Mateo 9, 14-17 – XIII Sábado durante el año

Se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: « ¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?»

Jesús les respondió: « ¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.

Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!»

Palabra del Señor

Comentario

Para amar más a Jesús no deberíamos pensar en hacer cosas muy raras, ni buscar cosas extraordinarias. No se ama más por acumular muchas devociones distintas, por rezar más tiempo, aunque hace bien rezar. No por hacer o rezar muchas oraciones estaremos amando más, de hecho, el mismo Jesús lo dijo, “no por mucho hablar serán escuchados”. No te asustes, por supuesto que rezar nos hace bien, pero en realidad no será por la cantidad, sino por el modo, por la calidad, por el corazón que pongamos a lo que hacemos y rezamos. Una simple oración hecha de corazón puede tener más valor que mil rosarios, una breve visita al Santísimo, solo por saludar, puede dar más fruto en nuestra alma que permanecer horas distraídos en un templo. En realidad, no sabemos bien la obra de la gracia en nuestra alma, no podemos medirla como quisiéramos, pero no importa, justamente ahí está la linda alegría de que la obra no es nuestra, sino de Él. Por eso el querer amar más no estará siempre en multiplicar lo que hacemos, en hacer más cosas y rezar más oraciones, sino en hacer con “más” corazón aquello que hacemos y ya rezamos, y agregar aquello que descubrimos que Él nos pidió. No hagamos por hacer, no recemos por rezar. Hagamos lo que consideramos que Jesús nos pide y recemos en todo momento, con el corazón, sin medir la cantidad de oraciones, ofrezcamos cada cosa que hacemos, entreguémosle lo que nos disgusta, disfrutemos de lo que nos gusta y hace bien.

“¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!” dice algo del evangelio de hoy. ¿Qué significa esta comparación que utiliza Jesús? Antes que hacer la interpretación espiritual de lo que nos dice, nos ayuda a comprender saber a qué se refiere literalmente, y nos ayudará a comprender la enseñanza profunda. Antiguamente, el vino nuevo o recién hecho se vertía en el odre y se dejaba reposando. El odre era una bolsa hecha de cuero, usualmente de cabra y se usaba especialmente para contener líquidos. A medida que el vino iba fermentando la bolsa de cuero se estiraba debido a la emisión de gas que producía el vino. Cuando el odre era viejo debido al uso, perdía su elasticidad y se ponía muy duro. Si a este odre tan endurecido que ya no estiraba más se le ponía vino nuevo, el resultado era que al fermentar el vino se reventaba el odre, perdiéndose así tanto el odre como el vino. Por eso los odres viejos solo podían utilizarse para guardar vino viejo y el vino nuevo debía guardarse en odres nuevos. Esto es lo que realmente pasaba en la realidad, lo que la gente usualmente y con sentido común hacía para conservar tanto el vino, como los odres. Es interesante ver como Jesús utiliza estos ejemplos concretos y cotidianos de la vida común de la gente de ese tiempo, que obviamente lo ayudaban a que lo entiendan. Ahora… ¿A qué se refiere Jesús con esta comparación, con ésta parábola y con la del vestido viejo remendado? Ayuda a entender por qué Él contesta de ésta manera, recordar la pregunta que le hacen anteriormente… «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?» ¿Por qué no hacen lo que hacemos nosotros? ¿Por qué no hacen lo que deben hacer? ¿Por qué no cumplen con la norma del ayuno? ¿Por qué se comportan de esa manera desobedeciendo a Dios? Sumé estas preguntas, a la de los discípulos de Juan, para ayudarnos a comprender el fondo del cuestionamiento, el por qué les molesta ver a los discípulos no haciendo lo que ellos creían que tenían que hacer. En el fondo, estaban convencidos de que no hacer ayuno, era no agradar a Dios, en el fondo pensaban que por “hacer cosas”, por “ofrecerle cosas” a Dios, estaban siendo agradables a sus ojos, algo muy normal también para nosotros, algo que nos pasó, nos pasa y nos puede pasar a todos, no es muy descabellado, es el gran error en el cuál todos los hombres de fe podemos caer. Es entendible y natural, por decirlo así, pensar de ese modo, un poco por lo que nos enseñaron, un poco también porque de alguna manera sentimos y pensamos que Dios estará “más contento” o nos amará más, si hacemos cosas que nosotros consideramos que le agradan. Sé que es un tema delicado el que estamos tocando, es peligroso siempre el caer en los extremos, sin embargo, hay que “andar” por la cornisa y animarse a pensar en esto.

Por eso la respuesta de Jesús es iluminadora, como siempre, esclarece y muestra el camino: “A vino nuevo, odres nuevos” “Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo” Para entender el mensaje de Jesús, que es nuevo, como el vino y el pedazo de género,  en este caso que el ayuno es una práctica lícita y hasta incluso necesaria, pero de un modo distinto, y no estando Él presente, es indispensable un corazón nuevo, un odre nuevo, y no un vestido viejo, un corazón que se puede romper por no soportar lo nuevo. Espero no estar confundiéndote, pero es algo en lo que debemos pensar. El que no cambia el corazón no puede comprender el mensaje del vino nuevo de Jesús, y hasta incluso se le hace insoportable llevándole a que le pueda “estallar” el corazón de la incomprensión.

Por eso debemos pedir un corazón nuevo, un corazón capaz de aceptar la tensión entre lo que parece que no es y lo que es… la tensión de que es bueno y necesario ayunar, pero de un modo distinto, por amor, y con amor, para encontrarnos con el verdadero Amor que es el mismo Jesús.    

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