Mateo 10, 7-13 – Memoria San Bernabé Apóstol

 

 

Jesús dijo a sus apóstoles:

Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.”

No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.

Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Palabra del Señor

Comentario

A pesar de que San Bernabé no fue uno de los doce elegidos por Jesús, es considerado Apóstol por los primeros padres de la Iglesia, incluso por San Lucas, a causa de la misión especial que le confió el Espíritu Santo y de su gran tarea apostólica junto a San Pablo, y por eso, aunque hoy no sea una fiesta del grado de un apóstol, se celebra este santo por considerarlo fundamental en los comienzos de la Iglesia.

La palabra apóstol significa enviado, por lo tanto, sirve también para nosotros, para vos y para mí. Podemos decir que, de modos distintos, todos somos enviados por Jesús, todos los cristianos somos apóstoles de Jesús para ayudar a que otros también se sientan amados y llamados.

Por eso cuando escuchemos la palabra apóstoles, no solo tenemos que pensar en los “grandes” elegidos de Jesús, sino que es para todos, para los más desconocidos, para, como decía el Papa Francisco, “los santos de la puerta de al lado”, los comunes, los de todos los días, los que están a tu lado y por ahí ni te das cuenta. Los enviados desconocidos, como vos y yo, los “apóstoles” que se fraguan en la vida cotidiana, sin “propaganda”, sin que nadie los aplauda. Los enviados que se caen todos los días por sus debilidades, pero que quieren seguir, que se dan cuenta que no hay otro camino mejor que este, el de Jesús, y aunque el “maligno” nos llene de propuestas aparentemente lindas y atractivas, esas que todos quieren elegir, seguimos intentando ser fieles en medio de los “lobos”. Por eso, cuando escuchemos la palabra apóstoles no miremos a otro lado, no miremos al pasado, mejor aprendamos del pasado y de los apóstoles, de los santos, para reconocer y darnos cuenta, que Jesús quiere hacernos formar parte de esa misma historia, llamándonos a trabajar por Él y con Él, en el mejor trabajo que podamos imaginar en este mundo. El trabajo que da la mayor y mejor remuneración, la vida eterna que empieza acá en la tierra y continuará junto a Él y todos los santos en el cielo.

Pero vayamos a algo del evangelio de hoy, en donde de alguna manera Jesús nos da las “instrucciones” para ser un verdadero apóstol, como Él quiere. Sería imposible analizar en detalle todo lo que Jesús nos pide, o a lo que nos envía, pero sí podemos tomar algo o por lo menos rezar con lo esencial. Todos los apóstoles experimentaron de alguna manera esto que Jesús les pidió, cada uno a su modo, pero tarde o temprano pudieron vivirlo a lo largo de sus vidas. Hay una frase que parece ser como el sustento de todo, el cimiento, lo que sostiene toda la misión y el modo de ser apóstol. ¿Se te ocurre cuál? ¿Te imaginás cuál es?… “Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.” La clave del enviado, del apóstol, del cristiano, es reconocer la gratuidad del amor de Jesús. Nadie es cristiano únicamente por decisión propia, sino que lo es, fundamentalmente porque fue elegido, tomado, “apartado” del mundo para una misión especial. Somos cristianos maduros, por decir así, obviamente cuando hacemos propia y consiente esta elección gratuita, sin mérito alguno. Pero para poder elegir, previamente fuimos elegidos, por pura iniciativa de Dios Padre, por medio de su Hijo Jesús. Por eso cuando creas que depende de vos, cuando te creas cristiano por mérito propio, dejás de serlo, de modo figurado, en el momento de pensar así o de actuar como si no fueses elegido. La elección es gratuita, no hay grises, no fue por nuestras acciones, por nuestras obras, sino que fue por puro amor, sin que nos hayan preguntado mucho. Y esto no nos hace esclavos, sino todo lo contrario, nos hace libres, nos hace aptos para elegir bien, para elegir siempre el amor, siempre la gratuidad, siempre la entrega, siempre la santidad.

Solo el que descubre la gratuidad puede vivir dando gratuitamente. Solo el que se siente amado, elegido y enviado, puede obrar como Jesús nos pide obrar y hacer lo que Él haría en nuestro lugar. Solo el que descubre que debe dar gratuitamente se da cuenta que, para llevar el amor de Jesús, en el fondo, no necesita llevar nada, no le hace falta nada, porque ya tiene todo. Por eso Jesús nos recomienda no llevar nada, o llevar solo lo indispensable, porque no hace falta. Cuantas más cosas necesitamos para hablar del amor y para dar amor, en el fondo es porque no descubrimos lo que es el amor. En este mundo donde todo parece ser negociable, donde todo se compra y se vende, parece ser imposible amar sin dar algo, parece imposible dar amor sin algo material, sin embargo, Jesús nos insiste una y mil veces, no lleven esto y lo otro, no se preocupen, no se preocupen.

¡Cuánto nos falta Señor para comprender esto! O a veces lo comprendemos y rápidamente lo olvidamos. Nos adueñamos de lo que nos diste gratuitamente. Pasa en la Iglesia, pasa en nuestras comunidades, pasa en nuestros corazones, nos pasa siempre, es el gran peligro… haber recibido gratuitamente, pero intentar dar pretendiendo recibir algo a cambio. No pienses necesariamente en dinero, esa sería nuestra peor corrupción, que incluso pasa, sino que me refiero a cuando reclamamos al dar, y lo hacemos de mil maneras diferentes. Reclamamos amor dando amor, reclamamos atención dando atención, reclamamos tiempo cuando damos tiempo…. Por eso volvamos a escuchar estas lindas palabras… “Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.”

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