Mt 13, 1-9 – 26 de julio – XVI Miércoles durante el año

 

 

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas.

Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!»

Palabra del Señor

Comentario

La realidad siempre es más compleja de lo que creemos y nos quieren hacer creer. A veces queremos simplificarla con afirmaciones, con medias verdades, con “frases hechas”, con ideologías, con modelos económicos, con “creencias baratas” que pintan soluciones mágicas y tantas cosas más. ¿No estás harto de eso? Por mi parte sí. Más que nada cansado. No sé si todos se dan cuenta de esto, pero es tan desgastante escuchar discursos y discursos, noticias y noticias, de tantas personas que se creen las “salvadores” de este mundo, en el que en realidad, todos tenemos “algo que ver” para salvarlo. Es verdad que en muchas personas que buscan el bien común, hay muchas buenas intenciones – cosa que en realidad solo lo sabe Dios – pero también es verdad, que en la medida que sigamos creyendo que la “solución” la tienen algunos, no estaremos encontrando la verdadera solución a un mundo que, como te dije, es mucho más complejo de lo que pensamos y de lo que nos enseñaron. El mundo tiene un poco de todo, es complejo. Tiene cizaña y trigo. ¿Te acordás? No es trigo o cizaña. Sino las dos cosas que conviven al mismo tiempo. Afuera nuestro y adentro también. A eso me refiero con compleja, a que es compuesta por varias realidades y por eso no es tan fácil de “catalogar” o “etiquetar”. No es tan fácil decir esto es blanco o negro cuando se trata de corazones. Por eso no podemos decir que los “buenos” están de nuestro lado y los malos del otro. Por eso no podemos decir que todos los políticos, empresarios, comerciantes o lo que sea, son malos, ni al revés, que son todos buenos. Es más complejo. Por eso tampoco podemos decir que todos los sacerdotes son esto o lo otro, sino que somos a veces un poco de todo y luchamos día a día como todos

Por supuesto que todos debemos tender a ser buen trigo y a desterrar la cizaña del corazón, y eso es lo que lograron los grandes santos, pero eso es un camino que solo se consigue con la gracia y el amor de Dios que nos va purificando en la medida que nos dejamos amar y salimos a amar.

Hablándonos en parábolas, Jesús nos enseña esto sin decirlo, con su modo de enseñar. Nos enseña que la realidad no se define con una frase, con una sola parábola. Sino que con muchas frases y muchas parábolas uno puede acercarse un poco más a la verdad, pero que jamás la podemos atrapar del todo. Al hablarnos del Reino de Dios en parábolas, Jesús nos enseña a ser humildes, a ir entendiendo de a poco y al mismo tiempo saber que jamás entenderemos todo. ¿Entendés? Cuando queremos atrapar la verdad, cuando creemos que sabemos todo de Dios, de nuestra fe, de nuestra vida espiritual, de lo que nos pasa por saber algunas “frases” es cuando en realidad sabemos muy poco.

Algo del evangelio de hoy vuelve a repetir el evangelio de hace dos domingos. Pero que nos viene muy bien para cotejarla con la parábola del trigo y la cizaña, para poder sumar una con la otra. Podríamos decir que los sembradores salen a sembrar, uno es el Sembrador con mayúscula y el otro con minúscula. Uno siembra con generosidad, para todos y para que demos frutos, el otro siembra mezquinamente para destruir y no dejar crecer la buena semilla.  

Tu vida y la mía es un poco de todo. Es compleja. Tenemos todos los terrenos en el corazón, no somos el uno o el otro. Algunas palabras de Dios prenden fácil y otras las desperdiciamos. Con algunos temas nos entusiasmamos más y otros ni los escuchamos. En nuestro corazón además hay cizaña sembrada por el “enemigo” o por personas que se disfrazan de “enemigos”, y además nosotros mismos nos transformamos en tierra fértil para la cizaña cuando no rechazamos el mal en nuestro corazón y somos nuestros propios “enemigos”.

¿Qué podemos hacer? Podemos ser tierra fértil cada día un poco más, tenemos que ser tierra de la buena, de la que recibe la Palabra, la que le da un buen espacio de crecimiento, le quita las espinas, la abona y sabe esperar para ver el fruto. La dinámica de la Palabra de Dios en nuestra vida, es como la de la semilla y la tierra. Es una relación constante y que no termina nunca. Es un trabajo de todos los días. La semilla tiene todo su potencial y nosotros también. La semilla está todos los días disponible, la estás escuchando ahora y todos los días. Tu respuesta es hoy, no mañana. Nuestra respuesta no es a futuro, es ahora. Podemos dar mucho más fruto. Podemos hacer algo más para amar, para perdonar, para ayudar, para hacer crecer. Podemos mucho más, no seamos mezquinos, no midamos tanto, dejemos que el amor de Dios nos transforme en serio, no nos conformemos con la mediocridad. ¡El que tenga oídos, que oiga!

Share
Etiquetas: