Mt 12,38-42 – 24 de julio – XVI Lunes durante el año

 

 

Algunos escribas y fariseos le dijeron a Jesús: «Maestro, queremos que nos hagas ver un signo.»

El les respondió: «Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón.»

Palabra del Señor

Comentario

Le pido a Dios Padre que poco a poco estés experimentado lo lindo que es escuchar día a día la Palabra de Dios. Cuando nos tomamos en serio esta tarea algunas cosas empiezan a cambiar, empezás a escuchar cosas que no habías escuchado, empezás a escuchar cosas de Dios que te hacen pensar, que te dejan “tecleando”, que te dan consuelo, te dan felicidad… Eso hace la Palabra de Dios: de a poco va metiéndose en el corazón, nos va transformando y nos va haciendo cristianos. Si la escuchás todos los días, es como una gota que cae siempre en el mismo lugar, y aunque caiga sobre roca, a la larga va horadando, hasta penetrar. Hasta el corazón más duro se ablanda con las palabras de Dios.

Seguramente esto que te digo lo escuchás viajando, yendo al trabajo, por ahí lo escuchás en el tren, en el colectivo, tal vez tranquilo en tu casa o mientras vas caminando, o mientras hacés algunas cosas. Está bien, porque vamos de alguna manera aprovechando el tiempo, es bueno eso. Pero tratá de sentarte de vez en cuando en algún momento y tomar tu biblia, tené tu biblia, no pierdas el contacto con ella. Alguien me dijo una vez: “Decime de que biblia sacás las lecturas porque quiero leerlo de mi biblia, no quiero perder el contacto con ella”; Bueno… ojalá que tengas siempre tu biblia y no pierdas ese contacto necesario, ojalá te compres una biblia y te animes a leerla, marcarla, quererla, cuidarla.

En esta semana no nos olvidemos de la parábola de ayer. La del trigo y la cizaña. Vamos a intentar retomarla de alguna manera. Porque la cizaña siempre anda por ahí. Siempre molesta y da ganas de “arrancarla”. Siempre hay cizaña en medio de la buena siembra de Dios. Pero apostemos al trigo. Pensá que la Palabra de Dios es mucho más poderosa que el mal. Pensá en que el mal parece triunfar, pero en el fondo no es así. No nos dejemos vencer por la cizaña, por la maldad que quiere aplastarnos.

En algo del evangelio de hoy Jesús se enfrenta con los fariseos; en realidad los fariseos lo enfrentan y muestran otra cara de esa cizaña que tenemos todos; acordémonos que podemos creernos “cristianos perfectos ” y podemos ser bastantes fariseos sin darnos cuenta. La soberbia es un tipo de cizaña en nuestro corazón y en la Iglesia. Los fariseos piden signos, le piden a Jesús.

La cizaña del fariseísmo  —que todos la podemos tener — consiste en pretender que todas las cosas se adecúen a como nosotros queremos; vemos las cosas y tiene que encajar en nuestros esquemas. Siempre podemos tener un “pero”, siempre queremos un poco más; esa actitud insaciable ¿no?, en la que todo tiene que corresponderse con mis deseos y no me abro a lo que Dios me muestra o quiere para mí. Y esto también se da muy a nivel muy cotidiano, cuando no me abro a aquello que me muestra otro con su manera de ser o de pensar. Esta cerrazón es muy típica del fariseísmo. A veces somos así: pedimos “signos”, explícita o implícitamente.

Y por eso Jesús los lanza al futuro —no les dice recuerden lo que hice—, van a ver lo que voy a hacer: les voy a dar un signo que será inimaginable; Jesús les hablaba de su Resurrección. El fundamento de la fe de miles y miles de personas a través de la historia de la Iglesia y de la humanidad. Por eso les dice: “…así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches”; como Jonás que estuvo en el vientre de un pez, después volvería a aparecer, resucitaría para no morir jamás y darnos una vida nueva a todos.

El signo de nuestra fe es la Resurrección de Jesús y eso no se puede probar científicamente, no es necesario; sino probalo en tu vida, experimentalo en tu vida: ¿Cómo que Jesús no resucitó? Fijate alrededor, fijate lo que te fue pasando en tu vida, fijate en la presencia de Dios en tantos momentos que se te manifestó de diferentes maneras…; claro si te cerrás nunca vas a percibir a Jesús, si buscás pruebas científicas nunca lo vas a encontrar; más bien buscá pruebas del corazón, buscá experiencias de fe, buscá conversiones a tu alrededor, vidas de santos, mirá la Iglesia entera, universal, mirá como sigue propagándose, admírate de la Eucaristía, los sacramentos y tanto amor que desparrama por el mundo a pesar de sus pecados. ¿Todavía necesitamos pruebas?

Bueno hoy te animo a no pedir “signos”, que el mayor signo ya nos fue dado; tratá de darte cuenta de que Jesús está presente  verdaderamente en tu vida y que la Palabra de Dios te quiere transformar para que no pidas más de lo que ya tenés.

Share
Etiquetas: