Mateo 7, 15-20 – XII Miércoles durante el año

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos.

Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.

Palabra del Señor

Comentario

¿Alguien alguna vez te dijo que alcanzar una meta es fácil? ¿Qué padre le dice a su hijo cuando empieza una carrera, una profesión, que va a ser todo sin dificultades?  ¿Qué madre le dice a su hija cuando se va a casar y a formar una familia, que todo va a ser color de rosas y jamás tendrá problemas? ¿Quién que te dijo alguna vez que subir una montaña es fácil? En realidad, siendo un poco realistas, debemos reconocer que, aunque ante éstas preguntas todos pueden contestar que no, o sea que nunca dijo eso o piensa eso, la mayoría de las veces no nos dijeron todo lo que se nos vendría en dificultades al emprender un proyecto de vida, o laboral. Es verdad, no hay que desanimar al caminante antes de empezar a caminar, sin embargo, todos también debemos reconocer que hubiese sido bueno que nos digan toda la verdad, o por lo menos anticiparnos un poco a las dificultades propias de la vida y de cada vocación, aunque sabemos que hasta que no vivimos las cosas, no terminamos de saber bien como son. Me parece que son las dos cosas, no podemos machacarles la culpa a otros de los problemas que vivimos, pero al mismo tiempo es necesario no ocultar toda la verdad.

Estamos subiendo la montaña de la santidad, en eso andamos en estas semanas, simbólicamente escuchando el sermón de la montaña y Jesús no nos ocultó las dificultades. Por eso, ante todo esto me animo a preguntarnos. ¿Quién tiene la cara para andar diciendo por ahí que la vida es fácil? Es linda, muy linda, pero no es fácil, aunque para algunos sea más fácil a simple vista que para otros. Si esto que te planteo es medio ridículo en los diferentes ámbitos de la vida, más ridículo y fuera de la realidad cuando hablamos de la fe, del seguimiento a Jesús. Jesús nunca lo dijo. Una vez alguien con mucha emoción después de escuchar la palabra del día, me dijo: “Padre, siento que estoy en el camino que quiero estar, y acá me quiero quedar. Quiero seguir este camino, me falta mucho por recorrer, pero estoy cada vez más feliz, cada vez amo más a Dios, cada vez conozco más a Dios. Volví a la Iglesia después muchos años y ahora estoy feliz. Tengo 41 años y estoy preparándome para recibir la confirmación” ¿Vos te pensás que esa persona es ingenua y piensa que le será fácil seguir adelante? Creo que no. Lo decía muy consciente. Pero era mayor su felicidad y su felicidad, arrastraba toda dificultad. Felicidad con dificultad. Las dos cosas.

Después de esto me animo a preguntarte y preguntarme. ¿Quién nos dijo que seguir a Jesús es fácil? ¿Escuchaste alguna vez a Jesús decir que estar con Él nos librará de dificultades y sufrimientos? ¿Quién anda diciendo por ahí que el seguir a Jesús es un “pare de sufrir”, “nunca tendrás problemas”? Yo no puedo mentirte. No predico, no grabo estos audios con el evangelio para que me digan “qué lindo padre”, por decir cosas lindas. Predico o por lo menos intento, porque lo dijo Jesús y porque nos pidió que lo hagamos en su nombre, sin transgiversar sus palabras, sin modificarlas, por lo menos en su esencia.

Creo que, si en alguna época en la Iglesia nos excedimos en presentar un Jesús solo desde el sufrimiento, y la renuncia, hoy parece que nos da miedo hablar de las dificultades, de lo que implica seguirlo. ¿Quiénes son los falsos profetas entonces? Los que no predican a Jesús tal como es, tanto para un lado como para el otro, sin tener en cuenta la tensión que eso implica. Seguir a Jesús no nos libra de sufrimientos, pero estando con Él podemos decir que el sufrimiento puede ser más llevadero, si se carga por amor y con amor.

Los falsos profetas son los que se predican así mismos y más que lograr que sigan a Jesús logran que los sigan a ellos y por eso la gente se fanatiza y juzga al predicador por su afecto, lo juzga por si le gustó lo que dijo y no por si es fiel o no al evangelio ¿Quiénes son los falsos profetas según algo del evangelio? Los que anuncian cosas falsas. Tan sencillo como eso.  No es para escandalizarse. Los hubo siempre y los habrá. Dentro de nuestra Iglesia y fuera de la Iglesia. Incluso hay falsos profetas llenos de buenas intenciones. Te cuento que se puede anunciar el evangelio con muy buenas intenciones, pero falseando su verdad. No pasa por la intención, sino por la fidelidad al mensaje. Por supuesto que es bueno tener buenas intenciones, pero el discernimiento para conocer su verdad no pasa por ahí, la intención no podemos conocerla. ¿Cómo lo conocemos? “Por sus frutos los reconocerán” ¿Cuáles frutos? Frutos de santidad, no de marketing y números. No son frutos mundanos, con criterios y lógica del mundo, para eso dejemos a las “agencias de publicidad”. Nosotros no medimos las cosas por la cantidad, sino por sus frutos de santidad. Entonces… ¿Quién mide los frutos? Bueno, algo podemos vislumbrar, algo, pero no todo, el que los mide es el Padre que está en los cielos que ve en lo secreto. Un profeta es profeta en serio, si su vida es para Gloria del Padre, ¿te acordás del comienzo del sermón? y si logra que los que lo escuchan den gloria al Padre y no a él mismo. No importa cuántos seguidores tenga, cuantos lo quieran, sino cuántos gracias a él amarán más a Jesús y al Padre. No importa si hace lo que le gusta a la gente, aunque jamás debe despreciar a la gente, sino si hace lo que le gusta al Padre. Vos y yo somos profetas. Todo cristiano es profeta, verdadero o falso, eso depende de nosotros.

Bueno, “cuidémonos de los falsos profetas”, “cuidémonos de los profetas falsos”. Hay muchos. No te fanatices de nadie, no es sano. Los hay dentro y fuera de la Iglesia. No critiques a nadie, solo Dios juzga. Pero no seamos ingenuos, no juzguemos por apariencias, sino por los frutos de santidad. Miremos los santos y analicemos lo que hicieron. Solo por Jesús, por su Palabra, por Él en la Eucaristía, tiene que ser nuestro desvelo y lo único que nos “obsesione” de verdad.

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