Mateo 8, 18-22 – XIII Lunes durante el año

Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas.»

Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»

Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre.»

Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»

Palabra del Señor

Comentario

Buen día, espero que empieces una linda semana. Pidámosle al Señor en el comienzo de esta semana, que podamos vivirla como siempre de la mano de Él, escuchando su palabra; siempre es mejor caminar escuchando la palabra del Señor; que andar por la vida corriendo sin saber para dónde vamos, incluso pensando que sabemos para dónde vamos, pero, en definitiva, los días avanzan y muchas veces no terminamos de encontrar el sentido a tantas cosas que hacemos; aunque sean tan buenas como nosotros consideramos.

Eso te propongo que podamos pedirle al Señor, que su palabra de sentido y dirección a nuestra vida, parafraseando la imagen que utilizaba el Señor en el evangelio de ayer: poner la mano en el arado y no mirar hacia atrás, mirar hacia adelante fijando nuestro corazón en lo que vendrá. Mirar este día que tenemos adelante, no sabemos lo que pasará mañana; sabemos que hoy Dios nos presenta una nueva oportunidad para amar, una nueva oportunidad para apostar otra vez para hacer bien lo que hacemos cada día, para hacerlo con amor.

Y yendo a algo del evangelio de hoy, seguramente estarás pensando que es el mismo de ayer, es verdad, a simple vista parece. Sin embargo, el de hoy es de Mateo, el de ayer era de Lucas. Es cierto que hay palabras y situaciones similares, un encuentro del Señor con un discípulo y un escriba, que son parecidos al de ayer. Y por eso creo que esto nos puede ayudar para profundizar un poco más lo que de alguna manera esbozamos ayer…

Lo primero que quiero decir, es que hay algo que no tenemos que perder de vista nunca; hay “premisas”, por así decirlo, fundamentos del ser cristiano, del evangelio, que no tenemos que perder nunca y tiene que ver también con lo que también Jesús nos dice en otros textos de la palabra de Dios: “El que quiera seguirme…”

También ayer, san Pablo, decía que nosotros fuimos llamados para vivir en libertad, pero que tenemos que procurar que esa libertad no sea un pretexto para satisfacer nuestros deseos carnales. El Señor nos llamó a la libertad, Él quiere que queramos, Él quiere que salga de nuestro corazón el deseo de seguirlo, no es una exigencia vacía, es una exigencia que debe brotar del corazón; por eso si no tenemos en cuenta esto de las “exigencias evangélicas”, la propuesta para seguir a Jesús parece totalmente descabelladas, parecen propuestas exageradas; ¿Cómo es posible que el Señor exija tanto?

Bueno, el Señor exige al que quiere, al que se anima más, y tomando una imagen de la semana pasada “al que quiere subir la montaña”, al que quiere llegar a la cima; Él nos invita: ¿Querés? ¿Querés seguirme?: Bueno, si querés seguirme Yo te cuento cómo es, si querés seguirme te cuento que los zorros y las aves tienen sus lugares; pero Yo como Dios vine al mundo y fui rechazado, no me tuvieron en cuenta, no me comprendieron, no tuve un lugar donde cobijar mi corazón. Esto es como si nos dijera: bueno; si querés seguirme no pienses que seguirme a Mí es un lugar de comodidades, tanto afectivas como materiales; seguirme a Mí es estar a la intemperie, es estar a veces bajo el sol, bajo la lluvia de las cosas que nos pasan en este mundo y no todo será como nosotros a veces pretendemos. Pero esa entrega finalmente nos dará la felicidad en la medida que aceptamos esta exigencia de Jesús, pero si lo hacemos con libertad, eso es lo fundamental, la libertad para elegir. Bautizando a un niño de casi diez años, le decía a él y a la gente: “Ser bautizado, o bautizarse con conciencia, es decirle a Jesús: Te seguiré a donde vayas. ¿Querés decirle eso a Jesús? ¿Te animás a seguirlo a donde Él te lleve?” Esto nos sirve a todos, especialmente a los que sabemos lo que implica seguirlo. Imaginemos la situación:

“Señor, te quiero seguir a donde vayas” podemos decirle, y Él nos contesta… -Bueno, Yo te cuento un poco cómo es. No pensemos que la vida cristiana es todo como nosotros creemos. Y esta frase que parece tan dura que dice hoy: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”, ¿a qué se refiere?: Se refiere en realidad a que no tenemos que dilatar el llamado; si nos decidimos a seguir a Jesús, si nos decidimos a amarlo, a llevar una vida de oración, a fortalecer nuestra vida espiritual, a tener un apostolado, a hacer silenciosamente todo lo posible para amarlo; entonces no tenemos que tardar, no tenemos que decir: “bueno…, tengo que hacer una cosa antes, déjame que haga mi vida y después te sigo”. Ese es el sentido de la frase: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”. El Señor le dice: “Vení conmigo”, vení conmigo porque si me amás a mi vas a amar mejor todas tus realidades: tu familia, tus amigos, tu trabajo, todo. Si el Señor está primero en nuestra vida todo lo demás vendrá por añadidura. Si el Señor está primero todo lo demás se ordena y se acomoda. Si el Señor está primero en tu vida vas a amar de manera más pura y más sana todas tus realidades.

Ojalá que este día la palabra nos ayude a animarnos a seguir al Señor; si es que queremos, si queremos… eso es lo que pretende. “Si querés seguirme… Seguíme” Porque nuestra vida cristiana es una entrega en libertad, no de obligación, ni de imposición, sino por atracción.

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