Mt 11, 16-19 – 15 de diciembre – II Viernes de Adviento

 

 

Jesús dijo a la multitud:

«¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros: “¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!”

Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: “¡Ha perdido la cabeza!” Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras.»

Palabra del Señor

Comentario

Empezar este viernes buscando escuchar con más corazón la Palabra de Dios, por decirlo de alguna manera, es caminar hacia la conversión que se nos proponía en esta semana. Solo la Palabra de Jesús nos convierte, nos hace cambiar verdaderamente a lo largo del tiempo. No es magia. Es proceso arduo y constante. Ese es el camino del que sabe esperar, del que sabe que las cosas de Dios son cuestión de “esperanza” y paciencia. Por eso te aconsejo que a veces escuches el audio de la lectura del evangelio, que lo apagues, reces por su cuenta y después escuches el comentario. Es bueno que vos te preguntes primero ¿Qué dice el texto de hoy? ¿A qué se refiere? Después de hacer ese trabajo podés preguntarte ¿Qué me dice? ¿Qué me dice a mí hoy, concretamente? y finalmente ¿Qué que le digo a mi Padre, a Jesús, al Espíritu Santo, a María? Esto es algo que no tenemos que olvidar, para que el escuchar la Palabra de Dios no termine siendo un decir: ¡Qué lindo lo que dijo el sacerdote hoy! Pero al final no escuchamos que nos dijo a cada uno, más allá de lo que comenta cada sacerdote. Cada día me convenzo más que las palabras de los sacerdotes van y vienen y poco se recuerda de lo que podamos decir. Lo único que perdura y todos recuerdan y a muchos hace cambiar es la Palabra que Dios dirigida a cada corazón.

Hagamos ese ejercicio: ¿Qué dice hoy la Palabra de Dios? Jesús antes que nada le habla a la multitud, a todos, pero se refiere a “esta generación”. Cuando en los evangelios se dice “generación”, no se está refiriendo a una generación en el sentido de una descendencia reducida a un tiempo y a un lugar, sino que se refiere a un modo de ser: Esta generación sería las personas que son así, como las describe Jesús, las personas que se comportan así: Traducido podría ser algo así: ¿Con quién puedo comparar a las personas que se comportan así, que no se conforman con nada, las personas que cuando hay que bailar no bailan y cuando hay que llorar no lloran? Por eso esta expresión de Jesús no se reduce solo a las personas de esa época, sino a todos los que actúan así. En síntesis, esa generación podemos ser nosotros. Jesús pone dos ejemplos extremos, los que se los invita a bailar y no bailan y los que tienen que llorar y no lloran, para contrastar finalmente con lo que dijeron de Juan el Bautista, que estaba loco por ser austero, y lo que decían de Jesús que era un glotón y amigo de pecadores. En definitiva Jesús los critica por no conformarse con nada, ni con una forma ni con la otra. No saben encontrar los signos de Dios ya sea en Juan el Bautista ni tampoco en Jesús. Dicho de modo sencillo, eso quiere expresar el texto. Tratar de dilucidar que dice el texto antes que nada, nos ayuda a evitar lo que llamamos en Argentina, “el guitarreo”. Muchas veces guitarreamos porque no dejamos que la Palabra de Dios nos diga lo que está diciendo, aunque parezca obvio. Hablamos de los que nosotros pensamos que hay que hablar y nos olvidamos que lo primero que tiene que hablar es la Palabra de Dios. Sacamos una frase de contexto o bien le ponemos una idea nuestra a la Palabra de Dios y le obligamos que diga lo que nosotros estamos pensando. Esto es más normal de lo que parece y muy sutil, pocos se dan cuenta.

Ahora, ¿qué nos dice? Obviamente que esta parte es fundamentalmente personal, pero es lo que diariamente con ejemplos, con preguntas, trato de aportarte todos los días al comentar el evangelio. En realidad es lo que todo sacerdote intenta hacer en cada sermón, en cada homilía. Deberíamos ayudar a dar pistas sobre qué nos dice, pero son solo pistas, cada uno debería ir haciendo su camino.

¿No será que nosotros también con nuestras actitudes frente a las cosas de Dios, a la Iglesia y al mundo, nos parecemos a esos muchachos, los que están sentados en la plaza y no se conforman ni con una cosa ni con la otra? ¿Qué pretendemos? ¿Que Dios nos hable solo a través de las cosas que nosotros queremos o dejamos que nos hable como Él quiere? Dios puede hablar como se le antoja, es Dios; tenemos que dejar que Dios sea Dios.

 Puede hablar por medio de un hombre como Juan el Bautista en medio de la austeridad o puede hablar por medio de alguien que come y bebe con los pecadores. Puede hablarnos en la mejor de la Misas, o puede hablarnos viajando en el tren. Puede hablarnos durante una adoración o sirviéndole un plato de comida a un necesitado. Puede hablarnos por medio de nuestros familiares, amigos o tal vez por el peor de los enemigos. Esto pensalo en tu vida personal y concreta. ¿Qué pretendemos de Dios? ¿No será mejor que dejemos que Dios sea como Él quiere ser? Y por último…¿Qué le dirías hoy a tu Padre después de escuchar esta Palabra?

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