Mateo 9, 14-17 – 8 de julio – XIII Sábado durante el año

 

 

 

Se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: « ¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?»

Jesús les respondió: « ¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.

Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!»

Palabra del Señor.

 

Resumen de la semana:

Para amar más a Jesús no hay pensar en hacer cosas raras, como miles de devociones distintas, miles de cosas novedosas para multiplicar y que nos haga creer que por rezar mucho estamos amando. No por hacer o rezar muchas oraciones estaremos amando más. Jesús lo dijo, “no por mucho hablar serán escuchados”. No te asustes, por supuesto que rezar mucho nos hace bien, pero en realidad no será por la cantidad, sino por el modo, por la calidad, por el corazón que pongamos a lo que hacemos y rezamos. Una simple oración hecha de corazón puede tener más valor que mil rosarios, una breve visita al Santísimo, solo para saludar, puede dar más fruto en nuestra alma que permanecer horas distraído en un templo. En realidad, no sabemos bien la obra de la gracia en nuestra alma, no podemos medirla tanto, pero no importa, justamente ahí está la grata alegría de que no es nuestra obra, sino la de Él. Por eso el querer amar más no estará siempre en multiplicar lo que hacemos, en hacer más cosas y rezar más oraciones, sino en hacer con “más” corazón aquello que hacemos y ya rezamos y agregar aquello que descubrimos que Él nos pidió. No hagas por hacer, no reces por rezar. Hace lo que considerás que Jesús te pide y rezá en todo momento, con tu corazón, sin medir la cantidad de tus oraciones.

Me gustaría que para sacarle “más” el jugo a la palabra de esta semana, hagamos el repaso o resumen que nos ayude a darnos cuenta cuánto amor nos tiene Jesús, y cuánto más podemos darle de nuestra vida, para agradarlo y para encontrar nosotros la felicidad que tanto deseamos.

En la fiesta de Santo Tomás, el lunes, decíamos que: Todos podemos tener dudas, todos podemos desafiar a Jesús como Tomás, pero también todos podemos ser más confiados, todos podemos dejar de cuestionar tanto, “en adelante no seamos incrédulos, sino hombres de fe.» Confiémos en lo que alguna vez ya habíamos confiado. Hagamos como  Tomás y en algún sagrario de este mundo, donde esté Jesús hoy digámosle con alegría: « ¡Señor mío y Dios mío!»

El martes, me decía y te decía: Si andás en medio de una tormenta de la vida, en medio de la oscuridad, pensando que Jesús no está, que todo es una mentira, que en realidad Él no se hizo cargo de tus problemas, que se durmió cuando más lo necesitabas. Pegá el grito. Gritá y andá a despertar a Jesús. Aunque Él no lo necesite, lo necesitás vos. Vos y yo tenemos que aprender a pedir ayuda y no esperar a que el barco se hunda para que los demás sepan lo que nos pasa.

El miércoles, resonó fuerte en nuestros corazones: Se puede amar más a Jesús siendo albañil, carpintero, ama de casa, empresario, deportista, pescador, empleado, estudiante, barrendero, vendedor, obrero, religioso, sacerdote; joven, adulto o anciano. ¿Dónde dice Jesús qué es lo que debemos ser en esta vida, que profesión tener? Nos dijo que lo amemos más, pero no como. Por eso, esta invitación  no es exclusiva para algunos, aunque algunos les guste hacerlo parecer así.

No se puede entender el milagro que escuchamos el jueves, el perdón y el volver a caminar de ese hombre, si no es por los “camilleros” que llevaban al paralitico. No sabemos si eran amigos o conocidos, pero hicieron lo que él no podía hacer, ir hacia Jesús. Camilleros o paralíticos, a ambas cosas al mismo tiempo. Eso somos. O también podríamos ser de los que no “pueden creer” que Jesús perdone los pecados, que en realidad es el verdadero milagro. Ojalá que no seamos de esos. Pero… ¡Qué lindo es ser camillero” ¡Qué lindo que alguien nos lleve en camilla a Jesús! En definitiva, todos se acercaron a Jesús, unos por llevar y otro llevado. Es así.

Y ayer, terminábamos haciendo esta propuesta: Vayamos, a aprender la lección que nos deja Jesús, es para todos, para vos, para mí, para los sacerdotes, para los laicos, para todos:    “Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”

Podríamos imaginar que al final de la vida Jesús nos preguntará cara a cara: ¿Aprendiste lo que te dije? ¿Entendiste lo que te dije o seguís creyendo que tenés razón?

Hoy vamos juntos a aprender esta lección. Vamos juntos a aprender lo que significa la misericordia. Estemos atentos, porque se aprende de muchas maneras.

www.algodelevangelio.org

 

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