Mc 12, 28-34 – 8 de Junio – IX Jueves durante el año

 

 

Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: « ¿Cuál es el primero de los mandamientos?»

Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos.»

El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.»

Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor

Comentario

No solo hay que leer, sino que hay que leer con atención, hay que leer escuchando. Es verdad que leer los evangelios nos va introduciendo lentamente en el corazón de Jesús, nos va introduciendo en el misterio de Jesús, pero también es verdad que no pasa por leer solamente, como quien lee una historia cualquiera, una novela. Sino que es un leer distinto, es un leer creyente, es un leer que escucha y saborea día a día. Es un leer que implica mucho corazón. Sé que esto que te planteo parece algo imposible, pero no lo es si empezamos a experimentarlo y a disfrutar de la palabra de Dios. Alguien me dijo en estos días: “Padre, recién ahora con 4 hijos estoy aprendiendo a ser padre, me doy cuenta d elo que es ser padre” Las cosas en la vida son fáciles al leerlas, al estudiarlas, sin embargo no son, no son parte de nuestra vida hasta que no las vivimos en carne propia, no hacemos la experiencia y la asimilamos. Puedo saber de memoria el evangelio, citarlo de lado a lado, pero puedo no vivirlo, puedo todavía no entenderlo. El evangelio se vive cuando en todo “veo, huelo, siento, gusto y toco” a Jesús. Cuando todo lo que leo, tanto lo lindo como lo difícil, lo veo después “en la calle”, por decirlo de alguna manera, lo veo y experimento en el mundo, en nuestra vida. Las palabras de Dios son fuente de vida que enseñan a vivir, marcan el rumbo de cada acción e iluminan los pensamientos.

“¡Escucha, hija mía, mira y presta atención! Olvida tu pueblo y tu casa paterna, y el rey se prendará de tu hermosura. El es tu señor: inclínate ante él” (Sal. 45) Así habla Dios en el Salmo 45, y ¿porqué no adaptarlo en este día para nosotros? “Escuchá hijo mío, escuchá hija mía, mira, prestá atención, olvidá lo que tenés que hacer hoy, olvidá tus preocupaciones, olvidá tus afectos por un momento, olvidá lo que te inquieta, lo que tenés que hacer hoy, lo que pensás que es importante. El rey, Dios que es tu Padre se enamorará de tu hermosura, una vez más, estés como estés, de la hermosura de tu corazón, el corazón que solo él conoce y solo él puede descubrir. Pero solo te pide una cosa: tenés que reconocer que es tu Señor, inclinarte ante Él!

Quise empezar así el audio de hoy, porque las palabras de Jesús en algo del  Evangelio son una invitación a escuchar. En realidad, Jesús viene respondiendo discusiones y pruebas, y se podrían decir muchísimas cosas con la respuesta de Jesús. Pero quería centrarme en una, que a veces pasa desapercibida a nuestro paladar del corazón, a veces no escuchamos la primera palabra importante del mandamiento más importante. ESCUCHA. En otros Evangelios se tendrá tiempo de pensar y rezar con la unidad de los dos mandamientos, algo que ya sabemos. No se puede separar el amor a Dios del amor al prójimo. Amamos más a Dios cuando amamos más a los otros, amamos más a los demás, cuando amamos más a Dios. Pero de hace cuanto que no reflexionamos sobre el hecho de ESCUCHAR. Lo primero que no hacemos y deberíamos hacer, es escuchar. Es leer pero escuchando. Me dirás que estás escuchando el audio. Pero te diré que ahora estás oyendo, porque escuchar es otra cosa. No siempre se oye escuchando, ni se escucha oyendo.

Si no escuchamos a Jesús no hay posibilidad de amar a Dios con todas las fuerzas y al prójimo como él desea. La escucha diaria, continua, paciente, perseverante, es la que nos pone en el camino del amor. Si escuchamos a Jesús amaremos, si no escuchamos no amaremos. ¿Vos crees que amás y no escuchás? ¿Vos crees que amás y nos sos capaz de estar un tiempo sentado escuchando al que decís que amás?

Te propongo que hoy pienses en estas palabras de Jesús, estos mandamientos, no como un mandato impuesto desde afuera, sino como una promesa que él mismo nos hace si aprendemos a escuchar. Amarás… Amarás. Si escuchás vas a poder amar, si escuchás, vas a empezar a encontrar motivos para amar, si escuchás a ese que no querés escuchar lo vas a empezar a conocer y conociéndolo, lo amarás. La escucha sincera conduce al amor. Es imposible escuchar a Dios y no amarlo. Por eso te habrá pasado y te estará pasando que la Palabra de Dios te va enamorando, te va atrapando, te va generando una linda “adicción”. Si escuchás todos los días las palabras de Dios cuando menos te des cuenta lo amarás, “con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas” Si escuchás mejor y de corazón a tu prójimo, tarde o temprano lo terminarás amando, porque lo conocerás y no se puede no amar algo que es “imagen y semejanza de Dios”.

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