Mateo 23, 1-12 – XX Sábado durante el año

 

 

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Terminando la semana, con el cansancio a cuestas, con cosas que cuestan digerir un poco más, con alegrías que no esperamos, pero nos hicieron bien, con objetivos que no cumplimos, pero lo intentamos, con enojos que nos hicieron sacar un poco del eje, con un poco de todo, intentaremos “decantar” lo que Jesús nos dijo o dejó de decir en estos días. Acordate que, en la palabra de Dios escrita, no solo son palabras de Dios las palabras que dijeron los personajes, sino también son palabras, los gestos, las acciones, las imágenes, los silencios. Todo “nos dice algo” y en la medida que aprendemos a escuchar con todos los sentidos, con los ojos, con la mirada, Jesús nos hablará siempre y cada vez mejor. Eso es lo que Él quiere.

Sé que parece un trabalenguas lo que estoy te diciendo, pero pensalo, ayuda a no restringir lo que Dios dice, a la sola palabra escrita. Se dicen las cosas de muchas maneras y por eso escuchar, interpretar y llevar a la vida la palabra de Dios, es algo que no se agota jamás, es algo que nunca me voy a cansar de decir. Cuando te canses de escuchar, empezá a preocuparte, empezá a reflexionar y date cuenta que algo tenés que cambiar, algo te está pasando y lo primero que tenés que hacer es escucharte a vos mismo y preguntarte por qué no podés frenarte y reflexionar.

Este sábado es bueno para eso, para intentar brevemente recordar en donde pudiste percibir más la voz de Dios que se manifiesta en la palabra de cada día, en cada evangelio.

El lunes, empezamos la semana con el relato del hombre que preguntaba qué debía hacer para alcanzar una vida eterna después de la muerte; y Jesús le propone un camino para que su vida desde ahora empiece a ser más plena y así pueda llegar algún día al cielo. ¡Qué diferencia! ¡Qué distinta la propuesta de Jesús a nuestras mezquindades y negociados!

Este hombre quiere saber qué tiene que hacer, qué obras buenas tiene que hacer; y Jesús termina invitándolo a seguirlo dejando algo por amor. El hombre pide una receta, Jesús le propone un camino. Este hombre dice “haber cumplido con todos los mandamientos” y Jesús lo invita a “vivir” las cosas, no a cumplirlas.

El martes, Jesús nos miraba fijo para que nos convenzamos de que para Él todo es posible, “acordémonos todos, para Dios todo es posible, es posible que hoy seamos un poco más generosos, es posible que hoy abramos nuestro interior y la riqueza que hay en él a los demás, es posible también que compartamos algo de lo mucho que materialmente poseemos” La riqueza de corazón cierra el acceso a Dios, es como una “llave de paso” cerrada. Solo la generosidad nos abre el corazón a los demás y a Dios.

El miércoles sin comentar mucho te invitaba a hacernos algunas preguntas: ¿Qué reacción o sentimiento nos produce escuchar que este propietario –que es Dios– es capaz de pagar lo mismo a todos, habiendo trabajado diferente cantidad de horas? ¿Qué reacción o sentimiento nos produce? Era para pensar.

El jueves, la palabra decía: “Todo está a punto”, Jesús ya vino, ya está entre nosotros, y el banquete empieza en tu vida –en la mía– cuando conocés a Jesús, cuando lo amás, cuando empezás a descubrirlo en tu familia, en tu trabajo, ahora mientras estás preparándote para salir de tu casa, en tu estudio, en tu oración, en los pobres –no te olvides de los pobres–, en la Misa que es el momento por excelencia donde celebramos el banquete. La invitación es a disfrutar, a amar como Él ama y por eso es una gran fiesta. Él nos invita; pero muchos no quieren escuchar ni aceptar esa invitación, y entonces se lo pierden; es más lo que se pierden, que lo mal que hacen. ¡No te lo pierdas! ¡No lo perdamos! Nos podemos pasar la vida sin amar, sin participar de estas bodas de Dios con los hombres, por pasarnos el día pensando en nuestras cosas, solo en vos, solo en nosotros; y dejar pasar mil oportunidades de invitaciones que el Señor nos hace para estar junto a Él y los demás.

Y ayer, viernes, en la fiesta de San Bartolomé, te invitaba a mirar para atrás y pensar. ¿Quién fue “tu Felipe”? ¿Quién fue el que alguna vez te dijo: ¿Encontré al que siempre quise encontrar? Encontré al que da sentido a mi vida. ¿Quién te ayudó a encontrar al que da sentido a tu vida? ¿Quién fue? ¿Te animás a pensar quien fue y cómo fue ese día? ¿Te animás a pensar y a rezar por ese “Felipe” que te ayudó a que tu vida cambie completamente? ¿Te pusiste a pensar que sería de tu vida si no hubieras conocido a Jesús, y si Él alguna vez no te hubiese dicho “Yo te vi, Yo te vi antes que otros?

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