Marcos 6, 7-13 – IV Jueves durante el año

 

 

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.

Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

Palabra del Señor

Comentario

El Espíritu Santo es el que nos asiste a los bautizados, pero sabemos que también sopla donde quiere; Él está siempre presente, especialmente cuando leemos o escuchamos la Palabra de Dios, porque Él fue el mismo que la inspiró, fue el que inspiró a esos hombres para que hoy, después de tantos siglos, nosotros podamos leer la Palabra de Dios; escucharla, meditarla y lograr que, en nuestro corazón, eso que escuchamos se haga “carne” en nuestras vidas. Por eso invoquemos al Espíritu Santo al escuchar la Palabra, para que nos pueda decir algo concreto en este día.

La reacción de los judíos del evangelio del domingo manifestó en ellos una gran inmadurez, la misma que padecemos muchos de nosotros. Cuando algo “no les gustó”, dejaron de apreciar, de querer a Jesús, e incluso intentaron lincharlo. El amor verdadero no es cuestión de “gustos”, de sentimientos pasajeros, sino de una decisión, de una postura frente a la vida y las personas. Si Dios condicionara su amor por lo que hacemos, todos estaríamos fuera de su corazón… sin embargo nos ama siempre, más allá de que le pueda “caer bien o mal” de nuestras acciones. Eso es lo que no supieron diferenciar esos judíos ese día, eso es lo que hacemos mal muchas veces nosotros con los otros, basta que algo no nos guste como para echar a alguien de nuestras vidas… eso no es cristiano. ¡Qué lindo es encontrar personas que no manipulan al amar, que no condicionan su amor al gusto personal, sino que aman por el simple hecho de amar! ¿Te animás a que sigamos ese camino?

En algo del evangelio de hoy vemos cómo Jesús envía a los doce, a esos doce que Él había elegido para estar con Él, para que lo conozcan, para abrirles su corazón. En un momento de su vida les pide que lo ayuden, sí, Jesús necesita la ayuda de los hombres para llevar el mensaje de conversión, el mensaje del Reino de Dios a todos los hombres, un poco extraño.

Este es el primer gran detalle de la escena de hoy, que por supuesto también es comprensible en el “hoy” de la Iglesia: Jesús necesita de los hombres para llevar su mensaje, siendo Dios hecho hombre sigue utilizando las mediaciones humanas para que el mensaje llegue a todos los hombres. Por eso Jesús incluso en su vida pública les “pidió” ayuda a los discípulos, a sus apóstoles y los envía de dos en dos; los envía de dos en dos, no envía personas “solas”. El llamado de Dios, una vocación, se termina transformando en un pedido de ayuda de Dios hacia nosotros y en una búsqueda de comunión entre nosotros.

No podemos vivir una vida de fe solitariamente, especialmente esto se dirige a los apóstoles o sea también a los sucesores de los apóstoles: a los Obispos, a los sacerdotes. Es una misión especial que nunca puede ser solitaria. Erramos el camino en la Iglesia cuando el sacerdote, los consagrados y laicos, todos los que son elegidos para llevar el mensaje de la Palabra de Dios; piensan que deben ir solos, siendo “francotiradores” de la fe, y que en la medida en que se aíslan y hacen su ranchito aparte lo que hacen es lo mejor, piensan que esa es la mejor manera de evangelizar…

Eso es falso, el Evangelio nos muestra que no se puede evangelizar solos; porque evangelizar no es otra cosa que llevar el mensaje del misterio del Reino de Dios a los demás. Y el Reino de Dios es “relación”, es relación de amor, es relación que ayuda a descubrir la verdad de la vida de cada uno de nosotros. Y ¿cómo podemos vivir en relación, si estamos solos? Sólo de a dos se puede vivir el amor, y sólo transmitiendo amor podemos predicar el mensaje de Dios a los demás.

Esto es una especie de llamado de atención –creo yo– para nosotros los sacerdotes, para los consagrados, pero también por supuesto para los laicos, para todos los que tienen una tarea especial; no somos ermitaños de la fe, y no podemos pretender que en cada uno de nosotros de manera individual se agote todo el misterio de la evangelización.

Sólo podremos descubrir la verdad en nuestra vida en la medida que establecemos relaciones con los demás.

Un matrimonio; una mujer, un marido, descubre la verdad de su corazón y la verdad de su vida, solamente abriéndose al otro, a los demás. Y abrirse a los demás ayuda a que otros también descubran el mensaje del Reino de Dios.

Un sacerdote que piensa que solo puede evangelizar mejor; no conoce y no leyó el evangelio de hoy. Ojalá que podamos descubrir esta verdad. Cuando uno está con otros, cuando uno transmite la verdad del Evangelio con otra persona, escucha otra cosa, descubre que esa persona llega a los demás de otra manera y es así como uno descubre la riqueza del mensaje de Jesús.

Él no quiso estar solo, Jesús llamo a doce; Jesús no quiso enviarnos solos y en la Iglesia no estamos solos, somos una gran familia que como cuerpo de Cristo, transmitimos el mensaje de un Dios que tampoco es solitario, de un Dios que es familia: es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Share
Etiquetas:

Deja una respuesta