Mateo 23, 23-26 – XXI Martes durante el año

Jesús habló diciendo:

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: ¡la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno! ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

Palabra del Señor

Comentario

Por más que Jesús se haya encargado durante toda su vida de mostrar y enseñar que Dios es Padre, y además es misericordiosamente justo, no todos lo entendieron, ni antes, ni ahora y no siempre lo entenderán. Me refiero a que detrás de la pregunta de esta persona que se le acercó preguntando si “era verdad que son pocos los que se salvan”, evidentemente había un prejuicio, una mala comprensión de la fe, ya sea por lo que había recibido por tradición de Israel, o por lo que escuchaba que decían que decía Jesús. Sin embargo, Jesús no le respondió ni que sí, ni que no, sino que lo invitó a pensar y a plantearse las cosas en serio, en profundidad, como siempre. La clave de la respuesta está en el final del evangelio: “Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos.” ¿Porqué le habrá contestado eso? ¿Habrá sido porque esta persona se creía que estaba en el grupo de los salvados? O ¿Sería porque tenía una imagen de un Dios muy exigente y poco misericordioso? Si Jesús le contestó eso, podríamos conjeturar que algo especial le quería decir, a él y otros tantos, a nosotros también. Muchas veces la religiosidad, los hombres y mujeres religiosos, son los que más peligro tienen de creerse “los primeros” y olvidarse que Dios Padre quiere que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, de otro modo no podría ser Padre, no podría ser el Dios que vino a mostrar y predicar Jesús.

En algo del evangelio de hoy seguimos escuchando los reproches de Jesús a los fariseos. El “fariseísmo” es el gran mal del corazón de los hombres religiosos, y con esto no me refiero únicamente a los sacerdotes y a los consagrados –aunque por supuesto que es más grave cuando se da en nosotros–, sino a todo hombre que se jacta de tener fe y de creer en un Dios que es amor, tal como lo creemos nosotros los cristianos.

Hoy te propongo que pensemos en el por qué muchas veces hacemos ciertas cosas;  porqué nos mentimos y mentimos a los demás, o si querés podemos decirlo de otra manera; nos falta verdad o nos alejamos de la verdad, que nos libera, cuando desde un pensamiento engañoso generamos palabras o frases falsas y actuamos muchas veces hipócritamente, incluso sin darnos cuenta, o bien, al revés; una acción que realizamos que está carente de verdad nos lleva a tener que justificarla con palabras falsas que hace que terminemos engañándonos y justificándonos a nosotros mismos, ¿Cuántas veces hacemos esto?

Vuelvo a decirte y vuelvo a decirme: Jesús rechaza la mentira no solo porque quiere la verdad, así en abstracto, sino porque Él es la verdad y la verdad nos hace libres, y la mentira nos hace mal, nos esclaviza. El ser veraces nos ayuda a dejar de esclavizarnos por la hipocresía. Qué difícil que es vivir en la verdad; nos da miedo mostrarnos como somos, nos da miedo mostrarnos débiles, frágiles, nos da miedo reconocer que nos equivocamos, por orgullo, y, además, porque estamos presionados por un deseo desenfrenado de ser “perfectos”, intachables, exitosos, aplaudidos, nosotros mismos nos presionamos por ser cuasi perfectos; y eso es una perfección engañosa. Y a esto debemos sumarle que el mundo aplaude al supuestamente exitoso y se ríe del mal  llamado fracasado, entonces vivimos más presionados todavía.

Bueno, hoy vemos que los fariseos encarnan esta manera de vivir falsa e hipócrita, ¿qué hace un fariseo? Dos cosas: descuida lo esencial y se preocupa por lo externo, por lo superficial. Descuida lo esencial, descuida la justicia, la misericordia, la fidelidad; “busca filtrar el mosquito” –que está en lo accesorio– y “se traga el camello de lo esencial”.

Por eso somos fariseos cuando criticamos y vemos los pecados ajenos y nosotros no podemos ni con nuestros propios pecados y debilidades que muchas veces son más grandes que los de los demás.   También somos fariseos cuando estamos preocupados y criticamos por cómo se hace esto o aquello, acá o allá pensando que nuestra forma es la mejor y no amamos en lo concreto, como cuando vemos a un pobre y no tenemos caridad. Dice Jesús que hay que practicar esto sin descuidar aquello, lo accesorio y los detalles; no es que no sea importante, pero lo más importante es otra cosa, lo esencial.

Y la segunda característica del fariseo es que se preocupa por lo externo, lo superficial, que no es lo más importante.Todos creen que es bueno, puro, santo, humilde; pero por dentro no tiene misericordia, no es justo, no es fiel, y se olvida de que, si empieza por cuidar su corazón, lo de afuera vendrá por sí solo. Se olvida que tiene mucho que cambiar en sí mismo y se distrae fijándose en las pequeñeces de los demás. El día que se ponga de manifiesto –como dice San Pablo– los corazones y las intenciones de cada uno de nosotros, nos daremos cuenta el tiempo que perdimos “matando mosquitos” porque nos enojaban y no nos dábamos cuenta que se nos llenaba la casa del corazón de camellos, se nos llenaba el corazón invadido por la hipocresía.

Que Jesús hoy nos libre de este virus del fariseísmo que nos ataca a todos y que lo único que logra es enfermar y matar nuestra vida de fe que tiene que ser libre y sencilla, humilde y amorosa.

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