Mateo 5, 33-37 – X Sábado durante el año

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

Palabra del Señor

Resumen de la semana

Podemos aprovechar este sábado para ver el camino recorrido, para ver si pudimos de alguna manera experimentar lo lindo que es cumplir la voluntad de Dios. El mundo se ríe de esto, parece ser de tontos esto de querer “cumplir” la voluntad de Dios. Pero no importa, cuanto más se ría el mundo de nosotros, más tenemos que luchar, más tenemos que desangrarnos por amor. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su vida? El que quiera ganar su vida la perderá, el que pierda su vida por mí la ganará” Me reconforta escuchar estas palabras de Jesús. Siempre me acuerdo que las escuché en una misa en mi juventud cuando le quería “escapar” a la voluntad de Dios, cuando me costaba decirle que sí para entregarme y ser sacerdote. Ahora miro para atrás y me digo: “Menos mal que me elegiste, menos mal que me diste la fuerza para decirte que sí… ¿Qué sería de mí si le hubiera entregado mi vida al mundo?” Estaría tan perdido, estaría tan mal… no sé ni porqué cosas estaría luchando. No hay nada más dichoso que dar la vida por Cristo, por aquel que la dio por nosotros. Dios quiera que la palabra de esta semana nos haya dicho algo, nos haya llenado el corazón, en medio de tantas cosas que nos quieren quitar la paz y hacer entrar en el juego del maligno. Se puede cumplir la voluntad de Dios, se puede vivir según sus enseñanzas, se puede vivir como hijo de Dios, con exigencias, sí, pero feliz, bienaventurados.

El lunes en algo del evangelio, en el día de San Bernabé decíamos que nadie es cristiano únicamente por decisión propia, sino que lo es, fundamentalmente porque fue elegido, tomado, “apartado” del mundo para una misión especial. Somos cristianos maduros, por decir así, obviamente cuando hacemos propia y consiente esta elección gratuita, sin mérito alguno. Pero para poder elegir, previamente fuimos elegidos, por pura iniciativa de Dios Padre, por medio de su Hijo Jesús. Por eso cuando creas que depende de vos, cuando te creas cristiano por mérito propio, dejás de serlo, de modo figurado, en el momento de pensar así o de actuar como si no fueses elegido. La elección es gratuita, no hay grises, no fue por nuestras acciones, por nuestras obras, sino que fue por puro amor, sin que nos hayan preguntado mucho. Y esto no nos hace esclavos, sino todo lo contrario, nos hace libres, nos hace aptos para elegir bien, para elegir siempre el amor, siempre la gratuidad, siempre la entrega, siempre la santidad.

El martes nos hacíamos esta pregunta tan profunda: ¿Cuál era el distintivo de un cristiano?, ¿Qué es lo que finalmente nos hace ser cristianos, nos distingue algo de los demás, nos debería distinguir algo? ¿Qué es lo que Jesús dice que debe distinguir a un discípulo de Él? El Sermón de la Montaña de a poquito nos va llevando a encontrar esa respuesta…

Nos íbamos a sorprender, nos dábamos cuenta que finalmente el distintivo del cristiano es querer glorificar a su Padre, es descubrir que el único sentido de la vida es glorificar al Padre, amándolo y amando a todos sus hijos; amando a los demás como hermanos.

Y por eso el miércoles, Jesús nos explicaba cuál era la relación entre el nuevo modo de vivir de los hijos de Dios; y el modo anterior de vivir, bajo la ley del Antiguo Testamento…

¿Cómo es? ¿Este nuevo modo anula el anterior?  -preguntábamos- ¿Este nuevo modo excluye lo antiguo?: ¡No!, al contrario; este “nuevo modo” llevará a su plenitud al anterior.

Jesús nos enseñará a que tomemos los Mandamientos y descubramos su VERDADERO sentido, Jesús no puede borrar con el codo, lo que el Padre escribió con su mano. Jesús vino a cumplir los Mandamientos, pero también vino a algo mucho más grande; a ayudarnos a cumplirlos y a darnos la fuerza y la gracia para poder cumplirlos.

El jueves, afirmábamos que el que es hijo “en serio”, no se preocupa entonces únicamente por “cumplir” la Ley en su literalidad, no se preocupa únicamente en no matar físicamente a su hermano: “padre yo no maté a nadie” -nos dicen a veces a los sacerdotes-; sino que además un hijo no quiere matar a nadie con el corazón y tampoco matar el corazón de nadie. El que se siente hermano de los demás, jamás va a querer herir al otro, jamás va a querer herir a otro hijo de Dios.

Por eso nos preguntábamos si esto no era lógico, ¿no es lógico que Dios como Padre, desee que todos sus hijos se lleven bien y que no se hieran?, ¿no pretendés vos lo mismo con tus hijos? O sos feliz si tus hijos se pelean entre ellos…?

No alcanza entonces con no matar, no podemos ser tan mediocres de “conformarnos” con no matar a nadie.

Jesús vino a enseñarnos algo más: a AMAR a los demás, no matar a nadie con el pensamiento, con el corazón, no matar a nadie con los ojos o con tus palabras.

Y el viernes, finalmente Jesús nos volvía a decir: “Han oído que se dijo … Yo les digo…”

Yo les vengo a enseñar que tienen que mirar a todos como hermanos, mirar a mujeres y varones como hermanos; todos somos hijos de Dios, y por eso decía que desear a alguien con el corazón es ya de alguna manera, cometer aquello que nuestro deseo busca.

Entonces, fijémonos si esta semana pudimos hacer un esfuerzo por cumplir la voluntad de Dios; subamos para recibir la Ley del Reino de los hijos de Dios, subamos para que Jesús nos abra su Corazón y podamos comprender un poco más cuál es la voluntad del Padre para con cada uno de nosotros.

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