Mateo 9, 14-15 – Viernes después de ceniza

 

 

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: « ¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?»

Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.»

Palabra del Señor

Comentario

La cuaresma es un caminito, la vida es camino. No es la primera y última cuaresma que viviremos. Hay que aprovecharla como si fuera la última, pero al mismo tiempo no hay que pensar que tenemos que hacer todo en cuarenta días como si fuera que después todo sigue igual. Es un despertarnos a la conversión, al cambio, a la escucha, a la profundización. En estos cuarenta días todo está espiritualmente pensado para que, contemplando tanto amor de Jesús por nosotros, nos demos cuenta que tenemos mucho para cambiar y pedir perdón, por eso es camino de conversión, es camino de reconocer que nos alejamos de Jesús y siempre es necesario volver, una y otra vez. De ahí el signo de las cenizas en la cabeza o en la frente de la misa de ayer. Las cenizas nos recuerdan de dónde venimos y hacia dónde vamos. Las cenizas nos ayudan a recordar que tenemos que reparar con nuestro amor, tanta falta de amor.

Tengo claro que hablar por estos días de ayuno es complicado. Algo del evangelio de hoy nos habla concretamente sobre el ayuno, algo sobre esta práctica milenaria de la Iglesia. No está de moda y a veces, nosotros los sacerdotes, para que no suene muy duro preferimos hacer como si Jesús hablara de algo que ya no va o preferimos hablar de cosas que ya no existen, o finalmente elegimos hablar de otra lectura. Siempre se pueden encontrar excusas o argumentos para decir que en realidad Jesús se refiere a otra cosa, pero sería bueno hacer el camino inverso, escuchar lo que dice, confiar en que es verdad y es bueno para nosotros… y a partir de ahí, tratar de vivirlo con el espíritu en el que fue escrito, cada uno a su manera, como pueda, sin superficialidad, sin fariseísmo.

Como decía el Papa Francisco, a veces “licuamos la fe”, y al final eso no atrae a nadie, porque nada nos diferencia de aquel que no cree en Jesús. La invitación de Jesús de vivir de un modo nuevo es lo que nos anima a seguirlo. Vas a escuchar por ahí que el ayuno es algo puramente espiritual, debe ser del corazón, algo que no toca el cuerpo y por eso se dice: hay que ayunar de nosotros mismos, hay que ayunar de las cosas que nos alejan de Dios etc. Podés reemplazar el ayuno por otras cosas. Está bien y es verdad, al fin y al cabo, el ayuno no es la privación por la privación misma, sino la privación para el encuentro con Jesús, para la comunión con Él, para ser más libres y tener fuerza de voluntad para amar a los otros. Esto es obvio. Pero… ¿Es posible llegar a una entrega espiritual sin un sano dominio del propio cuerpo? No se puede dominar nuestro espíritu, nuestra voluntad, si no aprendemos a dominar lo más básico de nuestra existencia, la comida. Por eso cuando escuchás a alguien que dice: en vez de comer menos carne, o de comer menos, o dejar de comer, mejor es que ayunes de tu lengua, mejor es que hables menos, etc. Es verdad eso, el verdadero ayuno es para eso, esa es su finalidad. Pero en el fondo, es una simplificación y parte de la verdad, que termina muchas veces por hacer que no podamos hacer ni una cosa ni la otra. Con sinceridad ¿Si a veces no podemos dominar nuestra boca para comer, crees que va a ser posible que domines tu boca para hablar? Por simplificarlo, por esquivarle, lo hicimos más complicado. Somos unidad, cuerpo y espíritu y lo que toca el cuerpo toca el corazón y viceversa. Pero el corazón aprendemos a educarlo también desde nuestra exterioridad, desde nuestro cuerpo.

¿Y si nos preguntamos algunas cosas? Si en toda la historia de la salvación el ayuno fue una práctica liberadora, si todas las religiones lo practican, si Jesús mismo ayunó y habló del ayuno recomendándolo, si en toda la historia de la Iglesia se ayunó e incluso hoy existen clínicas de ayuno terapéutico para lograr una purificación ¿Por qué le tenemos tanto miedo? ¿Por qué nos empeñamos tanto en barnizarlo? ¿Por qué tantos dicen que no es necesario? ¿Por qué no confiamos en las palabras de Jesús y en las de la Iglesia, en la de los santos y por qué no también en las de la Virgen que en tantas apariciones del siglo pasado y de hoy nos siguen invitando a ayunar? Es para pensar, el por qué los católicos a veces hemos perdido el don de saber y aprender ayunar con el cuerpo para saber ayunar con el corazón. Alguien me preguntó una vez: “Padre, ¿Cuándo Jesús habla del ayuno es literal?” Y sí, la verdad que sí. No pude contestarle otra cosa. Nunca usa Jesús una imagen para hablar del ayuno, sino que habla del ayuno. Nunca dice: bueno, hagan como si fuera que ayunan, ayunen… pero con el corazón. Jesús habla del ayuno real, de la privación voluntaria del comer para poder encontrarnos con Él. El ayuno hoy tiene sentido, porque Jesús “nos ha sido quitado”, no está físicamente con nosotros. Jesús está presente por la fe en la Eucaristía y en los demás, pero para poder encontrarlo es necesario alguna vez aprender a renunciar a lo más básico para entrar en comunión con Él hasta que vuelva definitivamente, mientras amamos a los demás. Por eso también el ayuno necesario antes de recibir la Eucaristía. Cómo signo de que Él es el verdadero alimento. Es como decir, quiero vaciarme de lo que me llena, para percibirte y dejar que entres en mi corazón. El ayuno nos conecta con nosotros mismos y nos abre a los demás, a Jesús, porque evita que nos esclavice lo más básico de nuestra vida, si lo hacemos por amor.

Probá ayunar realmente, con amor, de corazón, con lo que puedas. La Iglesia lo recomienda todos los viernes de cuaresma. Como Jesús quiere y no como los fariseos. Probá ayunar para dar tiempo y amor a los demás. Probá ayunar y ser dueño de tu propia voluntad. Probá ayunar sin que nadie se dé cuenta. Probá vivir esta recomendación de Jesús, porque no solo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de su boca.

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