Mc 8, 34-9, 1 – 17 de febrero – VI Viernes durante el año

 

 

Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles.»

Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder.»

Palabra del Señor

Comentario

Muchas veces ya me contaron algunas personas, especialmente madres y padres, y aunque me costaba creerlo un poco al principio, que escuchan los audios con la Palabra de Dios con sus hijos, con los más pequeños. Digo que me costaba creerlo porque siempre pienso que lo que digo o trato de explicar cada día está más destinados para adultos. Y es verdad, no lo dedico especialmente a los niños. Es difícil lograr que lo que uno hace sea escuchado por todo tipo de público. Pero… qué alegría me da el saber que muchos niños hacen el esfuerzo de escuchar en familia la palabra de Dios de cada día. Qué alegría el escuchar que muchos padres incluyen a los niños en la escucha diaria. ¿Te imaginás como cambiarían nuestras familias si empezáramos los días juntos escuchando a nuestro Padre del Cielo? Con los adolescentes y jóvenes por ahí se nos hace más difícil, es cierto,  pero  nunca subestimemos a los niños, nunca subestimemos a los jóvenes, siempre nos pueden sorprender. Acordate que Jesús decía que el “Reino de los cielos pertenece a los que son como ellos”, como los niños, a los que se hacen como niños. Y si nosotros escuchamos la palabra de Dios con ellos, seguramente ellos percibirán mensajes que para nosotros permanecen ocultos. Nunca me voy a olvidar cuando una vez en una capilla que me tocó ayudar durante un par de años, un niño me preguntó que había en esa “cajita”, señalándome el sagrario. Le respondí con mucha seguridad y soltura: Ahí está Jesús. Es la casita de Jesús. Y él me respondió con mucha seguridad e inocencia: ¿Y cómo hace para entrar ahí adentro?” Te estarás riendo, como yo, pero cuánto para aprender. Jamás se cuestionó la verdad sobre la presencia de Jesús en el sagrario, al contrario, tan poco se la cuestionó que me preguntó cómo era posible que entre en un lugar tan pequeño. Así son los pequeños. Pequeños, pero con grandezas. Así son tus hijos, así son los niños, los predilectos de Jesús. Dios quiera que te animes a escuchar con ellos la palabra de Dios, aunque creas que no entienden, vas a ver que te sorprenderán. Entre tanta tecnología y celular en sus manos, entre tantas cosas que ven ¿Qué mal les puede hacer unos minutos de Jesús? Que Dios bendiga a todos los niños del mundo, en especial a los que más sufren, a los abandonados, a los que la guerra los desprecia, a los que el mundo discrimina, a todos.

¿Qué podemos aprender juntos del evangelio de hoy? Que para vivir una vida plena, feliz, hay que enamorarse de Jesús, hay que querer seguirlo, y para querer nos tiene que atraer, y solo nos atrae lo que nos enamora, lo atractivo. Aunque parezca tonto lo que estoy diciendo. ¿Cómo pretendés que tus hijos sigan de corazón a Jesús si los obligás? ¿Cómo pretendemos en la Iglesia que la gente se acerque a Jesús si la obligamos? ¿Qué nos pasó? La obligación brota del amor, y no al revés. El amor no se impone, se expone, se vive y eso es lo que atrae. Cuando tenemos que imponer el amor, es porque deja de ser amor, no es amor. La obligación brota del corazón que ama, el corazón que ama se “liga” libremente al amado. Como lo hiciste con tu mujer, como lo hiciste con tu marido alguna vez. Pero cuando esta unión es impuesta, quiere decir que no es amada, no es libre, y por eso en ese instante deja de ser verdadero amor.

Por eso… ¿Querés que tu hijo ame a Jesús? Dejalo ser libre. Dejalo que sepa elegir, que sepa descubrir lo mejor. ¿Querés amar a Jesús de verdad? Escuchá lo que Jesús dice hoy: “El que quiera venir detrás de mí…” El que quiera, el que quiera. Nunca lo impuso. No dice “el que lo sienta”, sino el que quiera y se quiere con la cabeza y el corazón. Se conoce con la cabeza y el corazón. Se ama con la cabeza y el corazón. Por eso para querer de verdad hay que conocer. No se puede querer lo que no se conoce. Para querer lo que se conoce, lo conocido debe ser atractivo, debe ser la respuesta a lo que nuestro corazón busca desde siempre en el silencio, la felicidad. Y Jesús es la respuesta atractiva a todos nuestros anhelos, a los de tus hijos también, incluso la de los más alejados, aunque  por ahora no todos se dan cuenta.

¿Querés o no querés seguir a Jesús? Esa es la pregunta clave de hoy. Si decís que sí porque realmente estás enamorado de él, alegrate, nada te va a frenar… ninguna renuncia, ninguna cruz. Irás “perdiendo tu vida”, pero en el fondo estarás ganándola. Sí decís que sí sin amarlo, solo por una obligación externa, todo se te hará una pesadez, todo se te hará una carga, será un amor forzado. En el fondo no será un verdadero amor. Todavía te faltará pedir el toque del corazón para enamorarte. Si decís que no, está bien, sos libre, es tu decisión… pero tenés que hacerte cargo de  lo que decidís, tenés que asumir que sin Él, todo se te hará más difícil. Andarás por la vida creyendo que la estás “ganando” pero al final te darás cuenta que la estarás perdiendo en cosas que no salvan. ¡Qué lindo es saber que Jesús respeta nuestra libertad! Enseñale eso a tus hijos.

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