Mateo 5, 33-37 – X Sábado durante el año

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

Palabra del Señor

Comentario

¿Te imaginás que lindo sería un mundo, un trabajo, una comunidad, una familia, un grupo de amigos en donde la palabra sí, sea sí, y la palabra no, sea no? ¿Te imaginás la cantidad de problemas que nos ahorraríamos si supiéramos que nuestro Padre del cielo, más que querer que pongamos garantías externas a nuestra palabra, lo que quiere es que la cumplamos? ¿Te imaginás un mundo en el que todos seamos sinceros y dejemos de lado; el ventajeo, la mentira, la falsedad, la hipocresía, la ambigüedad, la doblez y tantas cosas más que van haciendo de nosotros y de nuestras sociedad un mundo sostenido sobre “gelatina” en donde todo se mueve y nada es firme? ¿Te imaginás un país, una Argentina son deshonestidad, sin “vivos”, sin corrupción? Sé que te estarás riendo, pero está lindo probar. Parece a veces tan lejano esto. Parece tan imposible, pero al mismo tiempo es tan necesario para vivir en paz. Es tan necesario que vos y yo, los hijos de Dios, los que decimos ser cristianos y nos sentimos hermanos de esta humanidad, tomemos conciencia de que la palabra realmente vale y tiene que ser un reflejo de nuestro corazón. ¿Es posible que palabras tan cortitas y sencillas, tan solo con dos letras, sean tan importante para nuestras relaciones humanas? Si, es posible. Dios es sencillo, el evangelio también, nosotros no tanto. La vida debería ser más sencilla de lo que la hacemos. “Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.”

Tenemos que volver a escucharlo. Todo lo que se le agrega a estas dos palabras para que nos crean no viene de Dios, no es de Dios. Si para que alguien nos crea tenemos que poner de “garantía” a Dios, a nuestros hijos, a nuestra mujer, a nuestras madre, a las cosas, o incluso a nuestra propia vida, quiere decir que se perdió la confianza, que no hay confianza, o porque nuestra palabra perdió valor por no haberla cumplido o que con aquel con quien estoy hablando no es digno de mi confianza, porque él no confía en mí.

Cuando juramos para abalar lo que decimos, en el fondo nos estamos menospreciando a nosotros mismos, obviamente sin darnos cuenta. Tu Padre del cielo, y el mío, lo que quiere es que nos amemos los unos a los otros, y que nos amemos nosotros mismos. Y por eso cuando nuestras palabras nos reflejan lo que hay en el corazón, es un signo de que no estamos amando bien, ni a nosotros ni a los otros. El amor es transparencia, es dejar relucir lo que somos y lo que tenemos en nuestro corazón, pero al mismo tiempo tiene que ir acompañado de la verdad que nos enseña el que mejor sabe amar, Jesús. El amor es sincero, el amor no es rebuscado, no tiene doblez… el amor no anda con ambigüedades, no manipula, no vive de la ironía, de la chanza, de las rebuscadas, de la viveza criolla.

Por eso el que es sincero muchas veces sale perdiendo en este mundo hipócrita y bastante mentiroso. Por eso el que quiere andar en la verdad, sin jurar ni poner nada como pantalla, termina siendo despreciado por una sociedad, en la cual estamos incluidos, y que muchas veces le encanta vivir de la superficialidad y la mentira. Una sociedad supuestamente muy abierta y liberal hasta que empezás a pensar distinto que ella. Todo es relativo, hasta que alguien se topa “con el relativo” del otro. Hoy en día a muchos, incluso cristianos, les encanta decir que no hay verdad, de que cada uno tiene su verdad, de que la verdad está en el corazón de cada uno. Obviamente porque es mucho más fácil creer que lo que uno piensa es verdad que hacer el esfuerzo por saber cuál es la verdad. Justamente ayer en un grupo de amigos discutíamos sobre el aborto y uno decía: “La verdad solo está en el corazón de quien determina hacer o no un aborto, en un país avanzado” Y bueno, si pensamos así, la verdad está complicada, la verdad es que estamos complicados. Porque si la verdad es siempre lo que siente mi corazón, bueno cuando se me antoje sentir matar mataré y es verdad, cuando se me antoje robar, robo y esa es mi verdad y así podríamos seguir con miles ejemplos. El tema de la verdad es complicado y no es para un audio, pero creo que nos ayuda a reflexionar en medio de este mundo que dejó de lado las “dictaduras”, odia todo tipo de dictaduras – y está bien – pero sin querer o queriendo se aferró a una nueva dictadura, la del “relativismo”, la del “cada uno tiene su verdad mientras sea feliz”, la del “no hay ninguna verdad absoluta, excepto la mía”

Nosotros, mientras tanto, para no complicarnos la vida y no complicársela a los demás, aprendamos de Jesús, un hombre hecho y derecho y de palabra. Aprendamos a decir que sí, y a cumplir con nuestra palabra. Aprendamos a decir que no, y a saber que el amor muchas veces es decir que no a tiempo y mantener esa posición por el bien del otro. No hay que tener miedo, solo hay que sentirse hijo y vivir como el Hijo, considerando a los otros hermanos, merecedores de nuestra confianza y de nuestra sinceridad.

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