Marcos 8, 22-23 – VI Miércoles durante el año

 

 

Cuando Jesús y sus discípulos, llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara. El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?» El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan.»

Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»

Palabra del Señor

Comentario

Somos capaces de ver un día un milagro y al otro día olvidarlo. Somos capaces de emocionarnos hasta las lágrimas al tener una experiencia profunda de fe, una experiencia real de Jesús en nuestras vidas e inmediatamente después ser presos de la pereza, de la duda, de la incomprensión. A todos nos puede pasar, somos capaces. Pero es una maravilla poder ir leyendo y meditando cada día la palabra de Dios, siguiendo el “hilo” de los relatos que nos propone la Iglesia, porque uno ve ahí más claramente el proceso de los mismos apóstoles, de los que estaban cerca de Jesús. Uno va percibiendo también como les costó, como fueron creciendo, como Jesús los fue llevando de la mano hasta que se les abrieron los ojos definitivamente en la resurrección.

Te aconsejo que leas todos los días, siempre, te aconsejo que nunca dejes la lectura diaria, pase lo que pase, sea como fuera el modo en que lo hagas, pero no la dejes. Incluso lo mejor sería algún día prescindir de los comentarios “ajenos” por más buenos y lindos que sean, porque es la manera de crecer. Muchas personas ya me han dicho varias veces que primero leen el evangelio por su cuenta y después escuchan los audios. ¡Qué alegría que sea así! La alegría del predicador que busca que los demás se encuentren personalmente con Jesús. Es necesario que sea así. Es verdad que ninguno de nosotros es experto en la palabra de Dios, que siempre necesitamos de la ayuda de la Iglesia para interpretarla, para entenderla, pero también es cierto… que necesitamos crecer, no podemos depender siempre de un audio, de un mail o de un libro. Probá hoy volver a leer el evangelio solo o sola, o en familia, probá hoy tomar tu biblia y buscar el evangelio de Marcos, incluso marcar las partes que te van diciendo algo, marcar los verbos que te dicen algo especial, las actitudes, hacé tu propio camino, tu propio trabajo, tu propia escucha. Vas a ver muchos más frutos.

Se que este modo de evangelizar por los audios nunca se tiene que terminar, siempre alguien lo tiene que hacer, porque logra lo inimaginable, hace llegar la palabra de Dios a corazones que nunca antes hubiese llegado, mientras miles y miles de biblias están encajonadas, con tierra, están en bibliotecas familiares, los audios con la Palabra de Dios se “meten” en los celulares, y ojalá en los corazones, de personas que jamás se animarían a leer su biblia, por eso no lo dejemos, pero también por eso, animémonos a crecer por nuestra cuenta.

Hablando de llevar de la mano… ¿Te diste cuenta del detalle de hoy? Algo del evangelio dice así: … “tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo” Un milagro de Jesús personalizado y por “cuotas”. Primero le puso saliva y le impuso las manos, pero no alcanzó, tuvo que imponerle las manos otra vez para que pueda ver definitivamente. ¿Qué raro no? Pero qué lindo. Para rezar y pensar muchas cosas.

Jesús que a veces elige darle a cada uno lo que necesita en el lugar que él sabe que es mejor, sin nadie, “a las afueras del pueblo”, a las afueras de este mundo alocado, sin gente, sin “mirones”, sin chusmas, sin molestias. Jesús por ahí con nosotros está haciendo lo mismo, nos está llevando de la mano, nos conduce a donde él quiere, y aunque nosotros no comprendemos porqué no nos da lo que le pedimos ahora, él lo hace así, lo quiere así, sabe qué es lo mejor. ¿No estará haciendo lo mismo con vos o conmigo, en silencio, sin que nadie lo sepa, pero de la mano? ¿No será que no tenemos que desesperar, que tenemos que confiar, que nuestra ceguera él la curará? ¿No es más lindo también un milagro “personalizado” sin que nadie lo vea? Tiene su encanto también.

¿Por qué por cuotas, por etapas nos podemos preguntar? Bueno, eso mejor hay que preguntárselo a él. Pero mirémoslo desde nuestro corazón. ¿No será porque nos falta fe? ¿Qué le habrá pasado en el corazón a ese cieguito? ¿No será porque también tenía que sanar su mirada interior y dejar de ver a la gente como si fueran árboles?  ¿No será que Jesús también quiere curar nuestras “ansias” de que todo sea ya, de que todo sea por un clic? Muchas preguntas. Alguna por ahí nos encaja bien. Por ahí la mejor pregunta es la que te tenés que hacer vos mismo. ¿No será que la curación de nuestra ceguera también es un proceso, como todo, y que es lindo ver como Jesús nos acompaña de la mano hasta que podamos ver bien?

Mientras tanto, luchemos interiormente por dejar de ver a los hombres, a nuestros más queridos, a los que andan por ahí, a los que están en la calle, a los más pobres, a los menos queridos, como “si fueran árboles que caminan”. Son hijos de Dios, son hermanos nuestros, y nos perdemos de algo si no vamos aprendiendo a mirarlos bien. Que Jesús nos lleve, nos conduzca de la mano a donde Él quiera, para curarnos definitivamente de nuestras cegueras.

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