Mateo 11, 25-27 – XV Miércoles durante el año

Jesús dijo:

«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Palabra del Señor

Comentario

Creo que son muchísimas las veces que te he dicho esto, que te he comentado que el Evangelio también se comprende con la misma vida, que a veces las situaciones de cada día, lo que nos toca vivir y contemplar a lo largo de nuestro día; nos ayuda a comprender la Palabra.

Muchas veces lo que leemos en la Palabra nos ayuda a comprender la propia vida. Es así tenemos que andar atentos; la Palabra de Dios no sólo está escrita en la Biblia, sino que está escrita en los corazones de las personas, está escrita en la creación, está escrita en lo que nos pasa…

Y por eso hoy te invito a que digas conmigo: “Te alabo Padre del cielo, Señor del cielo y de la tierra; porque has revelado estas cosas a los pequeños y se las has ocultado a los sabios y prudentes”. 

¡Sí es verdad!, hay que estar atentos y descubrir cómo a veces los pequeños del mundo, los que a veces no son tenidos en cuenta, los que a veces nadie da nada por ellos; son los que más nos muestran la presencia de Dios en la vida, en cambio; aquellos que creen que se las saben todas no importa su condición social o raza, pero aquellos que se creen “sabios y prudentes” son donde menos se manifiesta Dios. 

Y en la medida en que nos hacemos pequeños; Dios se hace grande en nosotros, y cuando nos hacemos grandes, nos creemos los grandes; Dios no se deja mostrar.

Y me pasó algo estos días que me confirma esto y me lleno de alegría: se acercó a mí una adolescente de la parroquia que por diversas circunstancias había tenido que dejar su preparación a la Confirmación, y estaba triste porque en realidad en sus 15 años salió a trabajar, sí salió a trabajar para ayudar a su abuela, no tiene ni madre ni padre, vive con su abuela pero ella deseaba ayudarla por supuesto, y deseaba también al mismo tiempo recibir la confirmación; pero tuvo que dejar su preparación y se acercó a mí para pedirme ayuda… 

Yo le dije: ¿Te querés confirmar: 

¡Sí!  -me dijo-, 

¿Y porqué te querés confirmar?:

Padre,  -me dijo-  ¡Yo deseo con todo mi corazón conocer más a Jesús!

Ella solamente estaba bautizada, me sorprendió; solamente bautizada y mirá con la claridad y con la sencillez que me decía algo que cualquiera de nosotros lo desearía tener en su corazón: “Quiero conocer a Jesús padre, quiero más… Yo a veces voy a la Confirmación a prepararme pero siento que es poco, yo quiero leer más la Palabra; padre, ¡yo no entiendo cómo no se dan cuenta que la Palabra tiene una fuerza que transforma los corazones!”

Yo me quedaba mirandola y no podía creer lo que estaba escuchando; le dije: 

¿De dónde sacás eso?, ¿Cómo tenés eso tan lindo en el corazón?:

– “No sé padre, yo quiero más, yo no quiero que la Confirmación sea para mí algo más…, quiero que se transforme en lo más importante de mi vida, y por eso me bajé una aplicación y trato de leer la Biblia todos los días-

¿Les digo la verdad?: ¡no salía de mi asombro!, y en ese momento le dije: lo que me estás diciendo me alegra el corazón, me estás haciendo emocionar; y ella al mismo tiempo lloraba y a mí se me caía una lagrima. 

¡Que increíble!, que una chica sencilla de un barrio perdido acá en el Gran Buenos Aires, un lugar al que nadie le da importancia, que incluso ni socialmente es tenido en cuenta; esta chica “pequeña”, pequeña para el mundo, solamente con el Bautismo tenía una claridad para desear la gracia de Dios mucho más grande de la que yo imaginaba y de la que uno puede tener.

¡Qué necios que somos a veces en la Iglesia! Y nosotros muchas veces ponemos trabas, impedimos, ¿no?; y sin embargo Dios se manifiesta, Jesús se revela a quien Él quiere y aunque nosotros pongamos trabas e impidamos que mucha gente se acerque a Dios; Jesús gracias a Dios, se las ingenia para acercar cada día más personas a su corazón y al Padre…

“Te alabo Padre, Señor del cielo y la tierra, porque revelaste estas cosas a pequeños, a los perdidos del mundo, a los que nadie tiene en cuenta… Y me las has revelado a mí”

Y nos la revela a nosotros si estamos atentos, estate atento a los pequeños, a aquellos que nadie tiene en cuenta,
estate atento a los sencillos, a los pobres de corazón y a los pobres materialmente; porque ellos tienen mucha sabiduría en el corazón para enseñarnos.

Ojalá que aprendamos del Evangelio vivido, del Evangelio en la vida diaria, del que vemos a cada paso; y ojalá nunca seamos “sabios y prudentes” que pongamos trabas a los demás para acercarse a Dios, que no seamos la “aduana” de la Iglesia; sino que seamos al contrario, canal vivo, instrumento vivo de la gracia de Dios que no para de manifestarse en el mundo, especialmente a los más pequeños.

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