Mt 13, 10-17 – 27 de julio – XVI Jueves durante el año

 

 

En aquel tiempo, los discípulos se acercaron y le dijeron: « ¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»

El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:

Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.

Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.»

Palabra del Señor

Comentario

La cizaña siempre está y estará. Estará hasta el final de nuestra vida y basta que nos descuidemos un poco como para que vuelva a crecer con mucha fuerza. Acompañando muchísimas personas cercanas a la muerte, uno percibe que la lucha contra lo que nos “molesta” es hasta el final, y que salvo que estemos muy entregados a Dios, la lucha no cesa jamás. No es por ser pesimista, pero hay muchísima cizaña dando vueltas por ahí, incluso en el corazón y lo que es peor no todos se dan cuenta, no siempre nos damos cuenta.

¿Sabés cuál es el problema de la cizaña que nos enseñaba la parábola y por lo cual el dueño del campo no quiere que la cortemos antes de la cosecha? Que se parece mucho al trigo. La cizaña disfrazada de trigo es lo que se llama en la vida espiritual: “El mal bajo apariencia de bien” o como decía San Pablo: “Su táctica no debe sorprendernos, porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” La cizaña se disfraza de trigo y nos hace pensar que está bien. La cizaña prefiere mantenerse oculta con tal de no dejar crecer al trigo, prefiere el anonimato y trabajar en silencio. Por eso el “cizañero”, el que siembra la cizaña, es la persona que hace todo “por atrás”, le encanta generar problemas por atrás, todo lo hace oculto, lo hace mientras “dormimos”.

Por eso es importante escuchar día a día la palabra de Dios, porque la palabra es luz que permite mirar y ver, oír y escuchar para que nuestro corazón se vaya ablandando y demos frutos.

Es un poco extraño escuchar, o por lo menos me pasa a mí, que Jesús parece que nos habla en parábolas como para que no entendamos. En realidad eso sería una mirada muy superficial de algo del evangelio de hoy. «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no» ¿Podríamos pensar que Jesús quería y quiere o prefiere que no lo entendamos tanto? Sería muy ilógico, sería creer en un Jesús “elitista”, en un Dios que se deja entender por algunos y se oculta a otros, solo por capricho.

Una de las cosas que produce la cizaña de este mundo con su pensamiento, la de los demás, con sus comentarios y la de nuestro corazón con sus miedos, es la “duda” sobre Dios. Nos quiere hacer creer que “Dios es muy complicado”, o que Dios es un ser lejano, ajeno a nosotros. En el fondo parecería ser que Dios no nos entiende, no entiende al hombre y por eso el hombre no entiende a Dios. El desentendimiento genera distancia y la distancia falta de amor. Pero eso es mentira, es un engaño para alejarnos de la sencillez y del amor simple de Dios para con cada uno de nosotros. Todo lo contrario, Jesús fue simple, sencillo, lo que pasa es que nosotros no somos simples ni sencillos.

En algo del evangelio de hoy Jesús nos muestra que su enseñanza a través de parábolas nos revela su amor a cuenta gotas, no de golpe, y que esa revelación también depende no nosotros. No es magia como a veces pretendemos, sino es al modo humano, progresiva, lento, con el tiempo. Se da en el tiempo, el “tiempo supera al espacio”. Es por eso que no quiere darnos todo “masticado”, por eso no lo explica todo; más bien nos  anima a que nosotros “mastiquemos” la Palabra, a hacer nuestro propio trabajo, quiere que nos animemos a recorrer nuestro propio camino. Mirá para atrás y fijate el propio camino que pudiste hacer de la mano de la escucha de la Palabra de Dios, no digas que todo es igual, no seamos pesimistas.

Pero para hacer este camino es necesario “hacerse pequeño”, hay que ser humilde para comprender las cosas del Reino de Dios. Y así a través de la escucha de la Palabra y de ir asimilándola vamos viendo como sus enseñanzas rompen contra nuestra mentalidad, contra nuestra cultura, contra las cosas que pensamos o nos enseñaron, y así la Palabra de Dios va metiéndose en nuestras vidas de a poquito. Mientras tanto oímos sin escuchar y vemos sin mirar.

Aprendamos de los niños que nos enseñan mucho porque ellos escuchan sin creerse que saben todo y descubren lo esencial que a veces es lo obvio, y que nosotros no podemos percibir.

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