Mt 11, 25-30 – 23 de junio – Solemnidad del Sagrado Corazón

 

 

Jesús dijo:

«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.»

Palabra del Señor

Comentario

Hablando en estos días de respirar un poco mientras subimos a la montaña, mientras avanzamos en el camino de la vida, de frenar y saber tomar aire en el camino. Sin haberlo pensado ni planeado y por pura providencia divina, nos topamos con esta solemnidad tan linda y reconfortante del Sagrado Corazón de Jesús, una fiesta que nos abre de par en par la puertas al misterio de Dios Padre que nos ama por medio de su Hijo como jamás podemos imaginar.

Es bueno frenar y respirar, porque no todo es espina y dificultad en la vida, las hay y muchas es verdad, pero también hay que saber encontrarle la belleza y sabor a esta vida y por supuesto a la vida de fe, al ser cristianos. Por eso es lindo hoy frenarse a disfrutar y contemplar el Corazón gigante e infinito de un Dios que lo único que desea y hace es amarnos, y lo único que desea de nosotros es que le correspondamos a ese amor incondicional.

Te propongo hoy que busques una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, tan conocida por nosotros, buscala y mirala. Si no tenés en tu casa buscala por internet, hay miles. Buscá una imagen linda de esta devoción, que por supuesto brota del evangelio porque fue en la cruz desde donde el corazón de Jesús se abrió de par en par por nosotros, pero que se extendió a partir del siglo XVII por la aparición a Santa Margarita María de Alacoque. Una vez que tengas la imagen, contemplá la mirada de Jesús y mirá fijo su corazón. Hace el esfuerzo por mantener la mirada en el corazón de Jesús que contiene todos los bienes que necesitamos en esta vida. Si podés hacer esto en adoración mucho mejor todavía, porque ese corazón abierto para amar y recibir, está hoy en la Eucaristía, está en cada sagrario esperándonos para que nos acerquemos a Él, para que vayamos a descansar de nuestros agobios y cargas.

Muchas veces se nos ha acusado a los cristianos – y a veces con razón – de haber hecho demasiado hincapié en cuestiones que no se reflejan directamente en el evangelio o que las hemos trasmitido mal. Puede ser. Se nos ha acusado y se nos acusa de predicar una fe a veces del sufrimiento, del sacrificio, de la entrega y de la pura obligación. Se nos acusa de ser incluso contrarios a la vida misma que es bella y linda, impidiendo que disfrutemos de los placeres legítimos que nos regala, hablando de penitencia y tantas cosas más. Se nos acusa de hablar demasiado del pecado y no tanto del amor de Dios. Es verdad, puede haber cosas de verdad, pero también es verdad que muchas de las críticas que nos hacen no son más que caricaturas de nuestra fe, no son la verdadera fe que brota de la palabra de Dios y que la Iglesia quiere transmitir. Hay que asumir errores y pecados en nuestra historia, pero no por eso hay que tirar todo “por la borda”. Hay que reconocer también que Jesús lo dice claramente y sin metáforas, y por eso me gusta repetirlo: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio” La vida tiene mucho de aflicción y agobio, la vida es de alguna manera cargar con un “yugo” que nos molesta pero que se transforma en bendición si lo que cargamos es amor. Por más que este mundo marquetinero y amante de las masas nos quiera hacer creer que “todo va bien”, que “hagas solo  lo que te hace feliz” así nomás y tantas cosas más, por más que nos quieran vender eso, la realidad es que ser feliz cuesta y amar, mucho más. Si nos tomamos la vida en serio, como se la tomó Jesús, amar cuesta tanto que a veces cuesta la vida misma. Por eso es lindo saber que Jesús nos invita a ir a Él, ir a su corazón que sabe de amor y sufrimiento, que sabe de sufrir por amor, que sabe de agobio y cansancio.

Si hoy es uno de esos días en el que sentís agobio, hartazgo, cansancio, ganas de tirar todo “por la borda”, ganas de bajar los brazos, ganas de no luchar más, ganas de sumarte a los que “hacen todos”, ganas de estar solo y que ya nadie te moleste… Si es uno de esos días volvé a escuchar las palabras de algo del evangelio de hoy: “…aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio” La paciencia y humildad del corazón de Jesús te llenarán de alivio. La mansedumbre y humildad del Dios hecho hombre, te enseñarán que lo único que te dará alivio en esta vida es vivir en paciencia y humildad, entregando todo lo que crees que depende de vos, pero que en realidad depende de él.

Si podés, te vuelvo a decir, mirá una imagen, andá a un sagrario, andá a una adoración y abrazando a Jesús con tu corazón, decile… Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío… Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío. Después me contarás si encontraste alivio.

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