Mt 13, 36-43 – 1 de agosto – XVII Martes durante el año

 

 

Dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

¡El que tenga oídos, que oiga!»

Palabra del Señor

Comentario

Es interesante ir aprendiendo lo que la palabra de Dios dice sobre sí misma, que en definitiva, en cierta manera, es lo que Dios dice sobre sí mismo. Si Dios es el que habla por medio de su palabra escrita, entonces quiere decir que Dios nos habla de sí mismo a nosotros y también nos habla de nosotros a nosotros. Pero entonces, quiere decir, y en esto quiero que prestes atención, que la palabra escrita, es solo un medio, un instrumento por el cual Dios nos dice cómo es Él y cómo somos nosotros.

Te sintetizo esto que quiero decirte. Una cosa es hablar de la palabra de Dios escrita, y por eso podríamos llamarla mejor… sagrada escritura, y otra cosa es hablar de la Palabra de Dios con mayúscula, que para tu sorpresa y la mía, es mucho “más que la Biblia”, porque la Palabra de Dios con mayúscula es Jesús. ¿Entendés? Jesús es la Palabra de Dios Padre para todos. Es todo lo que Dios nos quiso y quiere decir. Y Jesús habla más allá de la Biblia, aunque la Biblia es su lugar privilegiado, es el mejor de todos. Por eso, cuando te estoy diciendo, desde ayer, que aprendamos qué nos dice la palabra de Dios sobre sí misma, me refiero a la sagrada escritura, qué nos dice la escritura sobre lo que es y hace en nuestra vida. ¿Se entiende? Espero que sí.

¿Qué decíamos ayer? La carta a los hebreos dice: “La Palabra de Dios es viva y eficaz y que es más cortante que cualquier espada de doble filo”.

La palabra de Dios es viva, pero también es eficaz, o también podríamos decir que es eficaz porque es viva, solo lo que está vivo puede dar vida. La palabra de Dios escrita es eficaz, quiere decir que dice lo que hace y hace lo que dice. No se comporta como muchas veces lo hacemos nosotros, que no vivimos lo que decimos. Es eficaz en nuestra vida cuando la escuchamos con constancia, siempre termina dando fruto y produciendo en nosotros lo que nos va diciendo. Es lindo saber eso. Es lindo creer en esto. Ya perdí la cuenta de cuánta gente me dice que gracias a escuchar la palabra de Dios todos los días, su vida se transformó, pero en serio. Si todavía no crees que sea eficaz, es porque todavía no la pudiste escuchar con corazón abierto y dispuesto. No te rindas. No te canses. Todos estamos en la lucha, todos estamos en ese camino. Tenemos que volver a empezar siempre.

Algo del evangelio de hoy nos enseña algo muy lindo. El interés de los discípulos por saber más, por comprender, no se “la creyeron que habían comprendido”  ¿Te acordás que el mismo Jesús dice que la mayor dificultad por la cual la palabra de Dios no da fruto en nuestra vida es por la falta de comprensión o sea por la ignorancia? Somos ignorantes en las “cosas de Dios” y por lo tanto en sus palabras. ¿Lo sabías? A veces nos convencemos de que las parábolas de Jesús son una especie de lindos “cuentitos” para chicos y creemos que las comprendemos fácilmente, pero la mayoría de las veces nuestra comprensión es superficial, se queda arriba nomás, sin tocar fondo, y si no toca fondo, si no toca el corazón, no echa raíz, no termina de ser eficaz. Señor: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.» Qué lindo poder decir  eso hoy a Jesús. “Explicanos algo más de lo que creemos que ya sabemos. Ayudanos a comprender que en realidad no comprendemos nada. Ayudanos a no darnos el lujo de decir que “ya está”, ya no necesitamos explicaciones, ya no necesitamos hacernos más preguntas” Dichoso aquel que pregunta siempre porque siempre se da cuenta de que jamás puede saberlo todo. Dichoso aquel que al escuchar la palabra de Dios de cada día le dice a Jesús, con humildad y con sencillez,… “Jesús, ¿me explicás mejor lo que dijiste? ¿Me explicás lo mismo pero bajado a mi tierra-corazón, a mi pobre comprensión, me lo explicás para que pueda vivirlo en mi vida?” Dichoso el que cada día se toma el trabajo de escuchar a Jesús y pedirle que sea el mismo Jesús el que le explique y no solo el sacerdote de turno. Dichoso el que no considera a la palabra de Dios algo más en su vida ni la compara con cualquier escrito, sino aquel que toma conciencia de que es “viva y eficaz”, que da vida y cambia la vida y de golpe se va dando cuenta que no hay palabras más lindas que las que salen de la boca de Dios. Dichoso aquel que dedica más tiempo en su día para escuchar a Dios y no tanto  en escuchar palabras de la televisión, de las novelas, de las “malas-noticias”, de los chismes, de las calumnias, de los juicios apresurados, de los que se las “saben todas” y se creen los mesías de un mundo que solo lo salva Jesús.

Hoy seamos dichosos oyentes de las palabras de Dios, hoy seamos humildes “preguntones” y démonos el lujo de preguntarle a Jesús todo lo que necesitamos. Hoy reconozcamos nuestra ignorancia y volvamos a escuchar o leer la palabra para descubrir algo nuevo, algo que no sabíamos.

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