Mateo 10, 34-11, 1 – XV Lunes durante el año

Jesús dijo a sus apóstoles:

«No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada. Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra; y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.»

Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.

Palabra del Señor

Comentario

Comenzamos una nueva semana, para agradecer, para seguir aprendiendo, para llenarnos de entusiasmo y de gozo al experimentar que Jesús sigue estando con nosotros y estará con nosotros siempre, hasta el fin, como Él lo prometió. Él nos sigue guiando día a día por medio de su palabra, por medio de su Iglesia y sus pastores, por medio de la oración, por medio de los que nos rodean. Quería contarte algo. El otro día antes de empezar los bautismos en la parroquia, me puse a conversar con unas pequeñitas que eran parientes de una de las niñas que tenía bautizar, y les pregunté si estaban bautizadas, tenían entre ocho y nueve años… me dijeron que sí, pero una de ellas me dijo algo maravilloso que quería contarte: Me dijo: “Si padre, estoy bautizada, pero yo quiero conocer más a Diosito” Me dio tanta ternura, que me tuve ganas de ser niño como ella, me acordé de lo que dice Jesús, que hay que hacerse como niños para entrar en el Reino de los Cielos. Te propongo que podamos pedirle a “Diosito”, como decía esa niña, que tengamos esas ganas, esos deseos de conocerlo, de amarlo y de seguirlo, porque como decía el salmo de ayer: “Busquen al Señor y vivirán”, debemos buscarlo a Él para vivir, para vivir mejor.

Por eso levantate hoy con ganas de más, con ganas de seguir escuchando, de seguir enriqueciéndote, de seguir amando, nos queda mucho por recorrer. No todo se comprende de un día para el otro, no se comprende todo de golpe, no se comprende todo por comprender algo chiquito, no seamos impacientes. Sigamos el camino que nos propone Jesús, el del evangelio de ayer, domingo, en donde claramente nos enseñaba quién es nuestro prójimo, o mejor dicho nos enseñaba a “hacernos prójimos” de los otros, de los tirados al borde del camino, esos que el mundo desprecia, o incluso a veces dentro de la Iglesia nosotros no prestamos la atención adecuada. Era dura la parábola de ayer, era directa y concreta… ni el sacerdote, ni el levita tuvieron compasión, esos que deberían haberla tenido, pasaron de largo, sin embargo, un samaritano, uno de esos que los judíos despreciaban, fue el que cumplió el mandato de Dios, el mandato del amor. Para seguir rezando esta semana.

De hace unos días alguien me dijo algo así: “Padre, ahora voy comprendiendo de a poco, los evangelios que desde hace unas semanas no entendí ahora los entiendo, ahora con estos que siguen los empecé a comprender” ¡Sí es así! Lo que pasa es que muchas veces somos ansiosos y superficiales. Decía la primera lectura de ayer: “la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques” La palabra se va comprendiendo en la medida que se la practica y se la practica en la medida que se la va comprendiendo! ¡Ah, decimos a veces, ahora entiendo! ¿Cuántas veces nos pasó eso? Por eso no te canses. No nos cansemos de escuchar y profundizar.

Algo del evangelio de hoy, es para comprender a lo largo de la semana, o mejor dicho a lo largo de la vida. Asusta, pero es así. Jesús es todo y pide todo, no por capricho, no por caprichoso, sino por nuestro bien, para nuestra felicidad. Porque solo amando a Jesús más y primero, podremos amar a nuestras familias plenamente y ser felices en serio. Mientras tanto los amores compiten, cuando en realidad el de Jesús potencia todo lo demás. Esto solo lo comprende el que se siente discípulo, el que lo sigue seriamente, por eso hoy Jesús les habla a sus discípulos, no es para cualquiera, es para el que lo descubrió como el amor de su vida. Solo una enamorada o un enamorado de Jesús, sólo el que fue tocado por su gracia, puede decir con total naturalidad y sin culpa: “Yo amo más a Jesús que a mi padre, que, a mi madre, que a mis hijos” Y por amar más a Jesús no quiere decir que no amo más a mi familia, sino que los amo mejor, como Él quiere. No te asustes si no te sale decir semejantes palabras, no te asustes si todavía no amás más a Jesús que a tus seres queridos. La fe y al amor a Jesús son un camino. Falta mucho por recorrer, nos falta un largo trecho. Hay que tenerse paciencia a uno mismo. No te olvides de la paciencia. Si ya amás a Jesús más que todos, no te impacientes ni te enojes con los que no te comprenden, ya tenemos todo, los otros todavía les falta descubrirlo. Sigamos en este camino, no aflojemos. Sigamos caminando de la mano de Jesús que siempre nos anima y nos alienta a estar con Él, a escuchar su palabra, a querer conocerlo más. “Diosito” ayudanos hoy a desear conocerte y amarte más.

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