Mc 9, 14-29 – 20 de febrero – VII Lunes durante el año

 

 

Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo.

El les preguntó: “¿Sobre qué estaban discutiendo?”. Uno de ellos le dijo: “Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron”.

“Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo”. Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.

Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que está así?”. “Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”. Si puedes…!”, respondió Jesús. “Todo es posible para el que cree”.

Inmediatamente el padre del niño exclamó: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe”.

Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más”.

El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: “Está muerto”. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”.

El les respondió: “Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración”.

Palabra del Señor

Comentario

¿Qué haríamos sin la Palabra de cada día? Y por favor, no pienses que me refiero a estos audios, que son pasajeros, sino que me refiero a la Palabra escrita, al mensaje de Dios Padre que quedó para siempre grabado en cada página de la Biblia en todos los idiomas posibles. ¿Qué haría la Iglesia si no tuviera la posibilidad de leer y meditar cada día la Palabra del Señor? ¡Qué tristeza! ¡Qué tristeza! ¿A quién seguiríamos? No tendría sentido lo que hacemos. A veces sirve pensar que pasaría si no tuviéramos algo que se nos ha hecho rutina, para volver a darle su valor, para descubrir su valor cada día. ¿De qué hablaríamos? ¿Qué escucharíamos? ¿Qué comentaríamos? ¿Cómo sería nuestra Misa, nuestros sacramentos, nuestros encuentros? Sería impensado. Sería imposible. La Iglesia no podría existir sin convivir en torno a la Palabra de Dios. Sería una ONG, sería un conjunto de personas que piensan distinto, pero que somos “uno” y estamos para lo mismo, pero no importa en el fondo, tener o no tener algo que nos guíe… y así muchas cosas más. Seguiremos poco a poco intentando valorizar cada día el don de tener la Palabra de Dios. Pero pensá que sería de nosotros sin la Palabra.

El evangelio de hoy es una maravilla, imposible de comentar en dos minutos. Me da pena solo tomar algo, pero bueno, como me decía un sacerdote: “No te preocupes si hoy no podés decir todo, otro día, otro año, podrás decir algo más”. Son varias las personas, varias las situaciones de este evangelio,  por eso te dejo “picando” algunas cuestiones para que las puedas pensar y rezar por tu cuenta.

Jesús llega en medio de una discusión: Escribas vs. Discípulos. Cuasi partido de futbol. Mientras tanto, la “pelota”, el problema, está en otro lado y no lo solucionan. El niño está endemoniado, el niño tiene un problema desde su infancia, y mientras tanto los otros discuten. Las discusiones, en general, no solucionan los problemas, sino que los agrandan.

Por otro lado el padre del niño, no tiene suficiente fe, pero lo lindo es que es sincero, se da cuenta y lo reconoce. Su forma de hablar es la de un hombre con poca fe: “Si puedes….” ¿Cómo si puedes? El que cree, jamás duda de que Dios puede lograr algo, aunque pueda pensar de que, si es o no lo que Dios quiere. Por eso, este hombre terminó diciendo con todo su corazón: “Creo, ayudame porque tengo poca fe”. Creo… pero ayudame. ¿Es lindo no? “Creo…pero ayudame, ayudame a creer más, a creer que podés siempre, lo que pasa es que tenés que querer, tiene que ser tu voluntad, no la mía”. Dios puede todo, pero no quiere todo lo mismo que nosotros y es bueno reconocerlo.

Jesús puede todo, pero no quiere todo lo mismo que nosotros, no somos su padre, somos sus hermanos, y no decidimos la voluntad de Dios. Por eso necesitamos de la oración para “ganarle” a estos “demonios” que nos atormentan y atormentan a otros. Necesitamos hablar con nuestro Padre. Necesitamos escuchar su Palabra, no podemos vivir sin escucharlo. No podemos “echar” de otros y de nosotros, las cosas que nos hacen mal, porque andamos discutiendo, porque perdemos el tiempo en cosas que no hacen a la fe, sino a nuestros egos, y mientras tanto vamos perdiendo la fe, vamos debilitando nuestra fe.

Hay cosas en la vida, te diría que casi todo, que se solucionan con más fe y la fe se alimenta con más oración.

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