Mateo 12, 46-50 – XVI Martes durante el año

Jesús estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte.»

Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Palabra del Señor

Comentario

Esta semana vamos a continuar con la escena del evangelio del domingo, no te olvides. Marta y María. Las hermanas que parecen opuestas, pero que conviven en nuestro corazón. Es un evangelio tan lindo que daría para meditar todos los días, pero no te voy a cansar. Solo retomo algunas cosas, para que de a poquito nos vayan dando ganas de ser más Marías, de tener el corazón y las ganas de María para vivir la vida, aún en medio de tantas cosas, a los pies de Jesús. Se puede, se puede. Ayer te decía que para Marta ya tenemos demasiados, “la Marta” del corazón nos sale casi espontáneamente, hasta a veces sin querer nos llaman “Marta. Ayer a la mañana me llegó un testimonio de alguien que le hizo muy bien la palabra de Dios en estos días. Me hizo reír al principio, vos también te vas a reír seguramente, pero es muy profundo. Así me lo contaron, literal: el viernes termine una semana de trabajo realmente agotadora y súper frustrante, volvía a casa llorando todos los días estresada con el trabajo. Voy a adoración un rato y lo dejo todo en manos de Dios, un poco para tener más paz y me muestre como seguir. El evangelio de Marta siempre resuena en mi de una forma especial, viste que yo ando de acá para allá con mil actividades. ¡Hoy a la mañana venía para el trabajo meditando ese evangelio y el de hoy…llegó al trabajo y el de seguridad, que me súper conoce y me saluda todos los días por mi nombre, hoy me dice…hola Marta! “Ay perdón no sé porque te dije Marta!” Bueno, creo que no hace falta más comentario. Es gracioso, pero sacá tus propias conclusiones, encontrá en ese testimonio lo que genera la palabra de Dios, es un espejo de la vida, y la vida diaria la confirma, solo hay que andar atento por la vida.

Y del Evangelio de hoy me gustaría detenernos en un detalle muy lindo de esta escena donde María se acerca a Jesús junto con otros parientes queriendo hablar con Él. Y mientras Jesús está hablando, otros lo interrumpen para avisarle. Sin embargo Jesús hace algo muy importante: señala a sus discípulos —y esto es importante—, señala a “sus discípulos”; no a todos. No señala a la multitud; sino señala a sus discípulos que cumplían la voluntad del Padre y dice esta frase tan importante: «Estos son mi madre y mis hermanos: los que cumplen la voluntad de mi Padre».

Quiere decir que Jesús de alguna manera “distingue”, reconoce una diferencia: no es lo mismo la multitud que sus discípulos.

Para Jesús todos somos hermanos, con esta distinción que hace, no quiere decir que está rechazando a los otros; sin embargo, unos se comportan como hermanos y otros no.

No todos los que estaban cerca de Jesús cumplían la voluntad del Padre, sino sólo sus discípulos a los que Jesús “señala”.

No todos los que hoy estamos cerca de Jesús cumplimos la voluntad del Padre, no todos los que decimos que somos cristianos cumplimos la voluntad del Padre; ¡no!, de hecho, muchas veces nuestro comportamiento es más bien un anti testimonio; no siempre cumplimos la voluntad del Padre…

Entonces Jesús hoy distingue no para que te asustes sino para invitarte a algo más: para invitarte a ser y hacerte hermano del otro, no sólo por un vínculo de sangre; sino que ese “hacerte hermano” tenga que ver con tus actitudes, con lo que hacés con los otros, hacerte hermano porque querés vivir eso.

Entonces lo que en principio parecería una respuesta dura de Jesús —incluso hasta de desprecio— hacia María y sus parientes, es todo lo contrario; al revés, está exaltando a María porque ella es la primera que aceptó y cumplió siempre la voluntad del Padre y al mismo tiempo está abriendo el corazón a miles y miles de hombres de toda la historia que cumplirán la voluntad del Padre y que se harán hijos, vivirán como hijos y serán hermanos de Jesús. Es como los vínculos humanos de relación filial: siempre se es hijo de un padre, porque el padre no puede renunciar a la paternidad de aquel hijo; sin embargo, no siempre somos buenos hijos o nos comportamos como verdaderos hijos.

Por eso ser hermano de Jesús te amplía el horizonte, como cuando levantás la cabeza y ves un paisaje, como cuando estás en la playa y mirás el mar hasta el fondo…, ser hermano de Jesús te amplía el horizonte y te hace incluir a muchísimas personas, ser hermano de Jesús te abre el corazón a una familia mucho más grande y universal; mirá lo que es la Iglesia, mirá la cantidad de personas que seguro conociste en este camino que nos lleva a Jesús y que ahora son hermanos tuyos gracias al vínculo con Jesús.

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