Mateo 9, 9-13 – Fiesta de san Mateo

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»

Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor

Comentario

Qué lindo es, seguir día a día, dejar “empaparnos” por las palabras de Dios que brotan por todos lados, pero especialmente de la Biblia, lugar privilegiado para el encuentro con su voz, con su dulce voz que nos habla al corazón, como, por ejemplo, con el salmo 118 que es un canto a la ley de Dios, a la palabra que nace del corazón de Dios; En un versículo dice así: “Mis ojos se consumen por tu palabra, ¿cuándo me consolarás?”

Es algo así como un “reclamo” a Dios, sí escuchaste bien; una queja que surge incluso de la misma Palabra. ¿Cuántas veces nos sentimos así?

Por ahí vos ahora no estás necesitando consuelo porque no te está pasando nada; pero por ahí otro sí, algún familiar, algún amigo o tantas personas que necesitan ser consoladas. O al contrario, por ahí vos que estás escuchando estas palabras y si necesitás ser consolado… porque estás enfermo, porque la estás pasando mal, porque estás cansado, agobiado, porque no tenés ganas ni de arrancar este día, porque no andas bien, porque muchas veces te sentís solo o sola y podrías pensar o decirle a Dios: “Me consumo por tu palabra, hago de todo por escucharte, por ser fiel, por intentar ser buena persona; y a veces no encuentro consuelo, el consuelo no llega…”

¿Cuándo me consolarás? Decile esto a Dios; no tengas miedo de reprocharle a Dios con amor y humildad, es lógico, es un sentimiento muy humano, mirá al cielo, mirá una imagen y decile a tu Padre, a Jesús o a María: “¿Cuándo me vas a consolar?”

Hoy celebramos la Fiesta de san Mateo, este hombre llamado por Jesús mientras trabajaba como recaudador de impuestos y traicionaba a su pueblo; pero que finalmente se convirtió en apóstol, en escritor y autor de uno de los Evangelios. ¿Qué locura no? Solo Jesús puede hacer eso.

Quería dejarte hoy tres cosas para meditar con algo del evangelio, para que vayas rumiando durante este día mientras el mundo sigue su curso.

Quiero destacar tres actitudes de Jesús de esta escena, tan cortita, pero profunda:

Primero: Jesús ve.

Dice el Evangelio que Jesús vio a un hombre, ve a Mateo en su trabajo –aunque era un trabajo indigno–, lo ve mientras él trabajaba… Igual que a nosotros, nos ve sentados en la mesa de nuestras vidas, en donde estamos cómodos a veces haciendo “la nuestra” cobrándole cosas a los demás. Jesús mira nuestra vida de un modo distinto. No le interesa tanto lo que hacemos, sino más bien lo que somos. Lo que le interesa es mirarnos y llamarnos para que nos demos cuenta, que no podemos pasarnos la vida “sentados” en la mesa de nuestra mezquindad, de nuestro egoísmo, viendo la vida detrás de un escritorio, recibiendo a los demás con distancia, poniendo barreras. Es la imagen del egoísmo, de la búsqueda de nuestra propia “realización”, pero no una realización que mira a los demás.

Bueno… pero Jesús llamó a Mateo; Jesús nos llama, no solo nos mira.

Lo segundo es eso, es que Jesús se mete en la vida de Mateo.

Se mete en nuestra vida, se mete en nuestro corazón. Se mete y arma un lindo desparramo, se mete en nuestra casa y termina comiendo con todos, incluso con los que nadie quería comer –con los publicanos y los pecadores–, Jesús transforma otras vidas a través de la nuestra, a través de la tuya, cuando respondes a su llamado; porque los demás ven algo “distinto”. Por eso, si tu vida sigue igual o a partir de tu vida nadie se acercó a Jesús; es para que nos preguntemos si realmente Jesús está en nuestra vida. Si a través de nuestra vida, de nuestro llamado, de que Jesús esté con nosotros, nadie se acercó a Jesús; es para que nos preguntemos si Jesús verdaderamente está o no en nuestra vida repartiendo misericordia.

Y tercero: Jesús vino por los enfermos, o sea por todos, por los que se sienten enfermos y por los que no se dan cuenta que están enfermos. ¿Vos creías que eras santo? ¿Creías que a vos te llamó porque sos bueno? Al contrario; Jesús nos llamó para sanarnos, para purificarnos y si te animas a sentarte a la mesa con

Él reconociendo lo que sos, nunca te va a dejar solo, siempre va a haber alguien a tu alrededor, nunca vas a estar solo.

Por eso, no te consideres santo, sano; pedí ser sanado. Por eso, no tengas prejuicios; Jesús vino a sanar a todos y se vino a sentar a la mesa con todos, cada uno de nosotros ha sido llamado para recibir las enseñanzas de Jesús y para que aprendamos la clave del Evangelio de hoy: lo que significa «Misericordia». Jesús quiere misericordia para tu vida y para los demás. Tan difícil y maravilloso como eso.

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