Mc 7, 31-37 – 10 de febrero – V Viernes durante el año

 

 

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.

Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete.» Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.

Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Palabra del Señor

Comentario

No hay nada más lindo en la vida que ser sal y luz. No hay nada más lindo en la vida que descubrir que podemos hacer y que estamos hechos para hacer algo por los demás. En definitiva, vos y yo, cada uno en lo suyo, en su familia, en su trabajo, en su vocación, en su día a día, deberíamos intentar eso para ser felices. “Hay más alegría en dar que en recibir” dice la Palabra de Dios. Hay más alegría en el corazón cuando uno descubre que tiene mucho para dar, no cuando uno se vive quejando de lo que no le dan. Debemos dar con el corazón abierto para recibir, pero sabiendo que hay mayor alegría en dar, en salar e iluminar y ver como otros viven distintos gracias a nuestro aporte.

Proponente eso este día. Propongámonos juntos hacer lo posible para hacerle la vida más linda a otros. “Cambiemos el chip”, como se dice, cambiemos la mentalidad, la forma de pensar. No esperemos el fin del mundo para hacer cosas lindas, no esperemos que a los que los queremos les pase algo, para decirles lo importante que son para nosotros. No esperemos que nos den cosas, demos el paso nosotros primero, por ahí dando el paso el otro se anima a darlo. Sé que es viernes y muchos estamos pensando en lo que descansaremos el fin de semana. Pero también sé que podemos pensar primero en los otros, en lo que podemos hacer por los otros. Empecemos por casa y empezando por casa podremos tener el corazón más despierto para seguir por otros lados. Todos podemos hacer algo. No importa donde estés, lo que estés haciendo, la edad que tengas. Todos somos sal y luz de esta tierra.

Mientras tanto, mientras los días de nuestra vida pasan, podemos no darnos cuenta de todas estas cosas lindas. Podemos no darnos cuenta de todo lo que podemos dar. Mientras tanto, mientras otros dan la vida cada día, nosotros podemos andar medios “sordos- mudos” necesitando que Jesús nos saque de esa situación.

No hablamos bien cuando no escuchamos bien. Los sordos de nacimiento, son mudos también. Por no haber escuchado nunca, no saben hablar, no saben emitir sonidos con coherencia. Pero ellos son buenos y finalmente se hacen entender de alguna manera. Pero los peores, somos nosotros, los mudos que no hablamos bien pero porque en el fondo no sabemos escuchar. Somos sorditos de corazón. La sordera del corazón, que se manifiesta exteriormente, es uno de los peores males. Es la que produce todas las peleas, divisiones, rencillas, complicaciones, rencores, malos entendidos, calumnias, difamaciones y tantas cosas más en nuestras vidas, porque en realidad no sabemos escuchar, estamos medios sordos y oímos lo que queremos oír. Nos perdemos de oír las cosas lindas y a veces nos habituamos a oír cosas malas, por eso de nuestro corazón salen cosas malas y de nuestros labios palabras que no salan y no iluminan. Nos perdemos de escuchar todos los días con detenimiento las cosas lindas que nuestro Padre del cielo nos quiere decir, por andar escuchando tantas tonteras, tantas malas noticias, tantas noticias sin sentido, tantas noticias frívolas, y así nos pasamos los días usando nuestros oídos en cosas que no tienen sentido. Nos perdemos de decir cosas lindas a los que lo necesitan, por andar soltando nuestra lengua en palabras vacías, que molestan, que se quejan, que critican y pretenden resolver el mundo por un rato de charla. El mundo no se mejora con palabras y quejas. El mundo se mejora trabajando. La familia se mejora escuchándola, no se mejora mostrándole todo lo malo. La Iglesia no se mejora, como hacen algunos y algunas, incluso consagrados, con “incontinencia verbal”, sino con amor incondicional y entrega.

Que lindo terminar este audio o este día y ver que Jesús mire al cielo, suspire y diga sobre nosotros: “Efata, ábrete. Que se abran tus oídos para que puedas escuchar todo lo lindo que tengo para decirte, todo lo lindo que dicen de vos, todo lo lindo que te andas perdiendo por no escuchar” Que se abran nuestros oídos para que “se nos suelte la lengua y comencemos a hablar normalmente”, como deben hablar los hijos de Dios, como hablan aquellos que se dieron cuenta que son luz y sal de la tierra  y tienen mucho que dar y amar a los demás.

Share
Etiquetas: