Mc 10, 17-27 – 27 de febrero – VIII Lunes durante el año

 

 

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»

Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»

El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»

Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!» Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.»

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros:

«Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.»

Palabra del Señor

Comentario

Empezamos hoy una semana especial, en dos días, comenzaremos la Cuaresma con el miércoles de ceniza. Ya habrá momento para comprender mejor y meternos de lleno en este tiempo que la Iglesia nos regala cada año, como para no olvidarnos. Solo quería anticiparte que interrumpiremos la escucha del evangelio de Marcos en la semana para llevar el ritmo propio que tiene la cuaresma.

Mientras tanto nos queda de fondo, como resonando las palabras del Evangelio de ayer: “No se inquieten… ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?” Qué bueno empezar estos días repitiéndonos al corazón… No te inquietes, no te inquietes… ¿De qué sirve inquietarse? ¿Por qué nos inquietamos? “El tiempo lo ha creado Dios, vos y yo, la prisa” dice una frase muy linda. ¿Sabés porqué nos inquietamos? Por somos hombres y mujeres de poca fe, nos falta fe. Pidamos esa gracia estos días, no inquietarnos, por nada, ni por pavadas, ni por cosas que parece que lo merecen. Todo es don, la vida es don y aunque nos inquietemos eso no cambiará, lo que si puede cambiar en nuestro corazón, lo que si puede pasar es que Jesús nos ayude a lograr lo que parece imposible, despojarnos de nuestros propios egoísmos y de las riquezas que no nos dejan avanzar.

Tomando algo de evangelio de hoy, tengo ganas de llenarnos de preguntas, hacer una especie de lluvia de preguntas, al texto, a mí y a cada uno de los que escuchamos estos audios. Alguna pregunta podrá encontrar respuesta, otras no, pero será el comienzo para que algún día sí, por algo se empieza.

Muchas veces se dice y se puede escuchar, que aquel que se encontró alguna vez con Jesús, en su paso por la tierra e incluso hoy,  no quedó igual, no queda igual; que aquel que se encontró con Él por ser tan irresistible su persona no pudo  decir otra cosa que sí, no pudo resistir a su amor. Bueno, es lindo ese razonamiento, y es verdad, pero le falta una parte, le falta una posibilidad, le falta el drama de la respuesta del hombre del evangelio de hoy y de tantos hombres a lo largo de la historia, por ahí de vos o de mí. ¿Cuál respuesta? El no, y con ese no, la tristeza y la pena. Sí, lamentablemente existe esa posibilidad. ¿Existe la posibilidad de ver a Jesús cara a cara y terminar yéndose triste? ¿Existe la posibilidad de haber sido mirado por Jesús con amor y terminar yéndose apenado? ¿Es posible que vayamos hacia Jesús, que nos arrodillemos frente a Él llenos de ansias y de amor  y que terminemos yéndonos con las manos vacías, peor de lo que fuimos? ¿Es posible acercarnos a Dios intentando negociar con Él la salvación después de la muerte, pero olvidándonos de  la propuesta de empezar a vivir esta vida de una manera diferente desde ahora? ¿Es posible que Jesús nos ofrezca dejar algo para seguirlo, por algo más lindo y pleno, para compartir lo que tenemos con los demás y que nos neguemos, que nos vayamos con la cabeza gacha? ¿Es posible que sigamos sin entender lo que significa ser cristianos, lo que quiere decir seguir a Jesús, que sigamos creyendo que creer es cumplir los mandamientos y nada más? ¿Es posible que la riqueza, del corazón y material, nos impida disfrutar de la propuesta liberadora de un Dios que se despojó de todo para encontrarse con todos? Todo es posible. Lamentablemente sí. Somos capaces del sí y del no. Pensalo, rezalo, medítalo en tu vida. Pero lo lindo del evangelio de hoy, la linda noticia es que termina con una posibilidad más posible, más linda. Para Dios todo es posible. Para Dios es posible destrozar todas las mezquindades que nos impiden animarnos a lo imposible, a lo que el mundo nos plantea como locura. Para Jesús es posible desarmarte con su mirada y ayudarte a que de una vez por todas descubras que lo mejor es seguirlo a Él, amarlo a Él, dejando de lado tus riquezas que te impiden disfrutar lo mejor de la vida, la posibilidad de amar, de ser libre y ayudar a otros que la pasan peor que nosotros, a otros que necesitan de nuestra ayuda, de nuestro amor.

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