación.

En algo del evangelio de hoy podemos descubrir a un Jesús médico, ayudando a formar hospitales de campaña por donde pasaba; en realidad era la gente la que sin querer y por el gran deseo de ser sanados, transformaban el entorno de Jesús –las ciudades, los pueblos, las plazas– en hospitales de campaña; porque eso hace Él con nosotros, esa es una de las grandes tareas y misiones de Jesús: sanarnos, sanarnos principalmente del pecado que va carcomiendo nuestro corazón y nos va aislando de los demás. Porque la mayor consecuencia del pecado en nuestro corazón es el egoísmo, el excesivo amor propio que nos aísla de los demás y no nos permite crear relaciones sanas de amor que nos hagan vivir plenos.

Y por eso también para nosotros Él es como el médico del alma. Del mismo modo el sacerdocio cristiano y la Iglesia son de alguna manera un “hospital de campaña”. Ayer en el Evangelio veíamos como la gente se agolpaba para escuchar la Palabra de Dios; hoy vemos como la gente se agolpa para ser sanada.

Algo del evangelio de hoy, en muy pocas palabras nos da una pincelada de lo que generaba la presencia de Jesús, de lo que se había extendido su fama por todos lados, del deseo insaciable que tenía la gente de estar con Él por lo que hacía, por sus curaciones, por sus exorcismos, y un poco menos, por sus palabras, por lo que decía. Siempre es más atrayente saber que alguien puede sanarnos de nuestros males físicos, que, de nuestros males espirituales, morales que muchas veces ni reconocemos. Te presento una suposición: Si hoy te dijeran que, en la plaza de tu barrio, en la plaza más cercana de la ciudad en donde vivís, va a estar alguien que cura y sana enfermos con solo tocarlos… ¿Qué harías? ¿Qué haríamos? Me imagino que si estás enfermo irías corriendo o le pedirías a alguien que te lleve. Me imagino que, si no estás experimentando ningún sufrimiento en tu cuerpo, en una de esas te acercarías por curioso o por ahí no lo creerías mucho y ni te daría ganas de ir. Y si te digo que hoy en la plaza de tu barrio hay alguien que va a hablar a la multitud para dar un mensaje de paz, de cambio personal, palabras que cambiarán tu vida… ¿Qué harías? ¿Qué haríamos? Bueno, algo así pasaba con Jesús. Sus curaciones atraían multitudes. Sus palabras generaban admiración, pero no siempre tanta adhesión. Lo mismo pasa hoy.

Algo del Evangelio, [10.02.19 20:24]
Ante lo extraordinario es fácil generar convocatoria, se llena fácil, sin embargo, ante lo cotidiano, ante palabras que lo que nos piden es un cambio de vida, un esfuerzo personal, no todos se entusiasman tanto.

Por eso hoy podríamos hacernos varias preguntas… ¿Qué es lo que en definitiva le interesaba a Jesús? ¿Qué es lo que le interesa hoy de nosotros? Por supuesto que no hay una única respuesta, como siempre. Por un lado, obviamente que Jesús se compadeció del dolor humano y salió para aliviarlo, y, de hecho, el evangelio muestra que lo hizo. Pero, por otro lado, hay un dato que es imposible de ocultar y si no lo decimos ocultamos la verdad o de alguna manera la distorsionamos. ¿Qué dato? En realidad, te dejo más preguntas. ¿Por qué Jesús no terminó con todo el sufrimiento, por qué no lo eliminó? ¿Por qué no demostró todo su poder y sanó a todos o bien, no recorrió todo el mundo para sanar a todos? ¿Por qué hoy Jesús no sana a todos los que sufren y se acercan a Él? ¿No tiene tanto poder o prefiere otra cosa? ¿Le gusta vernos sufrir? ¿Le da lo mismo? ¿Quiere que algunos se curen y otros no? La gran pregunta de fondo y que todos nos hicimos alguna vez o nos haremos alguna vez es… ¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

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