Mateo 23, 13-22 – XXI Lunes del tiempo durante el año

Jesús habló diciendo:

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno del infierno que ustedes!

¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: “Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale”! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro? Ustedes dicen también: “Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar.” ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda?

Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él. Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita. Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

Palabra del Señor

Comentario

Buen día, espero que empecemos un lindo lunes, estés en el lugar donde estés, estés como estés, deseo que todos empecemos una linda semana. Es lindo imaginar que somos miles los que dispersos por el mundo, cada día hacemos el esfuerzo por escuchar la palabra de Dios. Es lindo imaginar que ahora, al mismo tiempo que vos y yo, alguien está luchando por amar. Vale la pena seguir luchando y escuchando, porque el escuchar es una linda lucha, necesaria, para poder estar mejor, para seguir creciendo. Cuando dejamos de escuchar la voz de nuestro Buen Dios, perdemos lo más necesario, lo fundamental para respirar un aire distinto en un mundo contaminado por la falta de amor, en un mundo lleno de smog del consumismo que nos adormece la conciencia. La conciencia es la que cada día nos debería despertar de nuestra modorra espiritual de pensar y creer que somos “casi” inmortales, sin darnos cuenta que en cualquier momento, podemos partir. Por eso es interesante empezar esta semana retomando la linda escena del evangelio de ayer en donde una persona se le acercaba a Jesús a preguntarle sobre “si era verdad que son pocos los que se salvan”, algo que seguramente habrá escuchado por ahí. ¿Qué imagen de Dios habrá tenido esa persona para pensar así? O ¿Qué le habrián dicho sobre las enseñanzas de Jesús? Esto es importante, porque una cosa es el mensaje de Jesús y otra muy distinta es lo que algunos entendieron, o lo que nosotros entendemos. Una cosa es nuestra fe y decir que tenemos fe, y otra cosa muy distinta es cómo comprendo yo esa fe recibida y cómo la transmito, algo que no siempre tenemos en cuenta. Esa pregunta estába cargada de un pre-concepto, de un prejuicio, porque no preguntó… ¿Cuántos serán los que se salvan? Sino que dijo: “¿Es verdad que son pocos los que se salvan? Seguiremos con este tema estos días.

Hay algo que queda claro de algo del evangelio de hoy. Pocas cosas creo que hacían lamentar y enojar tanto a Jesús como la actitud de los fariseos. Como la dureza de sus corazones. Pocas veces en el evangelio Jesús se enojó tanto como ante estas situaciones. Pocas cosas, seguramente también hoy, hacen doler tanto el corazón de Jesús como el que nosotros repitamos aquellas mismas actitudes y sigamos con el corazón duro, mientras hay tanto por hacer y amar, mientras hay tantos que nos necesitan. ¿Cuáles? Te preguntarás. Todas aquellas que brotan de la hipocresía, de la cerrazón de corazón, del orgullo que nubla y entorpece nuestro modo de obrar y pensar. Duele decirlo, pero… ¡Hay tanto de eso también en nuestra querida Iglesia! No hay que tener miedo a decirlo, no hay que negarlo. Hipocresía hay en todos lados, de eso no hay duda, pero la peor hipocresía es la religiosa, la que surge de hombres y mujeres religiosos, como los fariseos de esa época. Tan relacionada quedó la hipocresía a los fariseos, que en el diccionario aparece la palabra “fariseísmo”, casi como sinónimo de hipocresía. El fariseísmo es la actitud hipócrita que podemos tener todos. Me animo a parafrasear las palabras de Jesús intentando comprenderlas en nuestra situación actual, a nuestra Iglesia. Son los famosos “ayes” de Jesús.

¡Ay, de nosotros los cristianos, que por haber recibido el don y el tesoro más grande que se podría desear, nos paseamos por el mundo pensando y sintiendo que no tenemos que cambiar nada y que malos son los de “afuera”!

¡Ay, de nosotros los cristianos de hoy, que sin darnos cuenta cerramos la puerta de la Iglesia con nuestras actitudes, con nuestros gestos, con nuestra cerrazón a tantos necesitados que andan queriendo entrar atraídos por el Padre!

¡Ay, de nosotros los cristianos, que profesamos nuestra fe, personal y públicamente dando cátedra de amor y después nos paseamos por el mundo sin amar o amando mal, desde un pedestal!

¡Ay de nosotros los cristianos que nos golpeamos el pecho dentro de las Iglesias y después somos capaces de vivir vidas paralelas y de no atender a los que más nos necesitan!

Jesús nos libre de la hipocresía y de la incapacidad para verla en nosotros mismos. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Pidamos ver, ver en serio, ver en lo profundo dándonos cuenta que todos seguramente a veces pecamos de fariseos. Señor, libranos de la ceguera y abrinos los ojos para conocerte y conocernos profundamente, con humildad y verdad.

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