Mateo 17, 14-20 – XVIII Sábado durante el año

 

 

Un hombre se acercó a Jesús y, cayendo de rodillas, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron sanar.»

Jesús respondió: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí.» Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que, desde aquel momento, quedó sano.

Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?»

«Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que, si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: “Trasládate de aquí a allá”, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes.»

Palabra del Señor

Resumen semana XVIII

Te propongo que al finalizar esta semana seguramente si estás más tranquilo o más tranquila puedas repasar las Palabras que Dios nos dijo esta semana para que se transformen en lámpara y así nos puedan iluminar. Seguramente te mostraron algo que no habías visto; iluminaron, consolaron, te guiaron y acompañaron durante esta semana y te quieren acompañar para siempre; eso hace la Palabra de Dios: “permanece para siempre y está firme en cielo”, está firme en todos lados.

En la medida en que hayas escuchado a Dios y te haya iluminado va a permanecer; si no, será como esa semilla que cae en el camino, se la llevará el maligno.

Esta es mi propuesta, que puedas volver a escuchar alguna de las Palabras de Dios de esta semana y elijas qué es lo que más te ayudó, qué es lo que más te habló en estos días.

Recordemos que el lunes Jesús se transfiguraba, algo parecido a esos momentos de nuestra vida en el que se nos manifiesta Dios de alguna manera, no como a Pedro, pero aun así se nos muestra y queremos que dure para siempre.

Sabemos también que Jesús se reveló así para apartar del corazón de los discípulos lo que después será el escándalo de la cruz; se muestra como Dios para que después –cuando Jesús esté en la cruz– crean y no se olviden de eso. Sin embargo, el evangelio muestra que esto no funcionará del todo, por decirlo de algún modo, porque el único que estará al pie de la cruz será el discípulo amado, María y algunas mujeres.

El martes escuchábamos ese evangelio tan lindo en el que Jesús caminaba sobre las aguas y a los discípulos les parecía que veían un fantasma, y Jesús les decía: “Tranquilícense, soy yo; no teman”.

“Tranquilizate soy yo; estoy, estoy en tu vida no tengas miedo…”

Y Pedro lo desafiaba: “Señor si eres tú mándame a ir a tu encuentro sobre el agua”, y Jesús le concedía eso a Pedro, pero Pedro al dudar, al dejarse abatir por las olas, por el miedo, por la violencia del viento; se sintió perdido, comenzó a hundirse y en ese momento le gritó: “¡Señor sálvame!”.

Por ahí en esta semana le gritaste al Señor: “¡Salvame!”, necesito que me salves, me estoy hundiendo a veces en mis propias cosas, en las cosas del mundo.

Y ahí es donde Jesús también nos dice en el corazón a todos: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”, porqué dudaste si yo te he ayudado tanto, porqué dudaste si yo te permití hacer lo que no hubieses podido hacer por vos mismo, ¿por qué dudaste?…

El miércoles escuchábamos el relato tan maravilloso de la mujer “pagana” que “supuestamente” no tenía fe y, sin embargo, Jesús la elogiaba como la mujer que tiene una gran fe. Ella gritaba: “Señor socórreme”; el amor por su hija la había hecho desesperar y pedir con una fe admirable y ante esta actitud Jesús le responde: “Mujer, ¡qué grande es tu fe!, ¡Que se cumpla tu deseo!”

Ojalá que hoy Jesús pueda decirnos eso también: “Qué grande es la fe de ustedes que escuchan mi Palabra, que se cumplan tus deseos, los deseos más profundos de tu vida, principalmente los de vivir según la voluntad de mi Padre”.

El jueves veíamos que Pedro que era capaz de todo, de recibir la revelación más importante, a convertirse en “Satanás” porque sus pensamientos no eran los de Dios. Todo en cuestión de minutos. ¿Te pasó alguna vez? Nos pasa en tantísimas cosas. Cuando recibimos algo, un don, una inspiración, un deseo de amar y sin querer, nos adueñamos de lo recibido, sin querer nos “la creemos” y terminamos patinando después en la curva siguiente, como para que se compruebe que la obra no era nuestra, sino de Dios Padre a través de nosotros. Pienso que a veces nuestro Padre del Cielo permite que “patinemos” para que no olvidemos que todo lo bueno proviene de Él y que jamás podemos adueñarnos de lo que no es nuestro. ¡Qué lindo poder vivir así! Siempre conscientes de que Él es el Padre y es Padre de todos, de que el Reino es de Él, no nuestro, de que Él tiene que ser santificado y no nosotros alabados, de que hay que cumplir su voluntad y no tanto la nuestra.

Y ayer, viernes, Jesús nos invitaba a seguirlo; teniendo en cuenta que seguirlo implica que vayamos detrás de Él, que renunciemos a nosotros mismos, a nuestras cosas y que carguemos con la cruz.

Que las propuestas de esta semana, sean también una manera de encarar el domingo que se nos viene, que es el día del Señor.

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