Mateo 14, 1-12 – XVII Sábado durante el año

 

 

La fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes, y él dijo a sus allegados: «Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos.»

Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.» Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.

El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.

Instigada por su madre, ella dijo: «Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista.»

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre. Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Vamos a terminar esta semana, concluyendo el texto de la Carta a los Hebreos 4, 12-13; dónde venimos escuchando cómo la Palabra de Dios nos enseña sobre ella misma. Es para que lo repitas, para que lo recuerdes; ojalá puedas acordarte de los textos de la Palabra de Dios que van calando en el corazón.

Dice así: «Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo, ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, y de las articulaciones y de la médula y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón».

Y hoy agregamos: «Ninguna cosa creada escapa a su vista sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas».

Entonces quedate con estas palabras: la Palabra de Dios es viva; te habla ahora, realmente quiere darte vida, quiere transmitirte algo. Es eficaz porque produce algo en tu alma; debe producir algo en tu alma, en tu corazón, en tus sentimientos, en tus pensamientos; por eso también es “cortante” porque quiere entrar, quiere penetrar para discernir, para ayudarte a distinguir aquellas cosas que pensás, aquellas cosas que sentís para orientarlas según el pensamiento de Dios.

Y hoy dice la Palabra que ninguna cosa creada escapa a su vista, que «…todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas».

¿Quién es aquel a quien debemos rendir cuentas? Jesucristo.Ante Él algún día rendiremos cuentas porque Él es la Palabra de Dios, Él es la PALABRA con mayúscula; no es sólo la Escritura, la Escritura es un modo de transmitirnos la verdad de Dios; su Palabra que es Cristo.

Entonces esta Palabra de Dios es una Persona, por eso es viva porque está actuando y actuó seguramente en estos días en tu alma; es eficaz porque va trasformando, también corta, penetra y discierne.

Y para que esa Palabra realmente haya calado hondo en esta semana o que cale hondo en esta semana, tomate un tiempito para repasar lo de estos días. Yo te voy a decir algunos textos que por ahí resonaron en esta semana bastante y si podés frenate un ratito, volvé a escuchar, elegí algún audio de la semana que más te haya gustado, que más hayas querido profundizar y no tuviste tiempo de hacerlo… Aprovechá este sábado, aprovechá la mañana o la tarde un ratito.

El lunes veíamos como el Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza, se parece también a un poco de levadura; el Reino de los Cielos empieza de manera “silenciosa” pero transforma la realidad, nuestras realidades. Pensá si el Reino de los Cielos está haciendo eso en tu vida, si está presente en vos, en esa aceptación del SÍ a Dios.

El martes veíamos cómo el que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre y el que siembra la cizaña es el maligno; y la cosecha será el fin del mundo y los cosechadores serán los ángeles. Acordate que no somos los cosechadores, nosotros simplemente somos aquellos tenemos que saber esperar, a veces tenemos que aprender a convivir con las cosas malas de nuestra vida y de la de los demás; mirar como Dios mira las cosas, con esa paciencia que va a esperar hasta el final para poder salvar a todos los que Él quiere, porque Él es el primero que desea que todos los hombres se salven.

El miércoles decíamos que lo fundamental que tenemos que guardar en el corazón, es que el amor de Jesús vale más que todo lo que podamos tener, el tesoro vale más que el campo en donde estaba escondido y vale más que todos los bienes del hombre, y por eso es capaz de vender todo lo que tenía. Nadie vende todo si lo que va a comprar no es más valioso, mejor. Jesús es todo, es todo lo que necesitamos y anhelamos. Jesús es el tesoro que andamos buscando casi sin darnos cuenta, Jesús es lo que te hizo cambiar de vida,

El jueves vimos como el Reino de los Cielos era como una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces, ¡de todo! Así es el Reino de Dios quiere todo: los gordos, los flacos; los feos, los lindos; los que vos no querés tanto, pero Dios si los quiere; los que a vos te cuestan, ¡todos! Dios quiere que todos entren en el Reino de los Cielos. Después separará…, a Él le tocará separar.

Y el viernes veíamos como todos quedaban maravillados al escuchar a Jesús, pero sin embargo dice el texto que no hizo muchos milagros a causa de la falta de fe de esa gente. Acordate que Jesús no hacía muchos milagros o no podía hacer muchos milagros en donde no había fe; al contrario, se necesita fe para poder ver los milagros.

Fíjate si esta semana pudiste ver más allá de lo que viste y de lo que viviste; si trascendiste a lo que hiciste o te quedaste en la materialidad y la superficialidad de las cosas.

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