Mt 7, 6. 12-14 – 27 de junio – XII Martes durante el año

 

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos.

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Palabra del Señor

Comentario

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Vamos a lo nuestro… ¿A qué le tenemos miedo cuando tenemos miedo? ¿Te lo preguntaste una vez? ¿No será que a lo que decimos que le tenemos miedo muchas veces es solo una pantalla de nuestros verdaderos miedos? ¿Por qué Jesús dice tantas veces en los evangelios…”No tengan miedo… No teman ? ¿No será que muchas veces tenemos miedo y no nos damos cuenta? Reconocer la verdadera causa de nuestros temores es uno de los grandes pasos que podemos dar en nuestra vida espiritual, en nuestra vida en general. La primera gran batalla que podemos librar y ganar, es la de identificar la raíz de lo que nos produce miedo. Podríamos decir… “Miedo reconocido, miedo vencido” Acordate que a veces los miedos los inventamos nosotros mismos, no son miedos reales y nos acostumbramos a irrealidades. Vamos de a poco con este tema, pero lo importante es que nos animemos a preguntarnos, no tengamos miedo a preguntarnos el porqué de  nuestros miedos. Ahí está el problema, nos da terror encontrar el porqué de lo que nos pasa, nos da pánico el saber, y por eso es más fácil la ignorancia. Hay un momento en la vida de Jesús en donde les pregunta a los apóstoles: “¿Porqué tienen miedo hombres de poca fe?”

¿Sabés que nos da miedo a veces por parecer imposible? La santidad, el jugarnos por todo. San Juan Pablo II decía: “No tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio” Ésta es la montaña que tenemos que subir día a día, la montaña de la santidad, la montaña de los que se sienten hijos y desean todos los días hacer un esfuerzo más para dar pasos de humildad, que son los que más cuestan pero los que dan más alegría. La santidad de los hijos de Dios es la que se va recibiendo en la medida que se confía en el amor de Dios y la que se va construyendo con los pasos diarios, por amar y renunciar una y mil veces en nuestros caprichos y egoísmos. ¿Alguna vez subiste una montaña? ¿No te pasó que al principio te parece imposible, te parece algo inalcanzable, pero en la medida que vas avanzando y llegás a la meta, de golpe mirás para atrás y no podés entender cómo hiciste para subir tanto? Con la escucha de la palabra pasa algo parecido. Ayer, alguien me contó su testimonio de conversión por escuchar cada día a Jesús y me dijo esto: “Empecé a recibir sus audios y la verdad es que 6 min me parecía una vida. Me costaba entender, me costaba esperar los 6 min, hacia un esfuerzo tremendo para no distraerme. Con el tiempo fui haciéndome más paciente y esos 6 min que me parecían una vida… empezaron a dar vida” Querer llegar a la santidad, ser santos, nos da vida. Son pocos los que quieren subir la montaña de la santidad, la montaña de la felicidad que llueve como gracia cuando somos humildes, mansos, misericordiosos, pacientes, pacíficos o incluso perseguidos. En algo del evangelio de hoy Jesús lo sugiere, él lo sabe. No todos eligen la montaña, muchos prefieren vivir en el llano, muchos prefieren vivir en la mediocridad, prefieren perderse la inmensidad del paisaje de la creación que solo se disfruta mejor desde arriba, estando en la montaña. El que no quiere subir una montaña se lo pierde, se pierde lo más lindo, se pierde vivir como hijo de Dios. Prefieren la puerta ancha y espaciosa y no la estrecha. No nos perdamos semejante oportunidad. Ser hijo de Dios y vivir así es lo mejor que nos puede pasar.

La regla de oro para los que quieren andar en la vida siendo hijos, buscando la santidad, buscando agradar solo al Tata Dios y no a los hombres, es la de hoy: “Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos”  Esta es la regla que debe quedar guardada en el corazón. Esta es la regla de los que queremos andar por el camino angosto, subiendo la montaña de la vida, y no por hacernos los heroicos, sino porque es lo mejor, es el camino que da Vida. En cambio, el llano, el camino fácil es el camino de la mezquindad, del cálculo, de los que quieren cumplir para estar bien con Dios y ellos mismos, pero que no aman de verdad, que no se quieren esforzar, de los que no piensan en el bien de los demás.

¿Querés subir la montaña de la santidad? ¿Querés andar por el camino que andan pocos pero que en definitiva es el más lindo? Vamos, si te sumás ya somos dos, tres, o tal vez miles. Seguro que no nos vamos a arrepentir. No tengamos miedo.

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