Mc 6, 53-56 – 6 de febrero – V Lunes durante el año

 

 

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.

Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

Palabra del Señor

Comentario

¡Qué lindo es empezar esta semana con ganas de ser sal y luz, con deseos de que otros sean para nosotros sal y luz, que otros nos den un poco de su amor, del sabor que tiene para dar, que otros nos den su luz, la luz de Jesús que hay en tantos cristianos dispersos por este mundo! La Palabra de Dios tiene que ser para nosotros el primer “empujón” del día, el “envión” para empezar, para arrancar la semana. ¡Cómo cuesta a veces empezar los lunes! Pareciera que todo nos pesa más. Si andás por la ciudad, si andás por algún medio de transporte, o incluso en tu misma casa, te aseguro que verás muchas más caras de “poca felicidad” que de felicidad. Bueno, no importa. Empecemos hoy con ganas de volver a escuchar. SOMOS sal,  SOMOS  luz. Seamos concientes de eso y vayamos con el “salero” en mano, y con el candelero en el corazón. Sonreíle al del peaje, sonreíle a tus hijos, haceles el desayuno con más amor,  sonreíle al chofer del colectivo, sonreíle al portero de tu edificio, sonreíle a tu empleado, sonreíle a tu marido, a tu mujer, sonreíle a tu jefe. La sal está para salar, el amor de nuestro interior está para darlo. La luz sirve para iluminar, tus palabras y tu sonrisa también. Vamos a seguir con estas lindas imágenes toda la semana. La Palabra de Dios es una maravilla, nunca me cansaré de decirte lo mismo. Nunca terminaremos de descubrirla completamente, depende de nosotros seguir o no.

Ayer tuve la gracia de celebrar una misa en la que al final hicimos una procesión con la Eucaristía, con el Santísimo entre la gente. Fueron alrededor de 45 minutos. ¿Cómo explicarte lo que fue? Bueno, en realidad es fácil. Fue de alguna manera algo del evangelio de hoy. Muchísima gente con enfermedades, ciegos, con discapacidades, pero fundamentalmente con enfermedades del corazón, del alma, entre esos estaba yo. Todos un poco enfermos, pero con la diferencia que yo llevaba a Jesús en mis manos, o mejor dicho Jesús me llevaba en su corazón. Además muchísimos tenían en sus manos fotos de otras personas, familiares, amigos, seguramente con más dificultades que ellos. Siempre Jesús nos sorprende a los sacerdotes, poniéndonos ante situaciones así, pero que lindo es cuando nos vuelve a sacudir bien de golpe y nos dice: ¿Ves que el evangelio no es un cuentito? ¿Ves que lo que lees cada día en la Palabra se repite todos los días, especialmente en los sacramentos? Cuando olvidamos la frescura del evangelio, la actualidad del evangelio, cuando olvidamos que lo que leemos no es historia, sino presente continuo, entonces la Palabra de Dios se vuelve algo lindo pero que no transforma, no cambia a nadie. Ahora… cuando uno ve con sus propios ojos que hay gente enferma que se agolpa para “tocar a Jesús”, por lo menos los flecos de su manto. Cuando uno ve que hay gente que le encanta ser “camillera” de otros y anda rezando, buscando la sanación para otros que no pueden estar, uno vuelve a renovarse, uno vuelve a creer de una forma nueva, uno vuelve a decir vale la pena. Es lindo ver el evangelio en vivo y dejar de “guitarrear” tanto a veces. Es bueno ver que Jesús sigue sanando, sigue pasando por nuestras vidas. Es sanador ver como la Iglesia, especialmente los sacramentos como la Misa, se vuelve “hospital de campaña” para tantos enfermos de la vida, como el evangelio de hoy. Donde andaba Jesús, todo se transformaba en un hospital, sencillo, pero hospital al fin. Enfermos y enfermeros por todos lados.

Si estás sufriendo o viviendo algo difícil sé que entendés de qué te hablo. Si no tenés ni un problema en tu vida, si todo anda bien, por ahí estarás pensando que esto no te dice nada. Puede ser. Pero nunca creas que a vos no te va a pasar. Nunca desprecies el modo que tienen algunos de acercarse a Jesús, a veces un poco “alocado”, tirándose incluso ante el sacerdote para tocar “el fleco de su manto”. Nunca te burles del que parece “loco” por Jesús. Es verdad que, como decimos a veces: “Hay de todo en la viña del Señor”. Pero en ese “hay de todo”, estamos vos y yo. No creas que estamos excluidos.

Con sinceridad te digo, que me gustaría a veces estar un poco más loco por Jesús, hasta pasar por loco. A veces me gustaría que no me importe nada y poder tirarme a los pies de Él como lo vi ayer en vivo y en directo. ¿A vos no? Si al final de cuentas, en el ocaso de nuestra vida, ¿Qué tendrá en cuenta Jesús al vernos cara a cara? Cuanto lo hemos amado, pero con el cerebro, sino con el corazón.

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