Mateo 12, 14-21 – XV Sábado durante el año

En seguida los fariseos salieron y se confabularon para buscar la forma de acabar con él.

Al enterarse de esto, Jesús se alejó de allí. Muchos lo siguieron, y los curó a todos. Pero él les ordenó severamente que no lo dieran a conocer, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías:

Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre.

Palabra del Señor

Comentario

¿Pensaste alguna vez o en estos días lo importante que es empezar el día escuchando la Palabra de Dios?

¿Pensaste qué diferencia existe cuando uno empieza el día tratando de escuchar algo de lo que Dios nos quiere decir?

Hoy es un día que Dios nos regala de nuevo para poder escucharlo, para que algunos disfruten un poco de descanso; otros también tendrán que trabajar, pero disfrutando de las cosas que Dios nos va a presentar en este día.

Y para eso, como me dijeron hace unos días con una frase muy linda: “uno abre los oídos a quien primero abre el corazón”. Entonces para abrir nuestros oídos a Jesús y escucharlo verdaderamente: ¡abramos el corazón!, démonos cuenta de la importancia que tiene escuchar a Dios, en su Palabra.

“Quien no conoce las Escrituras desconoce a Cristo” —decía San Jerónimo—, hay que conocer lo que Dios nos dice; de alguna manera, en la medida que uno pueda…

Así que en eso estamos.

Por eso hoy escuchamos el Evangelio que continúa un poco el de ayer, y simplemente quería remarcar dos actitudes: una la de los fariseos; y la otra, la de Jesús.

Los fariseos siguen en su empecinamiento, no se contentan con haber juzgado; sino que ahora dice el Evangelio que “buscan la forma de acabar con Jesús”, (otras traducciones dicen: de terminar con Él, de eliminarlo, de matarlo; que es finalmente lo que van a lograr)

Eso quiere decir que cuando no hay misericordia; matamos. Los fariseos terminan matando porque no tienen misericordia, acordémonos de ayer: “Si hubiesen comprendido lo que significa misericordia y no sacrificios, no hubiesen condenado a los inocentes”.

Matamos; nosotros también matamos cuando no tenemos misericordia, no matamos a Jesús directamente, no somos tan malos; pero ¿cuántas veces matamos en la forma de vivir? ¿Cuántas veces matamos con la mirada? Matamos a nuestra mujer, a nuestro marido: no mirándolo, haciendo otra cosa…

¿Cuántas veces matamos a nuestros hermanos a nuestros hijos; pegando un portazo, yéndonos, ¿no queriendo hablar? ¿Cuántas veces matamos cuando criticamos?

Vamos matando la vida, vamos matando la vida que hay en nosotros, que Dios nos dio, que nos la dio para que la disfrutemos; ¡no para que matemos!

Por eso la falta de misericordia mata. Te mata a vos, me mata a mí; porque te hace vivir triste si no tenés misericordia, si no mirás a los otros como Jesús los mira.

Y, por otro lado, la actitud de Jesús; totalmente contraria. Jesús prefiere que no digan lo que Él hace, no quiere ser reconocido. El profeta Isaías anunciaba un Dios diferente: “No discutirá ni gritará y nadie oirá su voz en las plazas”.

No discute, Dios no discute. Dios propone, Dios te propone; hoy nos propone vivir en paz, vivir con misericordia. Eso es lo que nos propone. Jesús no grita, no te grita nunca y no quiere que grites, no quiere que nos gritemos; Él quiere que hoy vivamos un día en paz.

Ojalá que el Señor nos conceda esa gracia, vivir un día lleno de misericordia, para con nosotros y para con los demás.

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