Mt 13, 31-35 – 31 de julio – XVII Lunes durante el año

 

 

Jesús propuso a la gente otra parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.»

Después les dijo esta otra parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.»

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

Palabra del Señor

Comentario

Cada lunes es de alguna manera un volver a empezar, o un empezar distinto. Después del domingo, después de descansar un poco más, de haber disfrutado algo distinto, tenemos que volver a lo de siempre, a la rutina de cada día, pero de una forma nueva, eso es lo ideal, sería lo ideal. Pero… ¿Lo vamos a hacer sin escuchar la Palabra de Dios? ¿Crees que puede ser lo mismo? No, es imposible. Aquel que experimentó la fuerza de la palabra en su vida, puede asegurar que no es así, que no hay vuelta atrás, que no es lo mismo escuchar que no escuchar. Para afirmar esto, es lindo aprender algo sobre lo que dice la Palabra de Dios sobre ella misma.

¿Qué nos dice la Palabra de Dios sobre ella misma? Empecemos esta semana por la carta a los Hebreos que dice”…la Palabra de Dios es viva…”, quiere decir que no es letra muerta; o sea que cada vez que se la lee, si se la lee con espíritu atento, si se la guarda en el corazón mientras se lee, para pensarla, contemplarla y meditarla es “viva”, te habla a vos y a mí en este momento de nuestra vida; te habla a vos que estás trabajando; en una empresa o en una fabrica; a vos que trabajas en una casa; que sos madre, que sos padre, que sos hijo; te habla ahora en este momento, mientras está haciendo lo que te toca, no importa lo que estés haciendo. Y al decir que la Palabra es viva, quiere decir que es dinámica y por eso puede actuar. Con ese espíritu, con esas ganas hay que leer y escuchar la Palabra y al mismo tiempo, si es viva… es para vivos, para personas que tienen corazón, que tienen deseos de escuchar y de vivir según lo que Dios dice y enseña.

En algo del evangelio de hoy el Señor nos sigue hablando por medio de parábolas, sigue enseñándonos a través de parábolas qué es el Reino de Dios; el Reino de Dios que ya está entre nosotros porque Jesús es quien lo ha traído con su presencia; con su presencia física y hoy con su presencia mística en la Iglesia, en la Eucaristía, en cada uno de nosotros que vivimos la fe, en cada pobre…; el Reino de Dios está presente ahí, ahora.

El Reino de Dios no es únicamente la Iglesia,  no lo identifiques únicamente con la Iglesia; la sobrepasa, porque el Reino de Dios es la relación de amor entre Dios Padre y nosotros, y se hace presente especialmente cuando le decimos que SÍ a Dios; cuando aceptamos la voluntad de Dios y se realiza acá en la tierra —como decimos al rezar el Padre Nuestro—, por eso el Reino de Dios es más grande que la Iglesia, aunque por supuesto la Iglesia en cada uno de nosotros está llamada a vivirlo especialmente.

El Reino de Dios —dice hoy Jesús— es un grano de mostaza, es chiquitito, empieza chiquitito como cualquier comienzo; todo crece lentamente, es la más pequeña de las semillas casi insignificante…

Y así empieza el Reino de Dios en tu vida, así empezó cuando te bautizaron, cuando recibiste la fe, cuando te convertiste, cuando de a poquito recibiste las enseñanzas de las cosas de Dios; empezó de a poquito y hoy ha crecido en tu corazón pero quiere crecer todavía mucho más.

Hoy el Reino de Dios en tu vida también comienza como un grano de mostaza, tratá de que se extienda como las ramas de este arbusto, tratá de que hoy en tu vida, en tu trabajo, en tu familia, con tus padres, con tus hermanos, con tus hijos; a través de ese SÍ que le des a Dios y logrando que se haga su voluntad, te conviertas en una posibilidad para otros, para que los demás se cobijen, que tengan un lugar donde estar, el Reino de Dios abre las puertas y el corazón a todos.

El Reino de Dios también es levadura —dice Jesús—, no se ve pero se mezcla con harina y logra formar una masa; el Reino de Dios está en medio del mundo, vos estás en medio del mundo; ahora estás viajando y estás por ir a tu trabajo, estás estudiando o estás descansando, pero estás en el medio del mundo y tenés que hacer “fermentar” la masa, tenés que darle forma a la masa de este mundo que sin levadura, sin el Reino de Dios, sin ese SÍ que le demos a Dios; no tiene sentido, es aburrido.

Por eso preguntate hoy, de qué manera podés ayudar a que esta “masa” del mundo que a veces vive como sin Dios, y a veces también en tu vida por ahí estás viviendo como sin Dios —como si Dios no existiera—; en qué manera podemos ayudar, podemos colaborar, preguntate si esa masa puede hoy fermentar y así poder vivir el Reino en tu día a día.

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