Mc 6, 30-34 – 4 de febrero – IV Sábado durante el año

 

 

Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

Él les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco.» Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Palabra del Señor

Comentario

Parte del arte de ir aprendiendo a ser feliz, es aprender a descansar. La felicidad también implica saber frenar, saber estar con Jesús, saber dejar de lado por un momento todo lo que nos agobia para mirarnos un poco hacia adentro, saber descansar no es “de vagos” es de buenos amigos de Jesús. Es el mismo Jesús el que invita a descansar a sus discípulos después de tanto trabajo, necesitaba estar con ellos también, escucharlos, saber cómo andaban. No es feliz el que hace siempre lo que se le antoja, el que hace lo que quiere sin saber reflexionar y vive como a 140 km por hora su día, pensando que por hacer muchas cosas es mejor. No. Es feliz el que sabe regular sus fuerzas para poder tener corazón para amar y sentirse amado, porque en definitiva eso es la felicidad.  A veces por andar haciendo mil cosas a la vez, por pensar que si estamos en todos lados seremos más queridos, entramos en un círculo difícil de cortar. Seamos felices, aprendamos a descansar.

Los sábados son días lindos para descansar, por supuesto los domingos también, pero el sábado es lindo descansar a veces de las reflexiones diarias y tomarse un tiempo para retomar algo de la semana, como hacemos varias veces. De hecho te cuento, que esto de los resúmenes semanales surgió casi sin querer cuando los sábados necesitaba descansar y pensar que podía decir. Los sábados, el cerebro y el corazón me funcionan a menos velocidad y era difícil pensar algo, por eso pensé en los resúmenes y bueno, fui descubriendo que también era una buena oportunidad para profundizar más lo rezado en la semana.

El lunes empezábamos diciendo: ¡Que levante la mano y el corazón el que quiere ser feliz! ¿Quién de nosotros no quiere ser feliz, no quiere vivir en paz, no quiere vivir bien esta vida que nos ha regalado Dios? Sería casi imposible pensar que alguien de los que está escuchando pueda responder que no, aunque todo es posible en esta vida, no sería una respuesta sensata. Pero al mismo tiempo, la felicidad tiene adversarios que tenemos que conocer. El maligno que no quiere que seamos felices y el mundo que nos inventa felicidades ilusorias y nos pone trabas a la verdadera felicidad.

El martes rezaba en voz alta: ¡Cómo quisiera Jesús tener esa fe tan directa, tan confianzuda, tan tozuda, tan desvergonzada, tan intrépida, tan del corazón, tan genuina, tan salvadora! ¡Qué importan las multitudes, qué importa que todos sean obstáculos para llegar a Jesús, qué importa que todos de “burlen” de Jesús cuando él quiere meterse en nuestras vidas, qué importa que hasta los discípulos de Jesús no entiendan que haya gente entre la multitud queriendo ser curada, qué importa todo eso cuando es Jesús el único que escucha a Jairo y lo acompaña, cuando es Jesús el único que se da cuenta cuando “andamos queriendo” tocar su manto.

El miércoles, pensábamos que lo mejor que podemos pedir es la fe; no es pedir milagros. Si tenemos fe veremos milagros continuamente. El milagro de poder despertar, levantarnos y ver todo lo que Dios nos ha regalado, nuestra familia, nuestros hijos, la Eucaristía, el milagro de haber recibido tantos dones espirituales y materiales, y así echando una mirada a nuestra vida, al mundo en que vivimos podríamos ver milagros continuamente.

El jueves nos preguntábamos ¿Qué cosas son las que te llevan a decir desde el fondo del alma, “Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz”? ¿Soy yo mismo con mis logros, con todo lo que pensé hacer y pude hacer o en realidad todo lo que Dios me dio como gracia a lo largo de mis días? ¿Soy yo con mis sueños mundanos pasajeros o con mis sueños de salvación para todos? ¿Soy yo el satisfecho porque gracias a mis buenas acciones muchos se salvarán o es por experimentar que sin Jesús nadie se puede salvar, nadie puede ser feliz verdaderamente?

Y ayer, terminábamos descubriendo que la felicidad no solo tiene adversarios externos, sino que hay uno mucho más cercano y que nos persigue a todos lados. Nuestro propio corazón débil y pecador. Por eso… no hay que “tirar la pelota afuera” como se dice en el lenguaje futbolístico. Tirar la pelota afuera es echarle la culpa a los otros, o al otro  y no darnos cuenta de que el principal adversario de nuestro gran anhelo de felicidad en el corazón, es nuestro mismo corazón que no siempre “ama y se sabe amado”, como decía San Agustín.

Que hoy podamos descansar con Jesús, estando con Él y volverlo a escuchar una vez más para ver que nos quiere decir, que nos quiere mostrar. No tengamos miedo, que descansar bien no hace mal, sino que es necesario.

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