Mateo 9, 18-26 – XIV Lunes durante la semana

 

 

Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: «Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá.» Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.

Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: «Con sólo tocar su manto, quedaré curada.» Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado.» Y desde ese instante la mujer quedó curada.

Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: «Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme.» Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquella región.

Palabra del Señor

Comentario

Empezando esta nueva semana, en este lunes, nunca podemos olvidarnos que gracias a la palabra de cada día muchos de nosotros encontramos nuevo aire para vivir y respirar. La palabra de Dios es como el aire de los pulmones, es la que oxigena la sangre que corre por nuestras venas para que tengamos vida. Aunque a veces no la escuchemos con atención, aunque muchas veces pensemos que no nos produce nada, ella siempre está ahí para darnos aires, para inflamarnos el corazón. Por eso no empieces este lunes sin escuchar, no empieces este lunes pensando que es siempre lo mismo, no empieces con el ánimo por el piso. Confiá en que siempre te puede decir algo nuevo si le dedicás tiempo, si le ponés el corazón. A mí me sorprende día a día el descubrir cosas nuevas que Dios me dice por medio de su palabra, y por eso, no hay nada peor que acostumbrarse a escuchar, el acostumbramiento nos hace mal, nos hace escuchar sin corazón. Muchos de los que escuchan día a día los evangelios, me cuentan que los escuchan muchas veces si es necesario, cuando tienen tiempo, yo mismo hay días que me escucho para escuchar mejor, bueno, creo que vos también podés hacer lo mismo… no te canses de escuchar la palabra de hoy, ni la de ningún día. No busques la perfección, si no podés escucharla con mucha atención, por lo menos ponela de fondo, lo importante es que no la dejes, que no dejemos nunca a Jesús, que no dejemos jamás de escucharlo, estemos como estemos.

La fe tiene mucho que ver con esto, con la confianza puesta en que Dios eligió lo sencillo y cotidiano para hablarnos. Eso que los paisanos de Jesús, del evangelio de ayer, rechazaron por falta de fe. ¿Cómo es posible que Dios nos hable por medio de un carpintero? “¿No es acaso el carpintero, el hijo de María…?” ¿Cómo es posible que de lo más sencillo pueda salir tanta sabiduría? Bueno… debo decirte que sí. Dios se hizo hombre y además pobre y carpintero, todo un “escándalo” para este mundo, para nuestro corazón que pretende otras cosas distintas. ¿Cuánta atención le pones a la gente sencilla de este mundo, en comparación con la gente que este mundo considera importante? ¿Pensaste en eso alguna vez? No nos compliquemos la vida, no le compliquemos la vida a Dios que justamente vino a hacérnosla más sencilla. Seguiremos con esto esta semana.

Algo del evangelio de hoy es para disfrutar, dos grandes milagros, que seguramente te suenan conocidos por haberlos escuchado también del evangelio de Marcos, pero si prestaste atención tiene algunos detalles de diferencia. Dos grandes personas de fe, que recurrieron a la fe en momentos donde todo parecía perdido, donde parecía que no había solución. Una mujer que desde hacía doce años estaba enferma y un hombre desesperado pero lleno de confianza, aun con su hija muerta. Solo una mujer paciente y perseverante puede seguir intentando curarse después de doce años de enfermedad… solo un hombre paciente y perseverante puede pedir recuperar a su hija una vez que la vio muerta en sus brazos. Solo el amor puede buscar a pesar de que todo parezca que está muerto. ¿Vos harías eso? Solo un padre o una madre pueden intentar que su hija reviva aun estando muerta. Solo el amor puede hacer revivir, por decir así, las cosas, el corazón.

¡Qué maravilla! ¡Qué ejemplo y ánimo para muchos de nosotros que no sufrimos ni pasamos por una ínfima parte de dolor de la de estos personajes de hoy! ¡Señor, dame por lo menos una pisca de ese amor! Sé, porque me han contado que muchos grupos de enfermos, de personas que están sufriendo día a día, escuchan estos audios con el evangelio de cada día, seguro que son mujeres y hombres llenos de amor y paciencia. Rezamos por ustedes, la Iglesia siempre reza por ustedes y les tiene una especial predilección. Son miles de miles las iniciativas de la Iglesia para con los enfermos, para ayudarlos, acompañarlos, animarlos. Qué lindo que es, que el Evangelio de cada día nos una como hermanos, cada uno en lo suyo, algunos sufriendo, otros rezando por los que sufren y por qué no, pedirles que recen y ofrezcan sus sufrimientos por nosotros, los que no tenemos tanta paciencia y perseverancia, y algún día nos tocará pasar por algo similar. El amor verdadero se alcanza muchas veces en la prueba, en el dolor, casi como una ironía de la vida, pero al mismo tiempo, una oportunidad para crecer.

Si ahora estás enfermo, sufriendo en tu cuerpo y en tu alma por algún dolor, esperá, esperá, aprendé a esperar. Pedile a Jesús, a la mujer del evangelio y al padre de esta niña, que te ayuden a saber esperar y confiar siempre hasta el final, sabiendo que pase lo que pase, aunque algunos incluso se rían de Jesús, como hoy, su amor siempre terminará resucitando y curando todo.

En cambio, si nuestra vida anda sobre rieles, por decirlo así, pensemos en que no tenemos derecho a ser impacientes, al contrario, disfrutemos y recemos por los que más sufren.

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